Rolando Gallego
23/08/2016 12:39

En su segunda incursión en la ficción, Hernán Belón (El campo, 2011) trabaja en Sangre en la boca (2016) con un género que ha tenido infinidad de películas: el boxeo. Tomando la historia de un hombre (Leonardo Sbaraglia) que del auge de su carrera emprende un viaje hacia el fondo de su propia humanidad y profesión, contruye un relato sobre la pasión desenfrenada del protagonista por una joven (Eva de Dominicci) y sobre decisiones tomadas que cambiarán el rumbo. “Las películas de box empiezan siempre con un tipo que pierde y luego gana una pelea, y acá es al revés, es diferente”, afirma en una charla con EscribiendoCine.

Sangre en la boca

(2016)

¿Cómo te sentís presentando finalmente la película luego de un arduo proceso de trabajo?
Siento que di todo lo mejor que podía dar, es una película que se tuvo que filmar en cinco semanas. Es mucho más grande que la anterior en términos de dispositivo cinematográfico, eso hizo que filmara muy rápido, sin poder dedicarle tiempo a muchas cosas, si pude hacer mucha postproducción y al ser una coproducción pude ir a Italia a hacer el foley en Cinecittá, y también el color y la truca digital. Estuve cinco semanas en enero y un poco de febrero en Roma. Siento que crecí mucho como realizador. Luego vine y trabajé con José Luis Díaz en el sonido, ganamos un premio en Ventana Sur, y además sumé a Guillermo Nieto como director de fotografía, con quien ya hice El campo, que para mí es un groso.

¿Te gustó tener ese tiempo para la postproducción?
Yo soy originalmente montajista y por eso me gusta mucho la postproducción. Tuve muy poco tiempo de rodaje, pero mucha post, tiene mucho trabajo y hay tres cosas que en la película no son verdaderas, como por ejemplo que se peguen de verdad, y eso se contruye desde el universo sonoro, y está bueno dedicarle tiempo a eso, José Luis le dedicó como 14 semanas de postproducción de sonido y estoy muy contento con ese resultado.

¿Cómo fue el paso de una película más pequeña como El campo a esta tan “ruidosa”?
Hay algo que está en trabajar con Eva de Dominicci, no te voy a decir que la descubrí, pero todavía no tenía la exposición mediática que tuvo luego de la presencia en la televisión, fue justo ese momento, y si bien para mí es una estrella total, no imaginaba el lugar que iba a tener cuando hice el casting. Mi desafío era profundamente cinematográfico, porque el boxeo es muy cinemático, de hecho una de las primeras películas de Edison es sobre el box.

¿Y cómo era el desafío para salir de las convenciones del género?
A mí me gusta mucho usar los géneros para luego cambiarlos, eso está bueno.

Sangre en la boca comienza de una manera exitista y luego cambia a la decadencia del protagonista…
Sí, para que el espectador entre en un código y luego salga, ya en El campo hice esto, empezando como una película de terror, me gustaba tomar el género y traicionarlo, y en esta también, porque las películas de box empiezan siempre con un tipo que pierde y luego gana una pelea, y acá es al revés, es diferente, me parecía que estaba bueno tomar ciertas convenciones del género, como la femme fatale, que acá es también boxeadora, hay algo de cine noir, y citas a clásicos como El Desprecio (1963) de Jean-Luc Godard, con el cuerpo expuesto al inicio, y otras citas a Favio, en lo que muestro de Barracas, algo en decadencia.

¿Te gusta el boxeo?
Me gustan más las películas de boxeo que el boxeo en sí, en eso de algo muy primitivo de eso de “agarrarse a las piñas”.

¿En cuanto a que se juegan su hombría?
Sí, y en exigirse respeto a las piñas.

