Noelia Monte
26/07/2016 18:27

El retorno de Don Luis (2016) refleja la historia de Luis Millán, un Mapuche que luego de varios años vuelve a su lugar de origen para recuperar su identidad perdida a causa de la discriminación e imposiciones provenientes de culturas ajenas. “Me gustaría que la película impulse a quien la vea a indagar en sus raíces, en quienes somos y de dónde venimos”, reveló el director del documental, Sebastián Deus, en una entrevista con EscribiendoCine.

El retorno de Don Luis

(2016)

¿Qué fue lo que te llevó a documentar esta historia y cómo se realizó la elección del personaje?
En 1996 conocí la lucha que organizaciones de Jóvenes Mapuches estaban dando en la Patagonia para evitar los desalojos de las comunidades. Me invitaron a filmar y de ese viaje hice mi primera película que se llama Werken. Allí conocí la historia del pueblo Mapuche y vi con mis propios ojos como los estaban desalojando y persiguiendo nuevamente, prometí volver a filmar en otras comunidades. Al año siguiente cuando fui a Esquel a encontrarme con los jóvenes de la organización, ninguno podía acompañarme a filmar al campo; pero el padre de Moira aceptó venir conmigo.

Fue así que nos conocimos con Don Luis, él estaba recién jubilado y en esos viajes que hacíamos visitando antiguos pobladores Mapuches que viven en medio del campo nos hicimos amigos. Luis se había ido de muy chico de sus pagos y empezó a involucrarse cada vez más con la organización política que habían creado sus hijos. Empezó a recuperar también la cultura y la espiritualidad Mapuche, yo fui testigo de ese proceso y lo fui filmando durante los años.

Cuando decidí hacer una película con él fue porque justamente sus padres que eran Mapuches, lo criaron como argentino y en la escuela quisieron moldear su identidad. Pero a los 60 años después de toda una vida, Don Luis decidió recuperar su cultura y su identidad de la mano de sus hijos.

Considerando que la película se hizo a los largo de diez años, tiempo que no es para menos, ¿Cómo describirías el vínculo que tuviste que generar con el protagonista Luis Millán?
Se generó un vínculo de amistad muy fuerte, conozco a toda la familia ya que la hija de Don Luis, Moira Millán, fue la primera con quien contacté. Pero después en los sucesivos viajes que hice al lugar, conocí a casi todos sus hijos y muchos de sus nietos. Compartí también muchos momentos de lucha de la familia y la organización 11 de octubre. A lo largo del tiempo fui registrando los distintos conflictos y acciones; por eso se forjó una relación muy fuerte de afecto con toda la familia. Con él hicimos muchos viajes y disfrutábamos mucho recorriendo parajes inhóspitos para llevar un mensaje u organizar una reunión.

¿Qué nos podes decir acerca del seguimiento que les tuviste que hacer a los personajes de la historia para obtener escenas que salen de la rutina cotidiana?
Los primeros dos viajes fui registrando los testimonios sin tener en claro como lo iba a organizar o que iba a quedar en la película. Cuando decidí que Luis fuera el protagonista y a partir de él contar la historia, pensé en buscar algunos personajes que simbolizaran problemas específicos del pueblo Mapuche. Que cada viaje represente un conflicto específico: la falta de agua, la usurpación de tierras, la recuperación. También se fue dando que de un año a otro aprecian más o menos algunas personas como el Lonco Agustín o Segunda Huenchunau que son dos personas mayores, referentes de su pueblo y que van siempre a todas las acciones, entonces tenían que estar.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con la comunidad Mapuche? ¿Hay alguna anécdota en particular que recuerdes?
Fueron muchos años de viajes, con anécdotas de todo tipo. Por ejemplo recuerdo una vez que estando en Buenos Aires, me llama Don Luis y me dice que tengo que viajar para allá urgente porque iba a suceder algo muy importante, pero no me podía decir nada por teléfono porque estaba pinchado. Me insiste que vaya que era importante. Yo me pido días en el trabajo, preparo el equipo a las apuradas y viajo solo en colectivo 24 horas hasta Esquel. Llego justo a horas de que se inicie la acción. En la casa donde se reunían estaba hablando un abogado de los problemas que podía traer lo que íbamos a hacer. Éramos unas 30 personas, la mayoría Mapuches, dos fotógrafos y yo con la cámara; esa misma noche salimos en combis hasta un paraje en medio de la ruta. A las 5 de la mañana entramos en un campo que había pertenecido a una familia Mapuche y que había comprado Benetton. En dos horas se había instalado un campamento con víveres para resistir varios días, se enarboló la bandera Mapuche y se hizo una rogativa. Más tarde llego la gendarmería y el juez, durante 16 hs rodearon el predio listos para reprimir, pero la resistencia y la acción de los abogados con la campaña de difusión por las redes sociales consiguieron frenar el desalojo. En ese lugar llamado paraje Santa Rosa todavía hoy viven varias familias Mapuches.

