Ezequiel Obregón
09/11/2016 13:38

Andrea Testa y Francisco Márquez los directores de La larga noche de Francisco Sanctis (2016), dialogaron en exclusiva con EscribiendoCine. La película, que obtuvo el premio mayor en el 18 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente - BAFICI, en donde además fue aplaudida por el público y la crítica, se centra en un hombre (Diego Velázquez) que espera un ascenso que no llega. Una familia que depende en amplia medida de ese progreso puesto en suspenso. Y, en el medio, el horror de la última dictadura cívico militar. Hacia ese universo nos trasladan con maestría Testa y Márquez, los realizadores de este film que llega a las salas comerciales luego de su consagración en el festival de la Ciudad y la circulación por otras latitudes, entre las que se encuentra Cannes; ni más ni menos.

La larga noche de Francisco Sanctis

(2016)

¿Cómo fue exhibir la película en el 18 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente - BAFICI?
Francisco Márquez: La recepción fue bastante buena. A nosotros nos puso muy contentos estrenar en el BAFICI. Porque es un festival que queremos mucho y que de alguna manera nos formó, desde que éramos estudiantes de cine. Fue muy gratificante estrenar con todos los que hicieron la película y con gente argentina. Para nosotros era muy importante el encuentro con gente que haya vivido en aquella época.

¿Cuáles fueron las diferencias con Cannes?
Francisco Márquez: Nada indicaba que la película iba a estar en el 69 Festival de Cannes. Y, cuando llegó, se abrió al mundo de una forma increíble. La recepción fue también buena allá. Nosotros teníamos la duda de cómo podía ser comprendida fuera del país, porque es una película que muestra la dictadura muy fuera de campo. Y no sabíamos cómo eso iba a ser entendido por gente que no conocía la historia argentina. Sin embargo, en los encuentros con el público, en Europa, todos se apropiaban de alguna manera. Un español, por ejemplo, nos contó que le rememoraba el franquismo. Y ahí nos dimos cuenta de que esta película habla de un conflicto que todas las sociedades y pueblos lo han vivido, de alguna manera.

Ahora tenemos la ansiedad del estreno en salas, porque sabemos que se va a encontrar con otro público, menos especializado, al que nosotros queremos encontrar. Tratamos de hacer un cine que se pueda compartir con un público amplio sin hacer tampoco un discurso cerrado.

Andrea Testa: Nuestra intención, en la medida que podamos, es acompañar la película. No sólo lo decimos desde lo discursivo. No vamos a poder cubrir todas las funciones en todas las salas, pero nos interesa dialogar con los que vean la película.

Es interesante que ustedes, que son realizadores jóvenes, hayan encontrado esta riqueza en un material de 1984. ¿Cómo fue el encuentro con la novela?
Andrea Testa: Fue azaroso. Estábamos buscando algo nuevo para leer, no específicamente para adaptar. Fue un poco… mágico. Un puestero en una feria de libros de Parque Centenario, Hugo, nos dijo “llévense esta novela, que no se van a arrepentir”. Nosotros lo conocíamos a Humberto Costantini, porque publicábamos un boletín y habíamos publicado una poesía suya. Pero nunca habíamos ahondado tanto en su obra. La leímos los dos y nos pasó algo fuerte. Le vimos una originalidad al punto de vista. Fue escrita en 1984, muy cerca de la dictadura, y poner a un hombre que se cree por fuera de la historia, de los acontecimientos políticos y sociales, creemos que es algo muy actual. Nos hace pensar en el hoy, en qué hacer en un mundo que sigue siendo muy injusto.

Francisco Márquez: A su vez, había algo muy cinematográfico. La idea de un solo día, una noche, un hombre común envuelto en una situación extraordinaria. Una especie de antihéroe que tiene que enfrentarse a algo tan grande. Tenía un potencial. Luego nos enteramos que la había querido adaptar José Martínez Suárez.

En los años inmediatamente posteriores de la dictadura aparecieron algunos films “de denuncia”; capaces de mostrar buenos y malos, de interpelar desde ese lugar. Luego, sobre todo en los ’90, el cine mostró una imagen más compleja e interesante. ¿Qué mirada intentaron aportar ustedes?
Francisco Márquez: Yo creo que hay una película que es una excepción en esta periodización que vos hacés, que es Juan, como si nada hubiera sucedido (Carlos Echevarría). Un documental del ’87 en donde el realizador trabaja sobre la complicidad civil y el silencio, en Bariloche. Fue una película poco vista porque nadie la quería ver; siempre es más cómodo mostrar a los otros como los malos. Fue una película difícil de ver, que recién tiempo después empezó a circular un poco más. Nosotros creemos que nuestra película se concentra en cómo nos involucramos o no, cómo nos asumimos o no como sujetos políticos. Por eso yo creo que la película habla de la dictadura, de la “mayoría silenciosa”, que con su silencio permitió que esa dictadura se consolide como un proyecto político. Pero a la vez la película habla de la actualidad y nos interpela. A nosotros dos y a mucha gente. ¿Qué hacemos para modificar la realidad? Sobre todo en estos últimos meses, en donde todo se volvió mucho más cruel. Creo que la película aporta un poco eso, salir de la dualidad y hacernos pensar qué hacemos o qué hicimos.

