Matías E. González
28/02/2017 12:42

EscribiendoCine dialogó con Ignacio Masllorens y Estanislao Buisel, directores de El teorema de Santiago (2016), película que documenta el regreso del director de cine Hugo Santiago a Buenos Aires en 2013 para filmar su última película El cielo del centauro (Le ciel du centaure, 2015). Es un documental que participó en el 18 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente - BAFICI, y luego de haber pasado por distintos festivales, continúa su camino en su actual estreno comercial. “Ninguno de nosotros prima su ego sobre el trabajo. Este punto de partida fue fundamental, saber que si el otro traía una idea eso tenía que ver sólo con la película y no con un afán de control o no sé qué”, sostienen los cineastas sobre la codirección.

El teorema de Santiago

(2016)

La premisa inicial de El teorema de Santiago apunta a la realización del film El cielo del centauro. dirigido por Hugo Santiago ¿qué marcó en sus vidas tanto la película como el director?
Hugo Santiago es un “héroe” para muchos cineastas. Cuando te ponés a investigar un poco la historia del cine argentino Invasión (1969) surge como una película fundamental, de esas que se intentan seguir filmando generación tras generación. Dentro de la corriente moderna es, quizás, la película más importante. Ahora bien, ninguno de nosotros dos nos inscribimos dentro de esa corriente. No eramos, cuando empezamos a filmar el rodaje de El cielo del centauro, fanáticos ciegos de Hugo.

Fue extraño que nos tocara a nostros hacer este documental. Hay muchos cineasta muy talentosos que conocían en ese momento mucho mejor la filmografía de Hugo y que ya utilizaban mucho más que nosotros las lecciones aprendidas de estudiar sus películas. Pero nos tocó a nosotros hacerlo y vivimos una experiencia muy buena. Hugo respetó nuestro proyecto de principio a fin. La única condición que puso es que no hagamos algo “perdiodístico”, con lo que estabamos de acuerdo. Después siempre nos dijo: “Esta película es suya. No le den bola a nadie, ni siquiera a mi, hagan lo que quieran”. Y todas las devoluciones que nos dio fueron muy precisas y por cuestiones narrativas, nunca por establecer su figura de una manera determinada. Esa generosidad creemos que fue lo que más nos marcó.

Sin embargo, El teorema de Santiago no solamente es un documental que retrata cómo se hizo la película, sino que también expone el oficio de hacer cine ¿cómo surgió la idea de este proyecto?
En diciembre de 2013, Hugo Santiago vino a filmar su película, El cielo del centauro, a Buenos Aires. Era un hecho histórico. El director de la mítica Invasión volvía a filmar a nuestra ciudad. Agustín Mendilaharzu, uno de los integrantes de El Pampero Cine, fue quien comenzó la tarea de documentar ese regreso. Pero a las pocas semanas esto se le superponía con una gira de una de sus obras de teatro, así que fuimos convocados para continuar registrando todo en su lugar. Nosotros aceptamos enseguida, con la condición de que nos dejaran intentar hacer un largometraje autónomo con lo que filmáramos. Era diciembre, caos y calor, y empezamos a filmar sin mucha idea de qué es lo que íbamos a hacer después con ese material. Solo sabíamos que de ese rodaje nos interesaba mostrar cómo se filma una película. Cerca de Navidad terminamos con cincuenta horas de material y decidimos hacer un documental que cuente cómo se hace una película, desde la primera idea hasta el estreno. Y ahí empezamos a encontrar distintas cosas que se volvieron los elementos de la película: la correspondencia entre Mariano Llinás y el propio Hugo (gracias a cientos de emails generosamente cedidos por sus autores), la idea de Hugo del teorema, y conseguimos que nuestro amigo Juan Herrera pudiera filmar el montaje en París, ya que estaba ahí visitando a sus viejos. También contamos con la enorme ayuda de David Oubiña, quien aportó un texto fundamental para el film, y finalmente pudimos viajar nosotros a París a entrevistar a Hugo. Recién con todos esos elementos, la película empezó a tener una estructura parecida a la que tiene hoy.