Debora (Eva de Dominicci) le exige eso a Ramón (Leonardo Sbaraglia) en una escena…
Le pide que la respete como deportista, en eso de vencer al otro. Yo le pedía a uno de los boxeadores en el film que caiga a la lona en una escena, y no lo quería hacer, y tiene que ver con eso. Por eso me gustan, como te decía, las peleas cinematográficas y las películas de boxeo por aquello que muestran y cómo exponen, pero acá quería hablar de la pasión dentro de ese mundo, y es algo que no se cuenta. Por la pasión ha caído Troya, bombardean el Golfo porque Clinton estuvo con su pasante…

Hay cierta analogía en la pasión de Sangre en la boca a La Mary (1974), al mito sobre el rodaje…
Totalmente.

¿Cómo fue el trabajo con los protagonistas y con la cámara ser el tercer actor?
A mí me calientan mucho del film los besos, creo que tienen una química y veracidad impresionante. El método que tengo proviene de mi formación con Augusto Fernández, donde conocí a Sbaraglia, y de él aprendí a esto de transmitir que somos un equipo. Como director trato de generar esa confianza para ir al mismo lado. Tuve la suerte que Leo tuviera un parate y entrenamos juntos para meterme también en el mundo del boxeo, y también hacer un buen research para el film. Luego se sumo Eva y siempre fuimos tres, cuando filmo tengo un monitor al lado de la cámara para estar con ellos, no me gusta estar lejos, y eso crea una confianza para que puedan ofrecer todo. Leo es una muy buena persona, generosa con la expresión y conmigo, y Eva también, y así se conformó el clima, y si había que estar “en bolas” lo hacían. El equipo técnico también ayudó.

¿Escribiste pensando en Leo el guion?
Sí, y Eva surgió de un casting, una chica me pasó un reel pero a mí me llamó la atención otra y después busqué en Internet el contraplano de la escena y ahí descubrí a Eva. Cuando vino al casting había también algo del desparpajo de su juventud. A Leo le mostré el guion y fue un sueño que teníamos los dos después de El campo, se demoró hasta que armás todo y acá fueron cinco años.

¿Y Erica Banchi?
Me pasaron material de algunas que les interesaban y me gustó mucho su precisión milimétrica. Al principio la iba a hacer hablar más en español pero luego decidí dejarla hablar en italiano, porque hay algo atávico en eso y de identificación.

¿Cómo pensaste la relación de los personajes?
Hay algo de vampiro entre Ramón y Debora, algo presente en todas las relaciones.

¿Fueron complicadas las escenas de pelea?
Primero había que conseguir que los actores tengan el cuerpo de un boxeador, eso requiere de una dieta particular, no basta con hacer fierros y marcarse, porque el boxeador no tiene bíceps porque sino no puede defenderse. Luego hubo que reescribir el guion con las coreografías de las peleas, el guion dramático, y eso lo hice después con los coachs de boxeo que me ayudaron, y además para repetirlo con los actores para que no se lastimen, y luego al filmarlos para poder hacer que las peleas sean más potentes, por ejemplo las trompadas para que parezcan mucho más fuertes tienen un corte muy pequeño sobre el eje en la postproducción para potenciarlas. En esta película hay dos cosas que no son reales y tenían que parecerlo, la violencia y el sexo, yo los quería muy verosímiles y eso tiene un trabajo de manipulación del material importante. Las escenas de pelea tienen, además de bastantes extras, aunque la película es mucho más chica de lo que realmente parece, un green screen y desde la iluminación también ayudamos a eso. En tres días filmamos las peleas, con un gran equipo, contraluces y cosas para que luego se puedan trucar. El verdadero desafío fue físico porque en tres días rodamos todo, para Leo fue una exigencia enorme, porque las jornadas eran de 12 o 13 horas. Luego hubo mucha posproducción, fui a Italia y yo volví y aún seguían terminándola, porque acá tuvimos 260 planos trucados, una cosa demencial. El otro día hablaba con un director de una película que costó dos millones de dólares y tenía 140 planos trucados, y esto costó muchísimo menos.

¿Lo próximo será una película de acción?
No, quiero hacer una comedia muy americana tipo Judd Apatow, a cara de perro, ya tengo el guion, una pareja.

¿Va a estar Leonardo Sbaraglia?
Seguramente, es alguien muy afín y además un amigo, y disfrutaría mucho eso.

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