Juan Pablo Russo
Rolando Gallego
01/11/2016 20:40

En su ópera prima Favio: Crónica de un director (2015), el realizador Alejandro Venturini trabaja con uno de los mitos del cine y la cultura popular más arraigados de Argentina. Hilvanada por testimonios, imágenes y la música, el relato logra componer a un Favio más vivo que nunca. "Obtuvimos alrededor de 40 horas de material bruto y resumimos todo en dos horas como se pudo, tratando de serles fieles a Favio y también ser fieles a nosotros mismos", dice en una charla con EscribiendoCine en el marco del 2 Festival Internacional de Cine de las Tres Fronteras.

Favio: Crónica de un director

(2015)

¿Cómo llegás a que Leonardo Favio acceda a la entrevista que finalmente da lugar al documental?
Estaba armando un sitio web que iba a estar dedicado a publicar entrevistas a directores argentinos y en su momento arranqué con quien más admiro que es Leonardo Favio. Él justo estaba con el reestreno de Aniceto en 2009, y le escribí un mail con pocas esperanzas de tener una devolución, pero enseguida me llegó la respuesta de la secretaría personal diciéndome que en dos meses me iba a recibir. Exactamente a los dos meses, sin necesidad de recordarles nada, me llega un nuevo mail citándome para la semana siguiente en su casa de la calle Pasteur. Me armé un listado con preguntas técnicas sobre su cine y me las anoté porque estaba muy nervioso, temblaba, pero Favio me llevó por donde él quiso y de alguna forma lo agradezco porque lo que me dijo era muchísimo más importante que lo que tenía para preguntarle.

¿Y en qué momento se cruza la idea de que esa entrevista se convierta en película?
Bueno, el sitio web nunca salió a la luz y la entrevista tampoco, pero yo la escuchaba asiduamente y me resultaba muy inspiradora y empecé a pensar en el documental porque al fin y al cabo era Leonardo Favio, con toda su sabiduría, dando una clase a un estudiante de cine que en este caso era yo, pero que tranquilamente podía ser extensivo para cualquiera que esté metido en el medio. Así que por 2011 aproximadamente empecé a imaginarme cómo estructurar la película, qué temas tocar y demás pasos previos al armado.

Favio: Crónica de un director no sigue de manera cronológica su obra, ¿por qué tomaste esa decisión?
En un principio la película estaba armada en 7 capítulos: su infancia, el radioteatro, su arribo a Buenos Aires, sus primeros pasos en la actuación, la música, el peronismo y El Mantel de Hule, que iba a ser su próxima película y no pudo concretarla. Sin embargo después nos dimos cuenta que la película fluía sin necesidad de interrumpirla con las placas de los capítulos y además, al espectador que conociera bien su filmografía le iba a permitir dudar sobre qué se iba a tocar, cómo y cuándo iba a terminar el documental. Con el tiempo, hace poco, me di cuenta que la película terminó teniendo el mismo orden que tiene la entrevista, que como te dije antes la condujo Favio como quiso, por lo que inconscientemente y sin pensarlo tiene un orden faviano, si se quiere.

Sos el primer director en abordar la figura de Leonardo Favio, ¿te enfrentaste a presiones propias o miedos ante un proyecto que sabías que iba a dar que hablar?
La verdad que en un principio fue todo parte de una inconsciencia porque no sabíamos bien a qué nos estábamos enfrentando, pero como todo el equipo siente pasión por Favio y es profesional nos metimos en todos los lados que pudimos acceder de su mundo. Así fue que obtuvimos alrededor de 40 horas de material bruto y resumimos todo en dos horas como se pudo, tratando de serles fieles a Favio y también ser fieles a nosotros mismos. Buscamos un equilibrio donde esté presente nuestra mirada sobre la figura y a su vez conserve la esencia de lo que fue y será el cine de Favio para Argentina. Los miedos estuvieron y están porque es una figura única y para mí y mucha gente es el mejor director de la historia del país, por lo que terminó siendo un riesgo que hasta el momento, por la devolución del público, parece que salió bien.

De la teoría a la práctica ¿sentiste que te faltó algo en el rodaje?
Lo que me sucedió es que quizás hay como cierta idiosincrasia de filmar más improvisadamente y que se vaya generando en el montaje más la película, y veía que eso es un error común, el no tener guion y gracias a Santiago Balestra que me asesoró en ese punto, narrar algo básico para que entretenga al espectador, fue un gran punto. Con él desarrollamos un guion, que fue variando de acuerdo a los testimonios, con una hipótesis que no varió. El documental surgió con una estructura de siete capítulos, uno por temática, y como era un homenaje nos inspiramos en el Requiem de Mozart y luego nos dimos cuenta de cambiarlo porque la película fluía, a pesar del abismo entre la teoría y la práctica, todo el tiempo uno va aprendiendo.

¿Fue largo el proceso de edición?
Con el guion tuve un recorte sobre lo que la película aportaba, en los testimonios yo dejaba hablar, pero cuando decían cosas que aportaban a la idea hacía un recorte y en el trabajo de edición resaltaba eso. El proceso fue más corto que el rodaje pero fue muy trabajoso. El primer acto lo teníamos desde marzo de 2015, luego hicimos en julio un primer armado para inscribirnos a Mar Del Plata y en agosto nos apuramos aún sin saber si habíamos quedado.

El sonido es muy importante en la película ¿cómo trabajaste el mismo?
Tuve la suerte de contar con Manuel Pinto, que fue el sonidista de Aniceto (2008), y de alguna forma terminamos con el mismo equipo de sonido de esa película. Se escucha muy bien.

¿Te quedó algún testimonio que te hubiera gustado tener y no se pudo?
Sí, me quedaron dos actores que tenía muchas ganas que estén: Rodolfo Beban y Federico Luppi. El primero no quiso, no da entrevistas y es respetable su posición, pero el segundo justo estaba trabajando en España y fue imposible coordinar. La verdad que lo lamentamos porque son dos grandes actores que además en conjunto con Favio crearon películas icónicas para nuestro cine.

¿Cómo manejas la ansiedad antes del estreno?
Sinceramente a mí como director me cuesta mucho, si bien la respuesta del público es buena, me cuesta ver la película, estuve en todos los procesos, y es algo mío, pero me pasa que cuando la veo, le veo todas las costuras y quisiera entrar nuevamente al montaje y editarla toda, me cuesta, pero el mejor premio a su vez es la devolución del público, en Mar Del Plata por ejemplo se acercó una señora y me dijo hace 10 años que no lloraba, gracias, y eso es lo mejor, que la gente la disfruta, como el cinéfilo y el entendido, porque hay testimonios para todos.

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