Rolando Gallego
24/08/2016 12:30

El uruguayo Federico Veiroj (La vida útil, Acné) vuelve al cine con una historia que profundiza en la evolución de la fe de un personaje que desea, fervientemente, desistir de aquello que le han impuesto. El Apóstata (2015), protagonizada por Álvaro Ogalla, parte de la premisa de cómo Gonzalo desea apostatar de la Iglesia para sentirse libre y poder así atravesar el difícil momento de crisis económica y social que su país tiene. "Los ojos del espectador argentino son particulares”, afirma en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

El Apóstata

(2015)

¿Cómo fue el proceso de escritura del guión con Álvaro Ogalla? tuvo una épica epistolar ¿verdad?
La inspiración de la película tiene que ver con el tiempo que él estaba en Madrid y yo en Montevideo, nos conocimos cuando yo estuve viviendo en España, y en ese tiempo a la distancia, y por mail, me entero, con cierto desencantamiento por parte de él, que iba a apostatar. Me interesó eso, desde el lugar que me decía eso, y me pareció muy atractivo eso de dejar algo detrás que te representa plenamente, más allá, y dar la espalda a su familia y amigos. Y me pareció que era un buen tema para hacer una película. Le pedí que me vaya contando cómo avanzaba, fue poco tiempo, el tuvo una charla con un cura y luego él abandonó, en la película fantaseamos un poco, imaginando cómo sería, y pensamos un alegato.

¿Cómo fueron las colaboraciones el guion?
Yo le pedía que me contara, y me venían como fotos, cuando habló con el cura, por ejemplo, le había sido muy interesante, y hasta le dio cosa decirle que iba a apostatar, e incluso me llegó a decir que quería tener una fotografía del momento en el que apostataría como tiene de la comunión, y eso me parecía muy atractivo, por eso yo le pedí que mientras hiciera el proceso que me contara, porque además el estaba saliendo de todo, en ese desandar se mete cada vez más en sí mismo.

Hablando con Álvaro me dijo que él ya no sentía que era suya la historia…
En nuestra relación siempre hemos hablado de sueños y aventuras de su infancia, y a mí eso me interesaba traerlo a la película, y le pedía entonces que me dijera más detalles. Eso traía temas para el film, con los amigos, psicólogo, la madre, su familia, que es muy particular. Yo iba agarrando cosas de todos lados. En una primera instancia había una voz en off y luego en el montaje la dejamos al mínimo, por eso la construimos como una gran carta.

Además de la Iglesia, hay un tema urgente como el de la crisis económica y social ¿fue pensado o surgió luego en el rodaje?
Sin quererlo, al hacer una película en estos tiempos hay algo que se respira y es inevitable no hablar de eso, y que tiene que ver con romper con lo anterior, en el caso del protagonista lucha de manera individual con todo y con las instituciones, y es algo que ya se ha visto en la literatura española con por ejemplo Benito Pérez Galdós, y por eso lo cita y su novela “El irreverente”, y la usamos cuando habla con el obispo y Gonzalo parece sacado de ahí. El movimiento se ha visto allá, pero aquí también, en Chile, algo de intentar cambiar con lo vetusto, que para unos puede ser vetusto y para otros no, porque la Iglesia ha atravesado, en España, de manera muy fuerte todo, también su vínculo con el franquismo, y los padres del personaje lo han vivido, por eso lo fuerte de romper con todo eso.

¿Fue Álvaro siempre la primera opción para protagonizarla?
Sí, siempre la pensé para él, pero el hecho de no ser actor y querer levantar la película, ya el cine es difícil, era complicado, durante unos meses estuvo la posibilidad de hacerlo con un actor muy conocido de España, y así y todo fue difícil, luego volvimos una vez más con Álvaro y ahí le dije que tenía que hacerlo con todo, y él lo entendió y puso todo, aún teniendo mucho miedo e inseguridad, porque es muy sensible, ensayamos mucho.

¿Cómo te sentís con la repercusión del film?
A mí me gusta, si bien hace un año que la película está circulando, no es que me acostumbro, pero me gusta, sobre todo el cruce entre comedia, medio de fábula, me gusta lo que pasa en cada lugar en donde se da. No solo por la propuesta, por el actor, se desnuda mucho, en todo sentido, y el estreno acá me parece espectacular, no sólo por la cercanía, sino por los ojos del espectador argentino son particulares. La semana pasada se estrenó en México con buena repercusión, vamos a salir en Estados Unidos y Brasil, y en Francia estuvo muy bien.

Esta semana vas a compartir con la película Márama - Rombai El viaje (2016) la chance que se vean dos filmes uruguayos en el país…
Es otro público, los hijos irán a ver esa y los mayores ésta, aclaro que el film es más español que uruguayo. Estoy muy contento, no sólo por ser el país vecino, sino porque mis filmes anteriores se pudieron ver acá. Igual yo creo más en películas que en nacionalidades.

¿Está complicado filmar en Uruguay hoy?
Está pésimo. Es muy difícil. Para empezar hasta 2003 hemos sido un país con tradición de mirar, y desde ese entonces se hicieron algunas cosas que han puesto de nuevo en tema el cine uruguayo. El estado hizo una Ley, hay poco mercado para llegar, y es muy complicado sobrevivir haciendo películas, así como esta hoy, por eso es importante el sistema de coproducciones, que ayuda. Es difícil, si tengo suerte de hacer mi cuarta película, quiero vivir y que mi familia pueda vivir de esto.

¿Cuáles son tus expectativas ante el estreno en Argentina? ¿Quiénes te gustaría que la vean?
Todo el mundo. Me gustaría que se genere intriga sobre el título y que quieran verla, que vayan creyentes, no creyentes, más devotos, menos devotos, adolescentes, grandes, ojalá pueda encontrar su público.


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