Rolando Gallego
05/04/2017 17:47

Tras su paso por Neruda (2016), del chileno Pablo Larraín, Mercedes Morán vuelve al cine en una película comprometida y polémica, Maracaibo (2017) de Miguel Ángel Rocca. En ella interpreta a Cristina, una oculista a la que una tragedia en su familia transforma su vida de un momento para el otro.  “Esta profesión me da la posibilidad maravillosa de bucear en universos desconocidos que a veces dan miedo y siempre terminan siendo experiencias reveladoras”, afirma en una charla exclusiva EscribiendoCine.

Maracaibo

(2017)

¿Cómo fue preparar tu personaje desde un lugar más alejado del protagónico?
Acá el protagonista definitivamente es Jorge Marrale y lo que me gustó del guion fue el tema. Asomarme como actriz a esa escena tan temida que tenemos los padres de perder un hijo. Esta profesión me da la posibilidad maravillosa de bucear en universos desconocidos que a veces dan miedo y siempre terminan siendo experiencias reveladoras, y hacerlo al lado de un actor como Jorge, que además de ser un actor fantástico es una persona con tanta humanidad y sensible es lo que me hizo embarcar en este proyecto. También porque la propuesta está construida desde los vínculos, y eso es muy agradecido, porque creo que construir los vínculos que es el sostén de todo, y acá era interesante construir la familia, con el padre distante y esa madre que intenta acortar esa distancia entre el padre y el hijo, porque con la maternidad pasa eso, que uno siempre acorta la distancia. Como vínculos trabajamos para ver cómo era ese matrimonio, su funcionalidad, en charlas previas con el guion en la mano descubrimos cosas y definimos la personalidad de esta mujer, cual era rol en el triángulo familiar, la relación con el hijo, los secretos, las cosas no dichas, ver cómo se administraban y luego ver a partir del hecho trágico, en la que estaba cierta funcionalidad, y se manifiesta todo, ver cómo afecta a la familia, porque ellos tenían una relación con sexo, con deseo, con amor, y ver cómo se interviene, se administran las culpas y cómo la bomba les explota y rompe todo.

Cristina es oculista y además funciona como testigo de todo, ¿ayudó eso para componerla?
Claro, ella ve más. Más allá que ella no tenía más datos que él, son cosas que él no quería ver, por eso la paradoja que sea oculista. A Cristina la trabajé desde el lugar de la componedora, un lugar tan desagradecido para las madres y luego cómo ellos intentarán recomponer todo, porque no había lugar para que estén distanciados más que el dolor.

Hay una escena clave y dura que es cuando intentan tener sexo en la cocina, porque se siguen deseando…
Todas las cosas que ya estaban antes, que no les impedía funcionar, a partir del hecho trágico se ponen en evidencia y se crean unas distancias enormes para ver quién es el otro, en esa escena están vacíos de cualquier tipo de afecto, ella encuentra distintas maneras de castigarse, autocastigarse y castigar al otro, necesita acusar, como dice Jorge es sobre lo no dicho, en la historia y el guion, porque tiene que ver con la escena y cómo se comportan. Creo que es una película dura pero que al mismo tiempo abre una luz, principalmente sobre la paternidad, creemos los padres que hay una eternidad en las relaciones, pero cuando yo vi la película lo primero que sentí era las ganas de hablar con mis hijas, porque creemos que tenemos toda la vida adelante. Salimos del cine sabiendo que no tenemos nada garantizado, y uno deja pasar las cosas, las más pequeñas, saber qué música escucha el otro, qué está leyendo, que no hace a la tabla de educación, pero sí a la educación sentimental. También para mí Maracaibo habla de lo errado, de la paternidad entendida como obedecer el mandato paterno, empieza con la escena de cacería, casi un rito masculino en donde el padre aún desagradado por lo que hace lo hace, y también el espejo, en el que el asesino del hijo cumple un mandato de un padre, por eso creo que nuestro hijo también se revela en la escena del robo al padre. Tiene que ver con esto y con esa masculinidad mal entendida.

En el vínculo entre tu personaje y el de Jorge, como matrimonio, hay mucha verdad en el vínculo, ¿cómo aparecieron esas cosas? ¿Fue por la química y por haber trabajado antes juntos?
Fue una suma de cosas, con Jorge trabajé anteriormente, pero a veces puede pasar con alguien que no conocés, me pasó con Luis Gnecco en Neruda (2016), no lo conocía y llegué a Chile y fuimos Delia y Pablo, hubo confianza y adaptación, y con Jorge hay de eso, trabajamos juntos, tenemos un vínculo y el guion ayudó mucho.

¿Del guion te atrajo su verdad? ¿Qué te pasó cuando viste la película completa?
Estoy contenta con la película, y pasa con todas sus partes, porque uno rueda las escenas y todo se determina después en la sala de edición, qué se corta, hasta dónde quedaba una escena, algo coherente con lo que yo escuchaba que iba a ser la película. Creo que en el cine argentino hay diversidad, y cuando hay una crisis se hace sólo un tipo de películas. Yo veo que hay diversidad, cine de género, policial, hay una industria, amo lo que hago, amo este trabajo, mi profesión, adoro el cine porque sé cómo valoran el cine de afuera y esta película creo que alimenta con su propuesta A la industria con la mejor comida, con todos los riesgos, por eso me gusta estar en este tipo de viajes.

Ahora seguís el año rodando con Ana Katz
Sí, terminé la ópera prima de María Alché, me gusta mucho cuando los directores me llaman para sus óperas primas, porque siempre asisto a algo muy interesante e irrepetible, y en algunas veces, como en este caso, fui testigo de una directora que va a ser muy grande, para mi va a dar mucho que hablar, me enamoré mucho de ese proyecto y lo terminé hace muy poco tiempo, y ahora me voy a Brasil con Ana a ahcer una comedia con Gustavo Garzón, una película bien katziana, de una familia que se va en los noventa a Brasil.

Volves al teatro además…
Hago ocho funciones de mi unipersonal en junio/julio en el Maipo y después empiezo a rodar la nueva película de Luis Ortega El Ángel que me tiene muy entusiasmada, porque admiro mucho a Luis como director, nos queremos mucho, me acercó el guion y me encantó.

¿Por qué la gente tiene que acercarse a Maracaibo?
Porque tanto el director como el productor han hecho un acto de fe estimando la capacidad del espectador argentino no como sólo un espectador pochoclero, quiero que se profundice en eso, estamos en el mundo bien catalogados como espectadores de teatro, quisiera que pase con el cine, que nos hagan madurar como espectadores de nuestro cine más allá de las propuestas que prometen diversión y tenemos que evolucionar para ver cosas que nos hagan reflexionar también.

Fotos: Mercedes Bevilacqua

Comentarios