Ezequiel Obregón
28/11/2016 21:34

José Celestino Campusano presentó en el 31 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata El Sacrificio de Nehuen Puyelli (2016), película que se estrena el 1 de diciembre y lo traslada a Bariloche para internarse en la despiadada lucha de clases. “Este festival siempre fue muy receptivo conmigo. Pasamos Bosques (2005), luego Legión (2006). En el 2008 empezamos felizmente con los largometrajes y a partir de Vil Romance (2008) comenzó toda esta saga. En estos años estuvimos en nueve instancias competitivas distintas”, comenta con entusiasmo apenas se inicia la entrevista con EscribiendoCine.

El Sacrificio de Nehuen Puyelli

(2016)

¿Cómo percibiste este nuevo Festival, que tiene cada vez más presencia argentina y latinoamericana?
Yo creo que hubo un periodo bastante conflictivo con otros festivales. Aquellos que nos mantenemos en una independencia narrativa y de criterios, y muchas veces de financiación, teníamos el ingreso totalmente vedado. Y Mar del Plata nos cobijó. Yo creo que fue una apuesta muy extrema, cuando ingresó José Martínez Suárez, incluir Vil Romance. A partir de ahí apareció una película como La Laguna, hecha por estudiantes de Córdoba, que participó en Competencia Internacional. Hay que contrastar eso con otros festivales clase A, que lamentablemente muchas veces son manejados por lobbys gestados desde distribuidoras. Y ciertas instancias de visualización son muy reservadas. Mar del Plata apuesta a lo iconoclasta de cine y nosotros apuntamos a lo iconoclasta de la producción, de la creación de contenidos.

Ya en Placer y Martirio (2015) te alejaste por un momento del Conurbano Sur para ir a Puerto Madero. Y ahora redoblás la apuesta, yendo a Bariloche.
Yo creo que la maduración es fruto no de afianzarse en lo que conocés y demás, sino de explorar, es como la serpiente que se muerde la cola; es un suicidio artístico no ponerte en crisis. Con nuestra obra, el espectador puede entrar en pánico. Ahora, venimos de filmar una película muy intensa en la parte más profunda del Amazonas. Tenemos ganas de trabajar con las comunidades, pero con la impronta narrativa de mi productora, Cine Bruto.

Y ahora presentás a Nehuén, otro representante del universo de tus películas. Nuevamente debe haber mucho del orden de lo real en tu film.
Tendría que hacer un análisis muy pormenorizado, pero hay muchísimo de verídico. Los diálogos fueron oídos o son provistos por gente del área. La jerga de guardia cárcel está testeada por guardia cárceles, la de preso por la de presos. Algunas cosas me competen, pero en líneas generales la película está sobreabundada por anécdotas verídicas.

Y nos encontramos con el Perro Molina, otro personaje ya conocido. ¿Vas a seguir cruzando personajes?
Lo hemos hecho con Vikingo (2009) y Fantasmas de la ruta (2013). Y tenemos un nuevo proyecto en gestación. Es bueno que se crucen. Esos enlaces son interesantes.

Antes tal vez tenías un público más nuevo. Ahora, con tantas películas, tenés un espectador que ya conoce tu obra. ¿Extrañás ese contacto directo con primeros espectadores?
Lo tengo. Es a través de las redes, también cuando viajo. Eso facilita filmar afuera, mucho. Hay un espectador que ve un paisaje crispado pero lo puede tolerar, hay una mirada amorosa, porque hay una intención mía de retratar a estos personajes para comprenderlos.

En los últimos años hubo muchos avances en materia de reconocimiento de minorías. Pero no sé si con las comunidades originarias ocurrió lo mismo.
En realidad, estas comunidades vienen golpeadas desde hace muchas décadas. Ellos están crispados, lo estuvieron hace veinte años. En los ’70 los retiraron de territorios que ocuparon desde centurias para que mueran congelados. Alguien, de origen mapuche, me dijo que conoció un baño con agua caliente hace diez años. El aparato represivo los esperaba, babeando, para encarcelarlos y judicializarlos. Como si el destino mapuche fueran las drogas, morir a manos de la delincuencia o terminar en una iglesia evangélica, cuando ellos están en estas tierras por centurias. En el tema “pueblo originario” no se avanzó. Yo desciendo de pampas y mi socio de guaraníes. Es un tema que nos toca de cerca y no se ha avanzado. Está el tema de que los recursos son cada vez menos y hay una cuestión de idiosincrasia de estos pueblos; cuidado del medio ambiente, redistribución. La prole entra en crisis con el capitalismo más sanguinario. Y chocan porque los recursos son pocos, esta gente cuida los recursos para la prole.

A diferencia de lo que ocurría con tus primeras películas, hoy contás con más recursos.
Yo creo que en el 2000 se vivió un proceso muy interesante, que tuvo que ver con que el transporte de sonido y de imagen iba por formatos distintos y eso era algo muy prohibitivo. Felizmente, esos formatos hoy no tienen peso. Y muchos realizadores, técnicos, actores, académicos por suerte formamos parte del Cluster Audiovisual de la Provincia de Buenos Aires. Entendimos que está todo muy bien con las cámaras, los sindicatos, las asociaciones. Pero son entidades que tienen que ver con otro tiempo, con el siglo pasado. Nosotros generamos una institución que tiene que ver con nuestro tiempo, con lo multisectorial. Estamos experimentando y lo que experimentamos lo compartimos.

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