Rolando Gallego
22/08/2016 13:42

La irreverente historia de un hombre que decide salirse de la Iglesia Católica, rechazando la decisión que sus padres tomaron sobre él, es sólo el puntapié inicial de El Apóstata (2015) del realizador uruguayo Federico Veiroj (La vida útil, Acné) y protagonizada por Álvaro Ogalla, quien además es guionista del film (la historia de la película está inspirada en él). EscribiendoCine dialogó en exclusiva con él para poder conocer más del proceso de actuación y realización del film que estuvo en la competencia del  63 Festival de San Sebastián y 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. “Nunca la podré ver como cualquier película, porque me ha hecho crecer y ser mejor persona”, afirma sobre la experiencia.

El Apóstata

(2015)

¿Cómo surge la idea de El Apóstata?
Yo realmente traté de apostatar en 2006 en un momento que la Iglesia en España tenía mucha presencia política, con una serie de leyes progresistas, cosméticas, pero necesarias, y una de las reformas fue la decisión de aceptar el matrimonio igualitarioy la Iglesia invitó a las familias a protestar contra la homosexualidad algo absurdo y abstracto. Yo trabajaba cerca de allí y veía las marchas con hijos pequeños y hablaba con la gente y les decía que estaban criando a intolerantes y qué iban a hacer si sus hijos eran gays o lesbianas.

¿Dónde era esto?
En Madrid. Llegaban autobuses repletos de gente, era una locura, una manera de promover la violencia y la intolerancia. Hacía tiempo que quería apostatar, por convicción política, soy muy ciudadano y expreso mi opinión como tal y estas manifestaciones me dieron la idea de hacerlo. Federico Veiroj vivía en Uruguay y cuando le conté le divirtió mucho esto y luego de algún modo entendió que tenía que ver con la ruptura histórica que mi generación representa en cuanto al franquismo y que era muy divertido para filmar y reflejar un momento, el presente, más crítico, post Internet, posibilitando democracias directas, algo que se ve en las primaveras que pasan en el mundo.

¿Fue tal cuál tu proceso para apostatar lo que muestra El Apóstata?
Sí, tal cual, con más humor, con todas las presentaciones que hice, la carta que escribí para que se lea en el juicio, modificada, y el encuentro que tuve con el obispo, que no tuvo lugar y el protocolo igual.

Vos quisiste ir a lo máximo…
Sí, lo quise vivir, y hacer toda la parte burocrática, y también si tenía que hablar con algún sacerdote o escribir las alegaciones lo iba a hacer.

¿Cómo transmitiste en el proceso de escritura del guion todo lo vivido?
Fueron como cartas. Arrancó escribiéndole una carta diaria a Federico contándole algo y él lo trabajaba con Nicólas Saad y ellos configuran el esqueleto de la película, sólo hacía eso, no veía el guion, me decían que les hable de cosas y me proponían cosas. Fue un relato que intentó reflejar lo que me pasó.

¿Cuántas versiones hubo del guion?
Hubo varias, una master y otras que íbamos retocando a diario. Gonzalo Delgado hizo grandísimos aportes, la última versión que tuvimos fue 15 días antes de rodar con un ritmo más cinematográfico y durante el rodaje se revisó nuevamente, cosas se caían y otras subían. El desafío diario era ver cómo darle valor entre todos al guion y así llegamos a lo inevitable de la película.

¿Te fue difícil reinterpretarte?
Nunca quisimos ser fiel a la realidad, la cuarta versión la dejó atrás, y eso es un descanso, el director estuvo muy abierto a recibir aportes sabiendo lo que quería, fue liberador.

¿Eso te ayudó?
Si, totalmente, tenía mucha ansiedad y Federico me la bajó, que me conoce lo suficientemente bien como para hacerlo.

¿Qué roles te gustaría interpretar más adelante para salir de este rol icónico?
Me quedé con curiosidad de dos cosas, me gustó mucho la relación con el texto, memorizar y me encantaría hacer teatro clásico, siento mucho las cosas viejas, soy curioso, casi antropólogo, y también encontrarme con mi violencia, que es algo que me gustaría, por ejemplo hacer una épica, porque tengo rostro de alguien antiguo.

Hay una apuesta al arte de la comunicación del film, ¿cómo lo pensaron?
Yo participé de todas las instancias, hemos hecho brainstorming entre todos.

Hay cierta reminiscencia al cine mudo por momentos ¿por qué?
Federico es muy cinéfilo y jugó mucho con el cine forma, de manera consciente e inconsciente, el cine le influye y no lo evita y el cine mudo estuvo presente todo el tiempo, con varias referencias que me ofreció Carl Theodor Dreyer, Charles Chaplin, clásicos como Carlos Saura, Marco Bellocchio, varios. Trabajó desde muchos puntos, en casos para ver la vehemencia y la perplejidad, de cuando una noticia irrumpe en la realidad y la transforma.

¿Cómo fue el proceso de elección del casting?
Trabajamos con jóvenes promesas de casting en España, y también pensamos nombres, pero ellos nos ayudaron a conseguir a los actores y a convencerlos que cobren poco. Tuve la oportunidad de trabajar con Marta Larralde, y ensayamos dos personajes que cambio de vecina a prima y Andrés Gertrúdix me enseño y me dio herramientas para sacar el personaje y aceptar el reto de rodar, pues soy muy tímido. Así se volvió todo muy sencillo, porque el personaje se construye entre todos.

¿Cambió lo que te imaginabas a lo que realmente fue?
Sí, totalmente, trabajé mucho con la memoria, y quería olvidármelo y estar pendiente de las emociones que me generaba y en las tomas, que sabía que estaba bien, eran en las que más me olvidaba que las hice. De pronto te metes en un flujo de cosas y no sabes qué has hecho.

A nivel experiencia, estás expuesto totalmente en la película, ¿te costó volver a la vida diaria?
Sí. Pero estuve muy involucrado. Hasta llegué a ser doble de luces. Me encantaba estar en el set, fue un trabajo super exigente. Luego llegaba a casa, corría para sacar un poco de adrenalina y dormía. Estuve muy sensible durante el rodaje. El mismo era como una burbuja. Cuando volví al finalizar el rodaje fue un luto. Al otro día volví a mi trabajo normal, con las emociones muy exacerbadas, leo, veo pinturas y me conmuevo, estoy mucho más en contacto con mis estados.

¿Qué te pasó al ver la película terminada?
Lo primero fue que aprendí más de la interpretación, me venían escenas del rodaje, y sentí que me pude despegar, vi el comienzo con ojo crítico, pero luego me relajé. Nunca la podré ver como cualquier película, porque me ha hecho crecer y ser mejor persona y va a ser un filme que no puedo saber qué le pase a los demás. Siempre le descubro más matices. Estoy haciendo un proceso de desapego de la película, voy encontrándole más formas y me emancipa, Daniel Hendler me dio buenas claves sobre esto, “vas a querer recibir cariño porque la hiciste con cariño”.

¿Cómo vivís la exposición?
Lo vivo más como un turista, pero me saca del común y me parece divertido, lo veo con escepticismo, recibo el cariño y no me envanezco. El arte y la sensibilidad te sirven para despertar algo que es tuyo, lo tenés dentro y estoy agradecido por esto.

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