Matías E. González
01/04/2017 13:12

Un bar ubicado en la calle Fitz Roy fue el lugar de encuentro pautado para dialogar, café de por medio, con el actor Mariano Bertolini, acerca de su personaje en la nueva película sobre Malvinas titulada Soldado argentino, sólo conocido por Dios (2016). EscribiendoCine conversó con el actor sobre este film dirigido por Rodrigo Fernández Engler, el cual si bien presenta escenas bélicas, se centra en la cuestión de la reinserción de los veteranos de guerra a la sociedad al retornar al país.  “Los combatientes de Malvinas no son gente que vive aislada en un monte, están acá entre nosotros y son personas. Nos tomamos los colectivos-trenes-subtes con ellos. Dejémonos de hacernos los que no miramos y vemos para otro costado. ¡Hagámonos cargo!”, cuestionó el protagonista del film.

Soldado argentino, sólo conocido por Dios

(2016)

UN TIEMPO ATRÁS

Mariano Bertolini ya había tenido contacto con esta temática en cine cuando a sus veinte años de edad actuó en El visitante (1999), dirigida por Javier Olivera y protagonizada por Julio Chávez, centrada en el período de Post Guerra. Dicha experiencia cinematográfica le sirvió para “vivir desde adentro la atmósfera y tener el conocimiento histórico, no solo de fechas sino también humano”. Bertolini consideró que sus trabajos previos, tanto en el ámbito artístico como en la vida misma, le sirvieron para “poder encarar este proyecto con tanto peso histórico y psicológico”.

El reto más grande para Mariano no estuvo en el rol protagónico del film, sino que apareció en la construcción de tres personajes dentro de uno mismo. Es decir, su papel de Juan Soria vivía tres etapas diferentes marcadas por contextos que impactaron en sus modos de comportamiento y psicología.

“Para mí hubo un primer Juan Soria que era el previo a la Guerra, que tenía sueños, una gran sensibilidad artística a pleno desarrollar; el segundo, que fue al que le tocó atravesar el transcurso bélico; y el tercero, que fue el más complejo porque acarreaba toda la historia del primero y del segundo, con el agregado de una elipsis que tiene que ver con el paso del tiempo y el trauma de post-guerra”, describió el actor.

LA LLEGADA DEL PERSONAJE

El director Rodrigo Fernández Engler envió desde Córdoba el guión a Bertolini y posteriormente tuvieron un encuentro en Buenos Aires, donde el cineasta descubrió que el actor se asemejaba físicamente al “tercer” Juan Soria “con barba y con el pelo largo”. Si bien Mariano quería ese personaje porque “era el desafío mayor a nivel dramático y actoral”, Rodrigo se negó por su edad. De todos modos continuaron dialogando durante años hasta concretar la película y Mariano ayudó desde Buenos Aires a encontrar los otros personajes. Hasta ese momento, Bertolini hacía del soldado Ramón Molina, interpretado finalmente por Sergio Surraco, y Juan Soria iba a ser un actor más joven, el cual luego no pudo integrar el proyecto.

“Le pedí a Rodrigo otra oportunidad. Porque tengo esta particularidad que si bien soy así (con barba y pelo largo), tengo cara y alma de nene. Es más, todo el mundo me dice 'Marianito', tengo ese physique du role”, relató. “Le dije que le podía dar mucho más joven. Por eso me afeité, me pinté un poco el pelo con rímel y lo fui a ver. Me vio sin canas y afeitado. Cuando abrió la puerta, me miró y dijo: 'Él es Juan Soria'”, recordó aquel día cuando quedó seleccionado para el papel.

El único rol de ficción en la película es el del soldado Juan Soria, quien funciona como un hilo conductor en la historia, ya que todo lo que tiene que ver con lo bélico y lo del planteo de Soldado argentino, sólo conocido por Dios es real. Si bien Mariano estuvo en contacto con ex combatientes que le brindaron sus testimonios y acató las órdenes de dirección para la construcción de su personaje, estos elementos fueron complementarios a su manera personal de trabajo.

