Jon Apaolaza
08/10/2016 14:07

El realizador chileno afincado en Francia Patricio Guzmán estrena en el Malba las dos primeras películas de una trilogía compuesta por Nostalgia de la luz (2010) y El botón de nácar (2015). En conversación exclusiva con nuestros compañeros de Noticine, el cineasta nacido en Santiago hace 74 años, habla de ambos films unidos por un mismo tópico: la memoria y la justicia.

El botón de nácar

(2015)

Esta película pertenece a una trilogía, ¿cuándo hizo Nostalgia de la luz tenía esa idea en mente o la necesidad de hacer una trilogía nació de ella?
Tu pregunta es muy buena, porque comencé con Nostalgia de la luz, sin saber que iba a continuar. Pero cuando terminé esa película me di cuenta de que en la parte sur de Chile, había otra temática muy parecida, es decir, había una naturaleza exuberante y realmente asombrosa, con hielos, témpanos, glaciares, con miles de islas, y que había también una historia social detrás de ese territorio, una historia social trágica, entonces me he valido de un elemento como el agua, como hilo conductor, y del cosmos, las estrellas, porque el agua es el elemento que más influye en nosotros, y viene del espacio. La tercera parte todavía la tengo muy difusa, porque soy un realizador lento, tardo tres o cuatro años en hacer una película, y poco a poco, va surgiendo en mi la idea de hacer una película sobre la cordillera de los Andes, que es la gran columna vertebral de América. Es difícil la verdad, y me da un poco de miedo, pero espero hacerla.

Con El botón de nácar obtuvo el premio al mejor guion y Nostalgia de la luz estuvo en Cannes. ¿Cuáles fueron las diferencias más notables que encontró en ambos certámenes?
Bueno, para serte franco, tanto Cannes como Berlín, se parecen mucho, en el sentido de que son los mayores acontecimientos cinematográficos que existen. Los Oscar son diferentes, la manera de votar que tiene la Academia de Hollywood es otra cosa. Pero Cannes y Berlín, se aproximan bastante, son dos grandes capitales, en el caso de Cannes, no es una capital, pero engloba Francia como si fuera París, el público es muy cariñoso en los dos lugares, y yo siento una enorme comunicación por parte del público con las películas. Tal veza Berlín menos especialistas que a Cannes, y viene más gente de Berlín, lo que transforma el festival en una máquina de exhibición realmente fabulosa, de miles de personas que ven las películas.

¿No se siente compitiendo con películas de ficción un poco como un jugador de rugby en un campo de fútbol?
Me siento bien, pero para un documentalista en general, es difícil, porque recuerda que nosotros trabajamos con seres reales, con seres de la vida normal, con profesores, con pintores, con músicos, y que no los podemos comparar con los grandes actores. En mi película hay una señora estupenda, una indígena, que habla kawésqar, que es un idioma que casi nadie habla en el mundo, y es una maravilla, pero esa señora no se puede comparar con Juliette Binoche. Lo que quiero decir es que el documental siempre parte de la base de que es otro tipo de cine, un género más de cámara, pero yo ya estoy acostumbrado a esa diferencia, y no me preocupa mucho.

¿Cómo ve desde fuera ese cine chileno que está funcionando tan bien en los últimos años?
Hay un buen movimiento de documentalistas y un excelente grupo de cineastas de ficción, donde Pablo Larraín es el principal personaje, y yo me siento orgulloso de este movimiento. En cuanto a mi, que vivo fuera, tengo la ventaja de ver las cosas con distancia, y por otra parte, tú nunca abandonas en realidad tu país, tú siempre llevas una mochila donde va tu primera comunión, tu primer día de clase, tu primera novia, la universidad etc. y eso no lo olvidas nunca, digamos que vivas donde vivas, llevas siempre una mochila con tus recuerdos principales. Yo creo que hoy en día en este mundo de tanto movimiento, vivir en tu patria es lo de menos, lo importante es mantener una identidad clara de quién eres.

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