Juan Pablo Russo
22/05/2017 15:52

Luego de ganar la Competencia Argentina del 31 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata con El aprendíz (2016), Tomás de Leone estrena el documental La muerte no duele (2016), un retrato personal y sociopolítico sobre la figura de Rodolfo Ortega Peña, escritor, abogado y diputado que se convirtió en la primera víctima de la Triple A, asesinado en pleno centro porteño en julio de 1974. "Hay muchos documentales que me pueden interesar por su signo ideológico, pero después me resultan aburridos o simplemente no cuentan una historia con todos los condimentos", comenta en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

La muerte no duele

(2016)

¿Qué te llevó a realizar un documental sobre Ortega Peña?
Crecí en una casa donde se hablaba mucho de politica y de historia argentina. En las sobremesas era un tema habitual, de muy chico ya. Para mí era natural oír nombres como Perón, Vandor, Videla. Mi viejo tenía una línea bastante progresista, pero no estaba encolumnado.

A medida que fui creciendo seguí leyendo y es un tema que siempre me apasionó. Por eso cuando de casualidad oí el nombre de Ortega Peña por primera vez, me interesé. Leí un poco, me asombró la producción que tuvo (libros de revisionismo histórico, abogado de presos políticos, funadador de una revista masiva en los 70). Y ahí me di cuenta que si yo no lo conocía, aunque andaba en el tema, seguro había mucha gente que tampoco lo había oído nombrar. Ese fue el disparador para hacer el documental.

¿Te sedujo algo especial de su persona o lo viste como el personaje ideal para hablar de una época?
En el caso de Ortega Peña eso es indisoluble. Contexto y sujeto están interrelacionados al extremo. Rodolfo participó activamente de los hechos políticos más importantes de la historia argentina desde el 55 hasta 1974, año en que lo mataron. Hablar de él es hablar de su tiempo.

Me da la sensación que te corrés del clásico documental militante para construir un retrato de la persona más allá de su militancia, ¿lo planteaste de esa forma?
Sí, totalmente. Fue algo buscado. Hay muchos documentales que me pueden interesar por su signo ideológico, pero después me resultan aburridos o simplemente no cuentan una historia con todos los condimentos. Yo tengo intereses políticos, pero tengo también preocupaciones estéticas y cinematográficas. Esto es una película; alguien se va a detener a verla y tiene que seguirla, interesarse, intrigarse. Sino hay nada de eso, la cosa no funciona. A mi me interesa, ante todo, hacer una película. Construir un relato atractivo, fuerte, emotivo y, con un poco de suerte, que tenga dos o tres ocasiones de belleza. Eso es mío y está presente ante todo.

¿Ves en esa época y ese contexto algo que se asemeja con la actualidad?
La mirada que yo tengo sobre estos hechos es una mirada desde mi tiempo. No solamente creo que hay semejanzas y puntos de encuentro, sino que creo que detenerme en esos años es fundamentalmente pensar el presente. Es decir, yo necesito trabajar con estos materiales que permiten por la distancia temporal, generar una perspectiva y concluir ideas sobre nuestra actualidad. Tiene un funcionamiento parecido al de una metáfora: si lo decís de modo muy obvio el efecto poético desaparece.

¿Pensás que el documental recupera la figura de un hombre que no ocupa el lugar que la historia le debe?
Esto es totalmente subjetivo. En mi fuero interno creo que Rodolfo podría estar con Conti, con Urondo, con Walsh por muchos motivos. Pero esencialmente por esta idea de personas muy involucradas en la realidad política, con muchas preocupaciones intelectuales y siempre ubicados en lugares incómodos.

Me llamó la atención el uso de la música en gran parte del metraje, ¿qué te llevó a esa elección estética?
Es un recurso más. Puede estar o no estar. En este caso sentía que sí. Intenté que fuese una capa de textura más que funcionase con el material de archivo y que al mismo tiempo produjese silencios significativos cuando no estaba. Me gusta mucho conducir al espectador, acompañar el tono de policial que tiene el documental.

Sos uno de los pocos directores que debuta con una ficción y un documental a la vez. ¿Te interesa trabajar en ambos géneros? ¿Qué te da uno que el otro no?
Me gustan los dos géneros. Al principio pensaba que sólo iba a filmar y escribir ficciones. Ahora un poco lo contrario. El documental aparece todo el tiempo, los testimonios me encantan. Disfruto mucho los largos meses de trabajar en la isla de edición con mucha libertad y creatividad.

La ficción no tiene eso, tiene otros encantos y otras dificultades. Después de filmar El aprendíz terminé agotado, no sabía si iba a tener cuerda para hacer otra película así. Pero después a la película le va bien, es valorada y eso te da pilas para seguir.

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