“Más allá de tratar de imitar, de ir afuera, de investigar, traté de buscar en mí todas las cosas que me unificaban y me eran comunes en esas situaciones”, explicó. “Yo no estoy pensando en que tengo que hacer de un chico que fue a la guerra, sino que estoy viviendo lo que le pasa al personaje, y después hay como una espiral que va alrededor, que construye ese contexto, que tiene que ver con lo histórico y eso es lo que hace creíble la historia”, argumentó el actor.

ANTES DE LA GUERRA

En esta primera etapa, Bertolini compuso a un joven artista, oriundo de Córdoba, feliz con la compañía de sus padres y de su novia Ana Molina (Florencia Torrente). Para construirlo, Mariano rememoró en elementos de su propia vida. “Busqué cosas que tenían que ver con todos mis anhelos, mis sueños y lo que yo lucho en mi vida. Le pasé toda mi pasión, mi sensibilidad y lo relacionado con el arte”, contó a EscribiendoCine. Esta etapa si bien es la primera que aparece en el film, fue la última en rodarse por lo que tuvo que teñirse el pelo y afeitarse para lograr el aspecto juvenil.

JUAN SORIA VA A LA GUERRA

Bertolini volvió a reflexionar sobre sus propias experiencias. “Construí desde cosas que siento que me pasan por encima porque Juan estaba padeciendo lo que le pasaba, tenía que mantener una situación de estar guardando y comiéndose todo lo que vivía pero a la vez se lo planteaba en su interior”, explicó.

Para las escenas bélicas, el director decidió que los actores vivieran un entrenamiento militar, como si estuviesen haciendo la colimba ya que esa preparación serviría para consolidar los movimientos y las acciones técnicas que se plasmarían en pantalla. Durante una semana, el reparto se levantaba a las 5/6 de la mañana a los gritos de sus autoridades, tenían un minuto para lavarse la cara, los dientes y volver a formar, luego entrenaban, se bañaban y desfilaban. Los actores dormían en cuarteles y comían los alimentos que les proveían sus superiores. Además recibían preparación estratégica, conocimientos básicos militares e instrucción en armas, todo bajo la rigurosidad que tiene el Ejército por su orden cerrado.

“Los primeros días fueron duros porque pensamos que iba a haber más o menos una conciencia del otro lado, porque somos actores y estamos haciendo una película… pero no sucedió”, mencionó entre risas. “Un día me rasqué la barba formando y me preguntaron qué hacía rascándome, respondí que me picaba y nos ordenaron '25 mil flexiones' a todos. Eso nos puso a prueba como grupo”, recordó.

Si bien la película es una superproducción y contó con el apoyo de la Armada, el Ejército y las Fuerzas Navales, fue complicada de rodar ya que habían lugares a los que no se podía accederse fácilmente y tenían que transportarse en tanques anfibios o hacer traslados de muchas horas tanto para la ida como para la vuelta, además de filmar en lugares y condiciones extremas. “Requería de una predisposición desde el punto de vista artístico y humano para bancarse todas esas situaciones”, sintetizó.

POST GUERRA

Esta etapa significó el desafío actoral más grande para Mariano dentro de la película. Para ello dialogó con uno de los primeros equipos psicológicos para ayudar a los soldados a superar las circunstancias de la guerra. Este período dentro del film presenta la difícil reinserción a la sociedad de quienes regresaron del conflicto bélico, ya que no eran aceptados y no “encajaban”, por lo que sufrían la exclusión y se recluían en su intimidad.

“Hay un montón de lugares comunes en esas mentes que se traducen en comportamientos que tienen que ver con el no poder dormir de noche, tener pesadillas del tema, escuchar ruidos, temerle a la oscuridad. Habían un montón de cosas para desarrollar sobre el aislamiento emocional”, describió el protagonista de la película.

