Nacho Artigas
17/03/2017 11:29

Oscuro animal (2016), ópera prima del director colombiano Felipe Guerrero, relata la historia de tres mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia, especialmente del paramilitarismo y el machismo. Dejando de lado los diálogos extensos, la propuesta artística opta por recurrir a los silencios para dar lugar a las miradas y a la expresión corporal de los actores que hilan las experiencias desgarradoras de las protagonistas. Asimismo, la intensidad y el compromiso del film le valió varios reconocimientos, entre ellos, el Premio de la Cooperación Española, entregado en el marco del Festival de San Sebastián

Oscuro animal

(2016)

¿Cómo surgió la idea de la película? ¿En qué te inspiraste? ¿Alguno de los personajes fue o es real?
La idea de la película surgió de un deseo por contar historias relacionadas con la guerra de mi país. En relación con la inspiración, creo que se trató más bien de una espiración, un sentimiento profundo y denso que necesitaba expulsar.

El conflicto armado es un lugar común al cual todos los artistas colombianos de una u otra forma debemos volver para afrontar nuestra relación con nuestro pasado presente y futuro. Obviamente tratamos de elaborar una manera propia para poder hablar del tema. Oscuro animal hace parte de una generación de cineastas que nos preocupamos por aportar una perspectiva que dibuje un mapa de la barbarie fuera del discurso beligerante.

Las historias son reales, han pasado en Colombia y seguro en muchos países con conflictos armados donde la violencia se instala y toma formas cruentas inimaginables.

Los personajes, en la mayoría del film, se expresan a través de la corporalidad y las miradas ¿A qué se debe el uso de este recurso actoral y qué dificultades comprendió dirigir a los actores teniendo en cuenta ese factor?
La idea de suprimir la palabra como vehículo textual por donde se comprenden las historias, fue dándose en el proceso de desarrollo del film. Mi objetivo fundacional fue el de cuestionarme la representación de la violencia. Cómo poder hacer una película que no subrayara lo que tantas y repetidas veces se ha dicho. De tanto preguntármelo fui anulando, abstrayendo, silenciando, dirigiéndome hacia el lugar donde los gestos son más importantes. A buscar ése lugar el actor fue apelado, al cuerpo, a su espíritu, a su respiración. A la fortaleza de su mirada, a la limpieza de sus sentimientos. El trabajo con el actor fue llegar también a su relación con su país, a escuchar cómo afrontaba él mismo la Historia, las trazas que la guerra había marcado en su cuerpo y memoria.

¿Hubo dificultades durante el rodaje debido a las locaciones y, especialmente, por la complejidad de la historia al tocar una fibra tan sensible de Colombia?
Colombia sigue siendo un país delicado, donde siguen sucediendo los desbordes de la guerra, aún hoy en tiempos de calma, donde la violencia sigue azotando por doquier dando aletazos tenebrosos. Filmar entonces requiere de mucho cuidado y medidas de seguridad. Fue nuestro caso, donde pudimos sentir esa vibración peligrosa que tienen los lugares y las gentes tocados por la violencia, y que hizo que la película tuviera el espíritu que justamente quería retratar.

¿Las diferentes marchas y toma de conciencia sobre la violencia machista impulsaron a la película? ¿Se podría considerar a Oscuro Animal como una crítica hacia la violencia, y particularmente, la violencia de género?
En ningún momento quise hacer una película centrada en violencia de género. Quise enfocarme en el lugar donde las víctimas de la guerra encuentran la fortaleza para salir adelante en un contexto de atroz crueldad. Me centré en tres historias femeninas porque hallé allí resistencia, el poderío que hace que en Colombia sigamos de pie, a medio existir.

Está claro que la película pone en relieve las atrocidades que la guerra ha impuesto en el cuerpo femenino, mostrando otra faceta de lo que ha significado más de 60 años en conflicto. Aún así, mi interés se centró en la víctima como sujeto, llegando a pensar que somos un país enfermo, una sociedad desquiciada y herida, todos y cada uno de nosotros estamos desgarrados, sumergidos entre la maleza de la barbarie. Y allí, en esta reflexión por momentos angustiosa, quise dejar claro el lugar donde habita un silencio más potente que cualquier palabra, un lugar donde podemos hacernos más fuertes para encontrar la paz que nos merecemos.

¿Cuáles son tus expectativas para el film?
Mi primera expectativa es esperar a que llegue al público el resultado lo más cristalino que se pueda de lo que fue mi intención de hacer una obra comprometida con el cine, hablando con sinceridad, pasión e inteligencia. Usar la poesía como único camino. Puse todo lo que más pude para que sentimientos profundos se volvieran ideas de imagen y sonido. Para el resto de lo que pueda venir reservo gratitud sin expectativa alguna.

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