Rolando Gallego
03/04/2017 12:54

La tercera película del director Miguel Ángel Rocca Maracaibo (Arizona sur, La mala verdad), Maracaibo (2017), protagonizada por Jorge Marrale, Mercedes Morán, Matías Mayer, Nicolás Francella, Luis Machín y Alejandro Paker, es un doloroso viaje al seno de una familia en la que la tragedia golpea imprevistamente. Tras ese embate, el protagonista, Gustavo, se cuestiona la relación con su mujer, su hijo y con todas aquellas convicciones de las cuales ninguna ha quedado en pie.  Durante 13 Pantalla Pinamar, EscribiendoCine pudo dialogar con el director para conocer más del proceso de armado y rodaje del doloroso y profundo film. “Uso siempre una frase de Alejandro Dolina que es “el que sabe dónde va nunca se pierde”, y el guion es para eso, saber dónde ir tiene que ver mucho con los personajes, ellos conducen la acción”, afirma en exclusiva.

Maracaibo

(2017)

Tus películas trabajan con temas de urgencia no recurrentes en el cine argentino, ¿cómo surgen las ideas para pensarlas?
A veces uno hace el trabajo al revés, cuando hacés la películas haces el recorrido de introspección, además yo trabajo como productor, tengo 25 películas hechas y ahí me hago otras preguntas, como director no. Para mí la dirección es algo personal, me han ofrecido hacer cosas que no eran para mí tan personales y les dije que no.

Esa negativa también proviene de tu rol como productor, de tu posibilidad de armar proyectos para otros ¿verdad?
Sí, pero he dicho que no a películas que he producido, por eso para mí la dirección es una cuestión autoral que quería dirigir cuando era algo más personal.

¿Es más difícil dirigir conociendo tantos detalles del negocio?
Quizás tenés más conciencia de lo que puede o va a pasar, igual uno está más preparado y te da ese conocimiento las herramientas para protegerte, de evitar el sueño americano o el mito, eso me da la experiencia de la producción, el disfrute pasa por otro lado, contar una historia y saber que al producir y tener una productora es tal vez más sencillo.

Podrías ir por otros lados más seguros…
Intenté correrme de ciertos estereotipos, y acá más, cuando me decían "a Nicolás Francella lo vas a poner como un chorro, no lo puede hacer," sí, lo puede hacer, y "Luis Machín va a encañonar a alguien", sí, y también no los ubiqué en una Villa, eso lo busqué.

Hay una escena inicial muy cinéfila relacionada con Philip Seymour Hoffman, ¿cómo apareció?
Eso estaba al principio, lo pensamos con Maximiliano González, y surgió aún cuando Philip Seymour Hoffman estaba vivo. Después quedó como un guiño y fue sin haberlo pensado.

Y también hay algo de verdad en los diálogos del matrimonio muy interesante…
Como director busqué eso, es algo que yo espero, que la gente la pueda sentir. "La podemos pensar  a la película", sí, pero quiero primero que la sientas, la música está para invocar cierta emotividad en el hecho ficcional, que nos permita transitar un hecho de tragedia y pérdida sin vivirlo, de chicos jugamos a morirnos, y el cine permite recorrer nuevamente eso, recorrer el fallido, somos seres fallidos, y en la película el fallido surge en la superficie tras la tragedia.

Maracaibo habla de elecciones, cómo lograste dilucidar esto y bajarlo a un guion?
Versiones hubo muchas, creo mucho en el guion, y en el guion como un proceso creativo, y el guion se ha llegado a reescribir en el rodaje. Disfruto muchísimo de la escritura, y en nuestro cine además, el rodaje, es cada día como una final. Creo en el guion como una guía, sólida, uso siempre una frase de Alejandro Dolina que es “el que sabe dónde va nunca se pierde”, y el guion es para eso, saber dónde ir tiene que ver mucho con los personajes, ellos conducen la acción. El guion tuvo muchas reescrituras y cuando sé que tengo uno presentable, y cinco o seis meses antes de rodar lo reescribo, porque sé que ahí sumo cosas como actores, técnicos, entra todo, los ensayos, hago mucho ensayo, no acá las escenas importantes, sino los vínculos.

La música acompaña en el film a los personajes, algo no muy frecuente en el cine argentino, ¿cómo fue trabajar este punto?
Es algo muy azaroso, porque primero la música es un elemento de ficción y la incorporo al lenguaje porque me gusta construir ficcionalmente, el cine es una construcción ficcional, Facundo (Matías Mayer) muere y para el espectador si está bien se lo cree, para mí eso es lo extraordinario del cine, hacerte sentir verdad, el verosímil puede funcionar desde cosas que ni de casualidad son verdad, el cine desde su construcción de un universo simbólico construye verdad, para mí la ficción incorpora elementos, que sin ser verdad, porque en la vida no hay música, se lo haga naturalmente.

Acá pasa eso, y más que es una película que duele, desde todo lugar, como la escena en la que el matrimonio quiere encontrarse desde el sexo ¿fue difícil rodar eso?
Fijate que además lo quise contar el paso del sitcom, de querer ver una película con subtítulos chinos hasta la cocina, el paso del personaje lo quise hacer sin continuidad. Esa escena no fue ensayada, hablamos con Mercedes Morán y Jorge Marrale, si bien fui asistente de Eliseo Subiela muchos años, hice teatro, por recomendación de Fernando Spiner, sabiendo que no iba actuar, quise sentir en el cuerpo la experiencia, y esta era mi tercera película, esa conexión con los actores es tratar de descubrir cómo hacerlo. Jorge es una persona con muchos recursos emocionales pero también tiene mucha cabeza, necesitaba que hablemos mucho, y eso no disminuía su trabajo en la escena, al contrario, tal vez hay otros actores que no lo necesitan porque tal vez se bloquean.

Y también pasa que hay otros con menos experiencia que necesitan mucho más hablar…
Con Nicolás Francella la estrategia fue otra, en las escenas de esos encuentros, filmadas de otra manera, en términos de composición, porque hay escenas con planos únicos, probé distintas cosas, hay algo, como una anécdota, que son las nuevas tecnologías, la escena de la celda se filmó en tres días y uno de ellos generé el mismo material que en mi primera película, eso es increíble.

¿El elenco fue el que imaginaste?
Sí, pensé en Jorge y Jorge estuvo, pensé en Mercedes y Mercedes estuvo, después apareció Nicolas, lo conocía, estudió teatro con mi hija, me parecía una movida interesante, a Alejandro Paker ya lo conocía y a Luis Machín lo llamé porque sabía que iba a ser contundente. Está Antonella Costa que es amiga, y además Matías Mayer que para mí fue un hallazgo, con una gran expresividad.

¿Cuáles son tus expectativas ante el estreno del film?
Uno puede tener expectativas como director y comerciales, como productores estamos haciendo todo lo posible para que la película llegue a la mayor cantidad de gente que pueda llegar, pusimos el tráiler en Facebook, por ejemplo y llegó en horas a 650 mil visitas, es una cuestión de principios, aunque sea una cuestión paradojal. Nosotros hicimos Caídos del mapa (2013), que metió 100 personas pero perdimos plata, hay veces que hasta conviene hacer algo chiquito y no estrenarlo y quedarte con un manguito, por eso es paradojal, pero nosotros no hacemos eso.

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