Rolando Gallego
21/08/2016 14:36

De la mano del realizador Hernán Belón, el actor argentino Leonardo Sbaraglia vuelve a la pantalla para interpretar a Ramón en Sangre en la boca (2016), la historia de un boxeador en retirada que se deslumbra por la pasión desenfrenada con una joven (Eva de Dominicci) que lo lleva a cambiar sus decisiones. “La primera escena de pelea estuvimos desde las 11 de la mañana hasta las 18, otra que las olimpíadas, mucho más exigente que una pelea real”, cuenta en una relajada charla con EscribiendoCine.

Sangre en la boca

(2016)

¿Fue difícil la preparación física para interpretar a Ramón?
Sí, yo empecé a entrenarme porque me parecía importante y también conocer el mundo del boxeo, porque iba a tener peleas exigentes. Arranqué en diciembre de 2014, luego paré para rodar una película, Diego "La Joya" Chávez me dio parámetros a tener en cuenta, y luego retomé en febrero y estuve cuatro o cinco meses.

¿Cómo fue introducirse en ese mundo?
Era importante conocer algo de esas identidades, entrevistamos a Locomotora Castro, Chávez me entrenaba, fuimos a peleas, es un mundo ajeno a uno pero creo que nos metimos bastante. Fernando Múñoz, que estuvo con nosotros, que además de entrenar es un teórico y el nos decía que había muy pocos filmes que se metieran en esto .

¿Tenías algún referente de films de este género?
Toro Salvaje (Raging Bull, 1980), Boxer (1993), las más clásicas, Gatica, el mono (1993), que se mete más con el personaje, que con el mundo del boxeo y tiene eso poético de Leonardo Favio, y luego no hay mucho de cine argentino de boxeo, y tomé cosas del entrenamiento, y volví a revisar algunos films, para ver que habían hecho. Salvando distancias creo que logramos un boxeo bastante afilado, en Toro Salvaje está la historia de un personaje, pero creo que tiene que ver como se lo cuento, las referencias externas las buscás, por ejemplo para Al final del túnel (2016) ví Nacido el 4 de Julio (Born of the fourth of July, 1989) o Carne Trémula (1997), pero las referencias las tomas de la vida, del trabajo que como actor haces. Uno de mis maestros me dijo que no había que mirar el trabajo de otros actores, sino buscar más qué le pasa a uno.

¿Cómo fue el trabajo con Eva de Dominicci y con Hernán Belón y su cámara?
Ensayamos mucho, porque estamos muy expuestos. Con Hernán hablamos mucho porque le interesaban mucho esas escenas, para mí la historia era el ascenso y la caída, el golpearse con el muro, pero para él era importante la historia de amor, se le dio mucha importancia a eso, al sexo, a lo erótico y ahí fue importante el trabajo con Eva, creo que fue más difícil para ella que para mí, yo ya tengo un cuero en eso, Plata Quemada (2000), películas que hice en España, Aire libre (2014), en donde el desnudo es complicado, desde el hartazgo, para ella fue más complicado, acá yo también estoy desnudo en las peleas, podía pensar si había que hacer más o menos escenas, ella se tuvo que animar, y me impresionó la libertad con la que lo hizo.

¿Cómo hiciste para entrar y salir de personajes tan antagónicos como el de este film y el de Al final del túnel?
Al final del túnel encima la rodé después de esto, y a pesar de todo, para mí fue el personaje que a nivel físico más me exigió en mi carrera, no me lo esperaba, me sorprendió el nivel físico. Acá hubo algunos días, por suerte estaba entrenado, pero las peleas se hicieron en tres días en la Federación del Box, y eso la gente no lo sabe, la primera escena de pelea estuvimos desde las 11 de la mañana hasta las 18, otra que las olimpíadas, mucho más exigente que una pelea real, con boxeadores profesionales. Terminabas y al otro día te tocaba con otro otra pelea, le preguntaba a la producción por qué me hacían eso.

Estas teniendo mucho trabajo…
Sí, por suerte, hice entre noviembre de 2014 Era el cielo (O silencio do Ceú, 2016) y Nieve Negra (2017) seis películas protagónicas, no es algo que lo planee, tenía planteadas tres películas, surgieron cosas, como la película de Israel Adrián Caetano, se confirmo Nieve Negra, y qué le vas a decir, que no?, ahora estoy más relajado, haciendo teatro, de gira, algo que me da aprendizaje, es una liberación, es un espacio de mucha creatividad, el cine también, pero el cine te saca vida durante cinco o cuatro semanas, el teatro es otra cosa.

Y además el cine te suma la parte de promoción
Sí, recién vuelvo de promocionar Al final del túnel de España, y luego uno mira con nostalgia la etapa y te preguntás, por qué no lo disfrutaste más.

Se viene una segunda temporada de O Hipnotizador…
Sí, me reservé tiempo para eso. La vamos a filmar en Uruguay en Fray Bentos y Montevideo.

¿Cómo es volver a interpretar a Natalio Arenas?
Primero yo soy otro, y hubo muchas revisiones de los libros, esta temporada va a ser más de acción, si la primera era más introspectiva y experimental, ésta necesariamente será de más acción, todavía me voy metiendo, pero estoy terminando una película.

¿Por qué la gente tiene que ver Sangre en la boca?
Porque el espectador argentino no está acostumbrado a ver cine de boxeo, está muy bien realizada, te deja interrogantes sobre la vitalidad, la muerte, la ilusión, el golpe contra la pared, la pareja, el amor, el asumir las crisis, los caminos, las decisiones que se toman a pesar que te digan que no y además tiene un lenguaje muy particular, el de Hernán, íntimo, interesante, no convencional y un lenguaje atípico de la película como en El campo (2011) se hablaba de una pareja en determinada instancia, acá hay algo de la pulsión vital y la ilusión y de seguir en lo estable o volver a enamorarse, de estar en una crisis, atravesarla o negarla, creo que la película es bastante honesta.

Foto: Paz Varales

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