Nacho Artigas
13/12/2016 12:32

EscribiendoCine entrevistó a la fotógrafa y documentalista Julieta Sans, directora de Guido Models (2015), ópera prima documental que registra el día a día de Guido Fuentes, un diseñador de indumentaria boliviano, que reside en Villa 31, en donde también tiene su agencia de modelos. Además de dar a conocer las dificultades con las que el modisto se encuentra, se hace hincapié en la lucha social que hace Guido en contra de la marginalización. “Una de las condiciones para asistir a las clases de modelaje es que estén trabajando o cursando estudios. Le interesa que las chicas tengan un proyecto de vida”, estableció la cineasta.

Guido Models

(2015)

¿Cómo llegaste a conocer a Guido Fuentes?
En ese momento vivía en Londres todavía, era el año 2011 y hacía muchos años que no venía de visita. Un día, leyendo un diario cualquiera, vi un pequeño recuadro donde Guido se quejaba de que no le habían prestado una pasarela para un desfile que quería realizar en el barrio. Me llamó mucho la atención obviamente lo original de su proyecto pero también la fuerza de su discurso y le escribí para encontrarnos y ver la posibilidad de trabajar en un proyecto.

¿Cómo surgió la idea de documentar su trabajo?
Inmediatamente empecé a hacer fotos, pero intuía que la historia era demasiado interesante como para no filmarla. Fue más adelante que surgió la idea de convertirlo en un largo documental, pero el deseo de contar esta historia con una mirada más sensible, mostrando la belleza y la ensoñación del mundo de Guido estuvo presente desde el primer día que fui a una de sus clases.

¿Cómo describirías la relación entre Guido y su pasión por la moda, y la de él con sus modelos?
Guido responde a diversas fuentes de inspiración, distintos estímulos. Puede inspirarse hojeando revistas, pero más que mantenerse informado de la vanguardia de la moda él se inspira con cosas que ve en el día a día. La arquitectura, el paisaje urbano, incluso las personalidades de la gente que lo rodean, sus modelos. Le gusta improvisar mucho también, a veces trabaja con bocetos y a veces directamente drapeando telas sobre una persona o un maniquí.

La relación con las modelos es muy maternal. Tiene una excelente relación con sus familias y vio a muchas crecer desde chicas. Una de las condiciones para asistir a las clases de modelaje es que estén trabajando o cursando estudios, sea en la secundaria o la universidad. Para él el modelaje es sólo un parte del todo. Le interesa que las chicas tengan un proyecto de vida, se quieran y cuiden a sí mismas y que tengan buena relación con sus familias.

¿Cómo fue el rodaje del documental? ¿Se presentó alguna dificultad?
El rodaje fue muy disfrutable pero hubo dificultades como en cualquier otro, principalmente presupuestarios. Se gastaron recursos en escenas que finalmente no quedaron. Pero también hay cierta imprevisibilidad en la manera de trabajar de Guido con lo cual en algunas ocasiones hubo jornadas espontáneas que no se pudieron preparar como me hubiera gustado, pero fue parte de lo emocionante del rodaje. También hubo diferencias creativas con Guido, con lo cual había que negociar constantemente para mantenerlo contento sin perder mi visión para la película. De todas maneras somos muy amigos al día de hoy.

¿Cómo viviste el día a día del documental?
Con emoción y no sin temor, porque más allá de mi cercanía con el cine de toda la vida y el lenguaje audiovisual que ya manejaba, mi trayectoria es como fotógrafa, y tuve que superar muchas inseguridades para poder dirigir y trabajar en equipo. No fue nada fácil. Hice algunas jornadas sola al principio. El rodaje con el equipo fue a lo largo de un año, en jornadas sueltas, no consecutivas. Pasé de ser fotógrafa a ser directora y ahora no puedo evitar pensar cada nuevo proyecto como una película. Creo que fue un viaje de ida.

¿Cómo fue documentar el viaje a Bolivia? ¿Cuánto permanecieron allá?
El viaje a Bolivia duró dos semanas incluyendo seis días de viajes. Teníamos mínimos recursos, pero fuimos muy afortunados porque nos recibió la mamá de Guido en su casa. No había agua corriente y había muy poco espacio para dormir, pero era un lugar hermoso y vivir el amor y la generosidad de Gregoria (la mamá) y toda la familia de Guido nos hizo entenderlo y quererlo un poco más.

Logísticamente fue difícil porque estábamos en una zona muy aislada, semi rural, así que había que tomar dos colectivos y un taxi para movilizarnos fuera del barrio, y éramos 8 personas con equipos.

En varias partes de la cinta, Guido asume que lucha por la inclusión ¿Qué sentimientos te inspira su trabajo?
Me inspira mucha admiración y ternura. Sé que tiene su ego de creador y que su objetivo es tal vez inalcanzable, pero su generosidad, su amor y sus ideales son muy inspiradores, y es muy difícil resistirse a su causa.

Si tuvieras que resumir tu experiencia profesional y personal en la realización de este documental ¿Cuáles serían esas palabras?
Me cambió la vida en todo sentido, porque además de inspirar mi incursión en el cine fue también en gran parte por esta historia que decidí volver a vivir a Argentina. Como si eso fuera poco gracias a la película (y los productores) conocí a mi compañero, que era parte del equipo, y hoy vivimos y trabajamos juntos. Además creo que me hizo recobrar una sensibilidad social que tal vez al vivir tanto tiempo afuera había olvidado un poco.

¿Seguís manteniendo contacto con Guido?
Con Guido hablo muy seguido. Nos vemos cuando hay proyecciones y el otro día vimos juntos la ópera que se hizo con vecinos del barrio donde actuaban tres de sus modelos nuevas. Nos tenemos mucho afecto y creo que es mutua la sensación de que la película nos cambió la vida.

¿Qué proyectos tenés respecto a Guido Models?
El 15 de diciembre es el reestreno en el Gaumont y supongo que cada tanto seguirá habiendo proyecciones en distintos lugares. Por lo pronto es eso y una serie de proyecciones como parte de un festival organizado por la Organización Internacional de Migraciones. Se verá en Irak, Tailandia, Rusia, Bolivia, Paraguay y en Argentina, en la Biblioteca Nacional. Vivió un ciclo muy lindo la película con una recepción increíble tanto por parte de la crítica como por parte del público y eso me motiva mucho a seguir en este camino.

¿Cómo ves la situación del documental en Argentina? ¿Qué diferencias hay con Europa?
No sé cómo es en Europa porque ahí estaba más en el mundo de la fotografía. En Argentina me parece que las dificultades son de distribución y exhibición. Es maravillosa la proliferación de películas argentinas pero si no está acompañado por una política de exhibición (por ejemplo limitando un poco la exhibición de superproducciones extranjeras) no sirve de mucho, porque no hay manera de llevar gente al cine a ver las películas más pequeñas, y menos los documentales. Es una pena.

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