Andrea Testa: Estudiamos bastante sobre la clase media y el “no se sabía”, esas frases que quedan. No queríamos juzgar a una sociedad en la que, dentro de ella, también operaba en terror y el miedo. Quisimos complejizar esta gran mayoría silenciosa no para justificarla, pero sí poder empezar a poner en escena estos mecanismos. Y cómo podemos, o no podemos, queremos o no queremos. Hay un rol de la sociedad, no es que uno está por fuera de la historia.

Francisco Márquez: Salvando las enormes distancias, pienso qué pasa hoy con una parte de la sociedad que justifica más de cien mil despidos; salís a la calle hoy y vez más gente viviendo en la calle, con una política económica orientada hacia la destrucción del empleo. Debe operar algo complejo, que permite justificar o convivir con eso.

La película está muy anclada en las acciones del personaje y en su entorno inmediato. Me parece muy logrado cómo se concentra en ese punto de vista. Y, pensando en su estética, le encontré conexiones con el nuevo cine rumano.
Andrea Testa: Nos lo han dicho, sí. Al principio teníamos la idea de no contar la época sino hacerla sentir. Y eso nos llevaba a no explicitar cosas. No queríamos poner el plano detalle sobre el elemento que nos dé la época. Nosotros haciendo una interpretación de la época; de ahí salía esta idea de asfixia. Y eso lo hicimos con todas las áreas; poner la puesta en escena desde cómo estaba viviendo el personaje, desde su subjetividad.

Francisco Márquez: Nosotros escuchamos lo que él escucha y vemos lo que ve. Trabajamos con bastantes referencias. Y, dado que hay una co-dirección, las referencias fueron un buen punto para dialogar. Y tuvieron que ver con un cine de género ligado con un registro más autoral. De repente, nos reuníamos con el director de fotografía y pasaba algo muy loco; veíamos Aurora, de Puiu, y después una de Roy Andersson. Y la película no es ni una de Puiu ni una de Anderson. Vimos una de Béla Tarr y Después de hora, de Martin Scorsese. Fueron herramientas de diálogo las referencias. Siempre pensamos en función de lo que sucedía en escena, en función de lo dramático. Qué se está contando y cómo se trabaja eso con el sonido, con la iluminación, con la actuación. Lo más importante era que todos entendieran qué le estaba ocurriendo el personaje.

Andrea Testa: Hay algo de construir juntos esa lógica, de debatirla, de cuestionarla. De poner todo el tiempo en la mesa de trabajo cuál era el sistema de la película. Todo el trabajo nos permitía estar abiertos a lo que pasaba ahí. Trabajamos mucho, pero no es que fuimos con un story board e hicimos todo desde ahí. Una vez que confluye todo en un rodaje –que es un poco “místico”- pasan cosas, y cuando había un problema estábamos todos para resolverlo, para apoyarnos. Todos, dentro de sus áreas, comprendían la lógica de la película. Realmente hubo un trabajo en equipo.

El trabajo de arte es muy bueno. Ya desde la cocina se percibe la época.
Francisco Márquez: Se puede percibir la época, sí. La cocina era mucho más grande; nosotros decidimos achicarla porque teníamos la idea de que le quedaba chica al personaje. A ese clima de opresión decidimos ubicarlo desde el principio. Era, por un lado, contar la época sin “el primer plano”. Ppero también, lentamente, marcar un clima.

Andrea Testa: Desde el comienzo pensamos en cómo está el personaje. Y esa cocina es un poco eso; esa opresión, esa alienación que tiene como trabajador que es y que está en ese sistema.

Ustedes forman parte de una generación –tal vez hay otra, inmediatamente anterior- que encontró grandes talentos en el teatro off. ¿Cómo fue el encuentro con Diego Velázquez?
Francisco Márquez: Fue una bendición. Diego es un actor increíble. En un principio el personaje era más grande, entonces habíamos pensado en otro actor. Cuando modificamos el guion lo hicimos más joven. Él fue el primer nombre que se nos ocurrió porque habíamos visto trabajos suyos. Entonces fuimos al teatro (él estaba con Estado de ira) y le llevamos el guion. Es increíble lo que hace en esa obra. Y él le aportó muchísimo a la película. El trabajo con él y con todos los actores fue sentarnos, leer el guion, y pensar escena tras escena qué le pasaba al personaje. Y éramos muy puntillosos con los textos; intentamos sacar lo que estaba de más.

Andrea Testa: Y quedarnos con lo necesario. Sabiendo que detrás hay una persona que tiene vida, experiencia, información y mucho cine visto. Entonces no era necesario subrayar la información.

Francisco Márquez: Diego estaba muy de acuerdo. Hubo algunos ensayos actuados pero fueron pocos. Confiamos mucho en él. En cuanto a los otros actores, fue el elenco que quisimos. Rafael Federman fue el último que convocamos; era un papel difícil. Tenía que ser un actor joven y con intensidad; alguien que tenga un rostro fuerte, tras haber pasado por un momento duro, o un muy buen actor. Estábamos dando vueltas y, casualmente, en Toulousse, en un festival, lo conocimos.

Andrea Testa: También Laura Paredes nos lo había recomendado. Nos fuimos dando cuenta, una vez que los actores estuvieron elegidos, que habían compartido obras o películas. Había conexiones. Se armó una química linda en el equipo.

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