¿Qué balances haces respecto de la aventura que emprendiste con esta película?
Fue realmente una aventura, rompí dos autos y una cámara en esos viajes. Recorrí miles de kilómetros y conocí gente maravillosa. Nunca lo tomé como un plan de rodaje, solo al final en el viaje que recopila toda la historia seleccionamos escenas y lugares concretos para filmar. Fue un derrotero, un dejarse ir, tengo muchísimo material grabado de esos viajes que no entró en la película por cuestiones de selección y de las historias que tenían más continuidad. Más allá del esfuerzo, siempre que hablo con Don Luis, surge el plan de volver a viajar juntos por la Patagonia en busca de nuevas historias.

A días del estreno, ¿Qué mensaje buscas hacerles llegar a los espectadores con El retorno de Don Luis?
Me gustaría que la película impulse a quien la vea a indagar en sus raíces, en quienes somos y de dónde venimos. Y también que nunca es tarde para conocernos y cambiar, aunque eso implique dejar atrás toda una vida.

Siendo un realizador de cine independiente, ¿Qué ventajas y qué dificultades te tocan atravesar?
Por un lado poder hacer películas sin condicionamientos de ningún tipo, expresándome realmente como quiero es la principal ventaja de ser un realizador independiente. Concibo las películas como un todo, donde la producción, la realización y la distribución son parte misma del proceso.

Esta película no puede hacerla la industria o el mercado, porque tiene otros tiempos, no puede viajar a lo largo de 10 años registrando un proceso de este tipo, necesitan resultados inmediatos. Nadie me daría financiamiento para un proyecto así, que retrata un hombre común del sur del país.

Por eso es importante que se mantenga y fortalezca el fomento a este tipo de documentales a través del INCAA, que se financia con un presupuesto muy chico del Instituto, menor al 3% y se hacen muchísimas películas que luego se ven en todo el mundo. La llamada 5ta vía Documental permitió que muchísimos directores de pensamientos muy diversos puedan filmar; esperemos que las nuevas autoridades mantengan esas políticas y las amplíen.

La gran dificultad que tenemos hoy es la exhibición: En el cine es muy difícil acceder más allá del Gaumont, no hay un circuito específico para el documental. En televisión peor, el cable está copado por producciones de EEUU y nuestras películas no tienen espacio, solo INCAA TV que tiene una capacidad limitada. Me gustaría que haya un canal de cable exclusivo para documentales argentinos.

Queda Internet, es el futuro, las plataformas tipo Netflix; puede ser interesante si desde Odeón nuclean toda la producción nacional, sino es como tirar botellas al mar, cada uno sube a Vimeo o Youtube y llegas solo a tus contactos cercanos.

¿Qué proyectos cinematográficos tenes de cara al futuro?
Estoy terminando una película que se llama: Leyendas del Tren Patagónico. Cuenta la historia de este curioso tren, construido en 1910 y que cruza a lo ancho el país y las leyendas de la zona.

El Tren Patagónico sigue funcionando una vez por semana de Viedma a Bariloche, sale desde la costa del atlántico pasa por la meseta de somuncura va recorriendo una antigua ruta que los habitantes tehuelches y mapuches hacían en caravanas; cruzando el Bajo del Gualicho, un océano seco a 72 metros bajo el nivel del mar; uno de los lugares más desolados del mundo, escuchando las leyendas del lugar: el mito de la salamanca o la cueva del diablo, recorriendo el territorio en un tren de película cuyas estaciones nos llevan a conocer una parte de la argentina sorprendente.

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