Rolando Gallego
30/12/2016 12:39

Kleber Mendonça Filho construye en Aquarius (2016) un relato sobre la memoria, la resistencia, la lucha personal, y en parte también, sobre el Brasil de los últimos 40 años a partir de la historia de Clara (Sonia Braga) una mujer que ve como todo aquello que construyó quiere ser destruido a partir de la invasión de una empresa constructora en su edificio.  Ganadora de una veintena de premios internacionales y elegida por la crítica como una de las películas del año, Aquarius se estrena el 5 de enero en los cines argentinos y EscribiendoCine dialogó en exclusiva con el realizador brasileño.

Aquarius

(2016)

¿Pensabás que iba a suceder todo lo que pasó con Aquarius?
Yo fui crítico por 13 años e iba a festivales y mi relación siempre era más analítica y con la reacción que recibían alrededor del mundo, y para mí no es normal que un film sea bien recibido, para algunos cineastas sí, pero para mí no, es algo especial y raro. En estos siete meses que estamos con la película, en Cannes, Sidney, Alemania, se estrenó en Francia, en Brasil con un lanzamiento muy grande, en Nueva York, Los Ángeles, en Viena, Mar Del Plata, así que creo que la recepción de Aquarius es espectacular, no sólo por la reacción del público sino por la crítica, en Rotten Tomatoes tiene un 96 porciento, me hace sentir feliz pero no agrandado, porque no es para mí algo normal.

Además de Sonia Braga los otros protagonistas son el edificio “Aquarius” y la música, ¿cómo fue la selección?
El edificio no fue tan difícil porque era el último antiguo del área, había escrito un guion para otro edificio que era de los años 30 y fue demolido, es decir que perdi la locación y la ciudad el lugar, entonces encontré a “Oceanía” que lo rebautizamos como “Aquarius”.

¿Y la música?
El edificio fue fácil y la música no, porque cuando elegía algo a la otra semana no me gustaba, lleva bastante tiempo saber qué funciona en el film, es teórico, lo pongo en elección, luego ensayamos con la imagen y la definitiva queda en el montaje, principalmente para ver si crea la atmósfera que necesitamos, además hay una parte burocrática, que hay que ver si el tema disponible y el dinero para adquirirlo. Con el guion organizamos como una playlist para una fiesta de un amigo y vemos si funciona luego con la imagen. Volviendo al tema de la burocracia hay que ver si el tema está disponible, si hay que hablar con los herederos, porque la música es cultura, un archivo de la cultura y ese es uno de los temas de la película.

¿Fue lo más complicado el tema de la música?
Sí, porque a veces cuando colocas la música con la imagen encaja a la perfección, instantáneo, como por ejemplo en la escena de apertura con las fotografías que use el tema “Hoy” de Taiguara y cuando la escuché en la edición dije esto es perfecto por favor compren ya el tema.

La ciudad está presente en todos tus films, ¿por qué?
Tengo fascinación por la vida en sociedad, que es bastante tensa y uno intenta sobrevivir en la sociedad de la manera más amena posible porque somos una comunidad, hay una mente política y estética y también un comportamiento humano imprevisible, y me fascina eso, la conexión con la arquitectura, con una pared, un pasillo, etc. Acá hay buena arquitectura, pero ahora hay una pésima, y hay que lidiar con eso, algo que trabajé en Sonidos vecinos (2014). En Aquarius hay una idea de destruir un espacio personal del mercado por un capricho y en Sonidos… los personajes deben lidiar algo deshumano y sin personalidad.

¿La devolución que recibís en las proyecciones reivindica en parte todo el proceso de censura que viviste en Brasil?
Es un poco la historia de la cultura, del cine, los libros, la música, han sido censuradas por incomodar la cultura del momento y se ha generado una energía entorno a eso que las cercenan, podemos hablar de las dictaduras en Brasil o Argentina que se censuró a films porque se veían peligrosos para los ciudadanos, el tema me apasiona, es el peligro de una política retrograda, en Brasil nos pusieron una calificación para mayores de 18 años, y nosotros reclamamos, y nos decían eso no es censura, después 16 años, y nos decían que no era censura, lo mismo cuando no fuimos elegidos para el Oscar, y también nos decían que no era censura, en Brasil hoy no pasa nada pero pasa todo, es una dictadura cínica, en los ’60 y ’70 había gente con armas y rifles, hoy no, pero sí este cinismo, que no solo está en mi país, también en Estados Unidos y Europa, el fascismo con sonrisas.

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