Para crear esta etapa, tuvo que “tocar fibras muy personales que tenían que ver con el abandono, con el no poder, con los vínculos más íntimos”, con sus padres y las situaciones no resueltas con ellos. Revivió en su cabeza dichos sucesos para poder componer adecuadamente el personaje.

En esta fase Mariano estuvo acompañado sobre todo por la actriz Florencia Torrente, quien hizo su debut cinematográfico con este film. Trabajaron juntos, primero el guión, y luego a nivel vincular, formando un lazo de confianza, un amor ideal e inocente, un enlace espiritual entre sus personajes que eran “almas gemelas”.

“Hubo conexión verdadera. Generamos un microclima que costaba que entrara algo de afuera. Estoy agradecido de tener una compañera que haya abierto su corazón y su vida apara trabajar aspectos que no tenían que ver solo con el guion”, expresó el actor sobre su colega.

CINE CORDOBÉS

El logro de tres etapas en la vida de Juan Soria no solo fue posible por la actuación de Mariano y por la dirección, sino que mucho tuvo que ver el cámara Sebastián Ferrero, quien planteó una fotografía diferente para cada una de las fases del personaje interpretado por Bertolini. Tanto Ferrero como el resto del equipo técnico de la película son cordobeses, lo cual demuestra el gran nivel cinematográfico presente en la provincia.

“Era la primera vez que viajaba a Córdoba, y desgraciadamente en este país unitario que tenemos, que se desarrolla y concentra todo en la Capital Federal, hay una pérdida de vista”, argumentó. “La gente fue increíble a nivel técnico pero también a nivel humano, porque ellos están acostumbrados a hacer un cine que es entre ellos y sigue ese espíritu de comunidad que acá (en Capital Federal) no existe”, añadió.

PELÍCULAS BÉLICAS NACIONALES E INTERNACIONALES

Cuando se sumó al reparto de Soldado argentino, sólo conocido por Dios vio films del estilo de Rescatando al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) ya que son referencias a alguna circunstancia bélica. “Lo que nosotros hicimos en una semana de entrenamiento, ellos estuvieron por ahí medio año u ocho meses, pero atrás de eso hay una superproducción y una inversión increíble”, aclaró.

Las películas bélicas de Hollywood suelen estar asesoradas y hasta financiadas por el Ejército, lo cual se plasma en el gran despliegue de sus producciones y esto se debe a que el Ejército de los Estados Unidos cuenta con un Departamento de Cine. Sin embargo, la producción bélica nacional posee un gran nivel artístico y técnico que la ubican en una destacada posición.

“Esto que hicimos es un pie más delante de lo que podríamos haber hecho toda la vida en el cine bélico argentino. No podemos compararnos con el Soldado Ryan, tampoco creo que sean buenas las comparaciones porque las realidades se miden por sí mismas. Esto se tomó seriamente, si no hubiésemos contado con el apoyo del Ejército, no la hubiésemos podido hacer”, contó el actor.

Un aporte muy importante al film fue la colaboración de la Fundación Criteria, la cual confió en el proyecto y se involucró para poder terminarlo. El organismo redobló la apuesta y los actores debieron afrontar una semana extra de rodaje para generar el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los ingleses en el espacio bélico.

CRECIMIENTO

Mariano considera que tanto a nivel profesional como personal la película significó un gran crecimiento en su vida. En lo laboral apoyó la “comunión entre arte, fotografía, sonido, actores, dirección, donde integraban una gran hoya y la revolvían entre todos, logrando una creación colectiva y química que ensamblaba todos los elementos”. Además fue “una enorme experiencia como actor, desde lo interpretativo y creativo”.

“Me dejó un crecimiento enorme como persona, de cómo miro la sociedad y de qué manera me involucro en ella, de qué compromiso tengo con el que está al lado mío”, concluyó el protagonista de Soldado argentino, sólo conocido por Dios.

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