Juan Pablo Russo
12/12/2016 17:21

Dios no juega a la ruleta. Los banqueros, sí. Quizá por esto el monje cartujo Salus (Toni Servillo) fue invitado de manera secreta a una reunión del G8, junto con una estrella del rock y una escritora de best sellers para niños. Esto ocurre en Le confessioni (2016), dirigida por el italiano Roberto Andò que desde este jueves se puede ver en los cines argentinos.

Le confessioni

(2016)

¿Cómo se origina la idea de una película como Le confessioni?
Son las ideas que te vienen y te agarran. Yo tenía escrito otro guion pero me llegó una imagen a la cabeza sobre el monje religioso y se lo dije a Toni Servillo. Quería un personaje que me haga salir de todas las convenciones y me aparece la idea del monje que se encuentra dentro de una reunión de economistas en medio de una lucha personal basada en el silencio.

Me interesaba la idea como los hombres de poder cuidan un secreto del mismo poder. Y después está el secreto humano, el secreto de la conciencia. Es un secreto que es justo conservarlo y es el monje quien lo conserva. Es un poder que a diferencia del otro no tiene nada atrás.

Viendo tus películas uno nota que hay un hilo conductor que tiene que ver con un tipo de cine que cuestiona la política y el poder
En mi película anterior Viva la libertá (2013) afrontaba la incapacidad de la política, la imposibilidad de tener una sola cara. Ahora en cambio voy al corazón del problema y te formulás preguntas como ¿Dónde termina el poder? o ¿Qué tienen en la cabeza las personas que toman las decisiones? A partir de ahí imaginé a un grupo de personas poderosas que se encuentran en una situación inesperada. Tenemos a un monje con un secreto que no habla.

¿Es un secreto que descoloca a los poderosos?
Los economistas cuando aparece un factor no previsible dicen que llegó un cisne negro, que sería el rol que cumple el monje. Lo impredecible. Y ellos no saben cómo manejar esta situación. Todo lo que ellos manejan lo pueden controlar, pero ahora hay otra persona que los descoloca y los mueve de sus estructuras. Los pone en un conflicto.

¿El poder está mal utilizado hoy?
El poder de hoy es totalmente inadecuado. Está todo relacionado a una mentira y eso queda claro en la película. Es el poder ilusorio del mercado. En la película el poder está representado en una fórmula que no significa nada. En cambio el monje tiene una posición clara, que no es ideológica, es humana.

¿No pensaste que se podía perder el verosímil al incorporar personajes como el del monje, el rock star o la escritora en una cumbre de economistas?
No, porque muchas en las reuniones de este tipo se invitan personajes famosos comprometidos con una causa como Angelina Jolie o Leonardo DiCaprio. En esta reunión el personaje que se suicida organiza todo para invitar al monje que es quien va a poseer el secreto. Y la escritora funcionaría como el ojo del público que es quien va a descubrir al monje y quiere protegerlo.

¿La mística del final juega como algo esperanzador frente al realismo crudo que mostrás en toda la trama?
Para mí tiene que ver más con el inicio del film. Cuando están las mujeres musulmanas, estas desaparecen y después se ve un hombre que está suspendido en el aire. Eso es un truco y que funciona como metáfora del truco de la economía y del truco del monje. El espectador puede pensar que termina con un milagro, al igual de cuando el monje calma al perro, pero él se aprovecha de un momento y desaparece. Eso no quita que el espectador puede pensar que se trata de un milagro. A mí me gusta pensar que todo lo que sucede se puede resolver dentro del ámbito de lo humano.

¿Cómo trabajaron la construcción del personaje con Toni Servillo, pensando que él venía de algo muy opuesto como su trabajo en La grande bellezza (2013)?
Toni siguió paso por paso la construcción de esta película. Él amo mucho este personaje porque significaban dos riesgos. Uno que representaba el bien y no el mal. Siempre es más fácil representar el mal. Y el otro es que habla poquísimo. Es un personaje que se manifiesta a través de la mirada y genera duda. Toni tiene la característica de poder representar un pensamiento. Es uno de los pocos actores que te hace entender un pensamiento sin hablar. No todos los actores tienen esa característica.

La película coloca al monje en un lugar de austeridad y pobreza cuando se cuestiona mucho a la iglesia por el poderío económico que ocupa ¿No es contradictorio?
Yo me informé sobre un tipo de monje especial. En todo el mundo hay solo trescientos de este tipo y llevan una vida muy sacrificada y de mucha pobreza. Son monjes que tienen una relación conflictiva con la iglesia. No son monjes que representan a la iglesia sino a un movimiento extremo de la militancia espiritual. Hay una llave de lectura donde ni siquiera el monje piensa que es dueño de su propia vida. En cambio el antagonista piensa que es dueño de la vida de los demás.

¿La pensaste como una metáfora de la Italia de los últimos años?
Creo que no solo de Italia sino que nos nos toca a todos porque estamos convencidos de que este es el único modo posible de vida. Estamos seguros de que hoy todo pasa por el dinero y que hay que adorarlo. Por eso es fundamental poder hablar de estos temas, sobre todo en el mundo de hoy.

En los últimos años el cine italiano estuvo bastante alejado del público. ¿Se revirtió esa relación?
Es una relación que está volviendo a establecerse. Hubo un momento en donde la gente no consumía cine italiano. Me acuerdo siempre un chiste de Bernardo Bertolucci que decía hablando de él mismo: “Mientras yo no tenía ganas de público, el público no tenía necesidad de mis películas”. Ahora creo que el cine italiano está en esa misma relación. Ahora que el cine de autor tiene necesidad de público, el público está respondiendo. Por eso también que en los últimos años el cine italiano está funcionando tanto adentro como afuera de Italia y tiene una centralidad en otros países.

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