Juan Pablo Russo
16/05/2017 18:07

La directora Julia Solomonoff (Hermanas, El último verano de la Boyita) regresa al cine con Nadie nos mira (2017), donde retrata las penurias de Nico (extraordinario Guillermo Pfening premiado en Tribeca)), un actor argentino que busca triunfar en la ciudad de Nueva York. Rodado en su mayor parte en la Gran Manzana, con un equipo reducido, Nadie nos mira aborda temas en torno a la identidad, la inmigración y el desarraigo en la era Trump.

Nadie nos mira

(2017)

La película toma otra connotación sobre la migración después del triunfo de Trump. Si bien la filmaste antes, ¿pensabas que algo así podía suceder?
La película tendría que haber estado terminada antes pero por diferentes motivos se atrasó y en ese sentido salió ganando. Hoy la película es vista de otra manera y me gusta que eso pase, que la lectura sea otra, que adquiera un sentido y un valor que hace un año no hubiera tenido. Los migrantes hoy viven con miedo en EEUU.

¿Se puede decir que lo que le pasa a Nico es en un punto autobiográfico a lo que te sucedió a vos cuando te fuiste a vivir a Nueva York?
Tiene mucho de autobiografía pero no todo lo que le pasa a Nico es lo que me pasó a mí. Hay situaciones a las que yo también tuve que enfrentarme o que presencié. También hay mucho de gente que conocí, de amigos que pasaron por situaciones parecidas. Hay gente que prefiere vivir en la miseria por miedo a volver al país como fracasada. Mi realidad hoy es diferente a la de Nico, tengo un marido, tres hijos, soy profesora en la universidad, pero también es cierto que el principio fue difícil. Con muchas inseguridades y dilemas.

Llama la atención la forma en que decidís parar frente a la ciudad, poniéndola como protagonista de la historia pero alejándote de como el cine la muestra habitualmente. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión estética?
Quería que Nueva York fuera la protagonista pero no quería mostrarla como una postal o un cuadro sino desde la realidad. La película está contada desde adentro no desde lo turístico. Busqué contar la historia desde la ciudad que vive el personaje, la que recorre en su bicicleta a diario, la Nueva York diaria que se vive en el día a día. Esa es la Nueva York que recorro yo a diario.

El “nadie nos mira” está asociado en primera instancia a lo que le pasa a él como actor famoso en Argentina y desconocido en EEUU pero a medida que la trama avanza hay otras "no miradas" como la del marido del personaje de Elena Roger o la de las cámaras de seguridad.
Totalmente. A Nico en Nueva York no lo ven ni las cámaras de seguridad. Ese "nadie me mira", es algo que tienen ellos como sociedad, incluso entre ellos mismos. Eso traté de mostrarlo en el personaje de Elena Roger, como va cambiando para adaptarse al marido que tiene, a la sociedad. Empieza como muy cercana a Nico y al final hay un abismo entre ellos, no por parte de él sino que la que cambió fue ella.

¿En EEUU es más notorio ese "nadie me mira" que acá?
Para que te des una idea a Guillermo Pfening le pasó que estando en un subte, que se quedó mirando a una mujer con un bebé y ella lo increpó con un "¿qué estás mirando?". Mirar es querer buscar pelea, hay una especia de acuerdo tácito que no se mira a nadie, es algo raro sobre todo para nuestra idiosincrasia de mirones, de personas cariñosas, toquetonas en el buen sentido.

¿Hay una crítica al ego de los actores que necesitan de las apariencias para tener seguridad?
Creo que lo actores dependen mucho de la mirada del otro y eso me ayudaba a pensar al personaje. Nico es impune en una ciudad en donde no lo conoce nadie, tiene libertad en ese anonimato. La película sigue dos líneas de acción que son contradictorias: por un lado el personaje es más libre, puede desenvolverse de una forma que en Buenos Aires no podría, y por el otro está más solo, aislado, se siente totalmente anónimo y necesita la mirada de los otros, ser reconocido, que alguien se fije en él.

¿Te planteaste una mirada sobre la inmigración diferente a la que tienen algunos directores latinos como Alejandro González Iñárritu?
No quise hacer una película sobre la miseria. No me interesaba mostrar lo que hacen muchos de regodearse en la miseria de familias pobres, que les va mal en su país, se van a vivir a EEUU y deben atravesar un montón de situaciones complicadas. Yo quería mostrar la inmigración pero no desde el clisé sino desde la mirada de un actor al que le va bien en su país, que se viene a trabajar a Nueva York y que le va mal. Que debe hacer un montón de cosas para sobrevivir que en su país no haría porque su situación sería otra, pero que sin embargo las hace para no regresar como un fracasado.

¿Cómo es tu relación con el cine argentino viviendo allá?
Trato de ver todo lo que sale de directores que me interesan, no solo argentino sino también de Latinoamérica. Me parece que tanto el cine colombiano y como el chileno crecieron un montón, se empezaron a correr de ciertos lugares comunes y eso hace que hoy sean cinematografías reconocidas. Pero eso no ocurrió solo sino porque hubo un acompañamiento para que eso se produjera. Brasil también tiene un cine interesante y diverso pero el contexto político actual lo vuelve endeble, con un futuro incierto. Pero Argentina está muy por encima de todo.

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