¿Cómo fue la dirección en conjunto?
Nosotros ya habíamos trabajado juntos. Y teníamos buena sintonía. Ninguno de nosotros prima su ego sobre el trabajo. Este punto de partida fue fundamental, saber que si el otro traía una idea eso tenía que ver sólo con la película y no con un afán de control o no se qué. La metodología que utilizamos fue hablar nuestras ideas y quedarnos con las mejores, y apropiarse de las ideas del otro como si fueran propias, al punto de muchas veces no saber a quién se le ocurrió hacer algunas cosas.

Toda realización de un proyecto audiovisual presenta diferentes obstáculos, en el caso de ustedes ¿cuáles fueron los mayores desafíos que debieron superar para lograr que el film se concrete?
Cualquier proyecto cinematográfico que uno encara sin guion previo (como la mayoría de los documentales) tiene un solo gran desafío: encontrar su propia forma y una estructura decente. Llegar a esto suele llevar bastante tiempo, pero puede convertirse en algo angustiante y requiere de paciencia. Pero una vez que eso se consigue la satisfacción es enorme.

El documental cuenta con una amplia variedad de elementos documentados que van desde la voz de quienes trabajaron en el rodaje de [#Pelicula,5271] a las conversaciones con el propio Hugo Santiago ¿cómo llevaron a cabo la selección del material a presentar en la película?
Cuando empezamos a pensar que forma iba a tener esta película sólo teníamos registrado el rodaje y una larga entrevista a Hugo en Le Wepler, una brasserie en Paris que prácticamente es como su oficina.

Después Hugo nos propuso que filmáramos a los miembros más destacados del equipo para que ellos también contaran su experiencia trabajando en El cielo del centauro. Asi que entrevistamos a Mariano Llinás, Laura Citarella, Alejo Moguillansky, Juanjo Cambre, Gustavo Biazzi, Agustina Llambí y Felipe “El Colo” Solari. Pero decidimos usar solo sus voces sobre las imágenes, un procedimiento que bautizamos Giorgio Moroder, porque nos hacía acordar al tema semi-homónimo de Daft Punk que comienza con él hablando.

Con todo eso ya teníamos a varios narradores que nos iban a permitir “contar” mucho del proceso de rodaje y montaje. Sólo nos faltaba la primera parte: la escritura del guion, una etapa de la que usualmente nunca hay nada registrado, porque tiende a ser un trabajo silencioso y solitario. Pero El cielo del centauro fue un guion escrito a cuatro manos y a la distancia, de manera epistolar. En los cientos de e-mails que Hugo y Mariano se habían escrito durante años estaba documental gran parte de las ideas, hallazgos y discusiones que fueron dando forma a esa trama fantástica de un ingeniero francés perdido en Buenos Aires.

La película ya recorrió varios festivales como el Festival Biarritz Amérique Latine 2015, el Festival de La Habana y el 18 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente - BAFICI, en los que tuvieron muy buenas repercusiones ¿cuáles son sus expectativas para el estreno comercial? ¿Qué mensaje buscan transmitir a los espectadores?
Cuando la película se proyectó en el BAFICI, el crítico Diego Lerer en su reseña comentó que El teorema de Santiago era “un must para cualquier estudiante de cine” y “una lección de cómo hacer una película sobre el trabajo cinematográfico.” Esa definición, además de ser un gran elogio, se ajusta mucho a lo que teníamos en mente al momento de armar la película: que tuviera una función académica, o que fuera un buen material de trabajo para estudiantes e investigadores de cine. No había otra pretensión más que esa, así que no sabemos como le irá en salas comerciales, aunque la verdad nos encantaría que el film termine siendo vendido por los manteros de Plaza Once.

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