Matías E. González
21/06/2016 10:41

EscribiendoCine dialogó con Claudio Remedi, director de La ilusión de Noemí (2016), película que cuenta la historia de Sergio y Noemí, compañeros de escuela, que siempre están juntos y tienen una particular amistad. Una visita al museo de Ciencias Naturales los impulsa a excavar en secreto en el jardín de la casa de la niña. El film narra las distintas situaciones que irán sorteando estos entrañables amigos. “En el film la amistad supone reconocer al otro, compartir, negociar, acordar, ceder. Se aleja del concepto de la competitividad que impone un sistema basado en la explotación, el orden de mérito o el engaño, que en tal caso encarnan los antagonistas”, sostiene el cineasta.

La ilusión de Noemí

(2016)

La ilusión de Noemí es la primera ficción del grupo Boedo Films, el cual tiene gran trayectoria en el cine documental ¿Qué los motivó a hacer ficción?
Los documentales que producimos en general estaban destinados a un público adulto. Con el tiempo tuvieron oportunidad de proyectarse en escuelas, de encontrarse con otro tipo de espectadores en los cuales no habíamos pensado. Títulos como Fantasmas en la patagonia, la historia del pueblo de Sierra Grande que sufrió un éxodo terrible por el cierre de la mina de hierro, se proyectó en secundarias. Obreras sin patrón -un mediometraje sobre las trabajadoras de una textil que recuperaban su fábrica- nos la pidieron en escuelas primarias... Incluso Agua de fuego es documental de referencia sobre la problemática del trabajo en los manuales de 5º año. Se dio entonces que había una franja de público destinatario que queríamos abordar, y de allí surgió el proyecto de ficción, protagonizado por dos chicos de 11 años que viven en un suburbio industrial; con un guion que se comenzó a delinear hace más de diez años, y que después de varias búsquedas de financiación y reescrituras logró ganar el premio a la producción de películas digitales en el INCAA. Por otra parte las experiencias previas en torno al registro de lo real fueron una gran escuela cinematográfica, donde la puesta en escena documental como técnica la aplicamos desde las más tempranas producciones. Eso dio pie a un paso muy natural del documental a la ficción y ahora de la ficción nuevamente al documental: la narrativa y la búsqueda de constituir un relato sumando sonido e imagen movimiento en el fondo es la misma.

En la película se refleja la niñez, pero no la “invadida” por elementos de tecnología, sino con más calle. ¿En que se inspiró para hacer La ilusión de Noemí? ¿Hay algo de su historia personal en el film?
Si hay algo que retoma la película es esta posibilidad de que los chicos ocupen nuevamente la calle, cosa que se está perdiendo en las grandes ciudades pero que se percibe aún en los pueblos, en los suburbios. Los que vivimos en los barrios periféricos de Buenos Aires nos encontramos con plazas que están completamente abandonadas, sin hamacas para chicos que no sean bebés, sin toboganes, ni juegos clásicos, convirtiéndose dichos ámbitos en espacios sórdidos y vacíos. Así como las veredas, los pasajes, los baldíos: los niños en la calle no juegan, no están. La ilusión de Noemí retoma la lógica de transitar el mundo por parte de los protagonistas. También recupera esa lógica de compartir, acompañarse y jugar sin la asistencia de ningún dispositivo electrónico. Cuando chico jugaba con mis amigos a algo que le llamábamos el fin del mundo y que simplemente se trataba de articular una historia fantástica a través de la imaginación. Inventábamos escenarios -por ejemplo un precipicio al final de la calle, conflictos -como ser un perro que se transfiguraba en un animal mitológico-, etc. Con esas referencias se inspiró el mundo de Noemí y Sergio, donde los sueños -siguiendo también a nuestro maestro Luis Buñuel- inciden en la vida y le otorgan otro significado.

La ilusión de Noemí resalta el valor de la amistad. En su caso, además de ese aspecto ¿qué mensaje busca transmitir a los espectadores?
Quizás la historia refleja una búsqueda. La búsqueda de Noemí por tratar de tener una imagen de su madre que está ausente... Pero a su vez Noemí no está sola, se sostiene gracias a la amistad con Sergio. En el film la amistad supone reconocer al otro, compartir, negociar, acordar, ceder. Se aleja del concepto de la competitividad que impone un sistema basado en la explotación, el orden de mérito o el engaño, que en tal caso encarnan los antagonistas. A su vez los protagonistas adultos se relacionan de forma solidaria; hay algo que indica que deben tomar sus vidas en sus propias manos y sumar la amistad y la solidaridad en algo más que supere el corto plazo.

Finalmente los chicos hacen un descubrimiento, entonces la pregunta es: ¿eso que descubren es lo que realmente buscaban? Como el talismán -real o imaginario- al que cada uno de nosotros se aferra para sobrevivir, también en la película se presenta esa caja misteriosa y a la vez metafórica, a la manera de lo que no logramos descubrir en Belle de jour o incluso lo que sí intuimos con el Rosebud de El ciudadano. Por último, el film transmite hacia el final el valor de la libertad. Desde ese punto de vista la ficción aporta esa posibilidad, que la vida de los personajes de un paso adelante, que tu deseo como espectador finalmente se vea reflejado en la historia.

Los protagonistas juveniles son Martina Horak (Noemí) y Joaquín Remedi (Sergio) ¿cómo fue la selección de estos actores? ¿Qué condiciones tenían que presentar para interpretar a los personajes?
Buscábamos actores nóveles, que tengan cierta experiencia actoral o artística pero que no vinieran con los tics propios de la actuación televisiva. Con Martina Horak nos encontramos a través de un extenso casting y nos cautivó su Physique du rôle y su capacidad de improvisar en situaciones donde sólo había pequeñas líneas de acción. En el caso de Joaquín Remedi privilegiamos su frescura, su acercamiento a las cámaras -por intermedio de nuestra convivencia cotidiana- y su capacidad de manifestarse frente al público ya que cuenta con un training previo gracias a su formación en la escuela de música municipal.

La película no solo cuenta las aventuras de los amigos Sergio y Noemí sino también el día a día de los adultos que los rodean ¿Cómo fue desarrollar ambas ideas de manera completa en la misma cinta?
Digamos que el mundo adulto y el mundo infantil conviven en líneas narrativas alternas, que tienen puntos de anclaje, pero que conservan también una progresión propia. Finalmente la historia de los chicos gana peso hacia el final, dejando como idea que ésa es la historia con mayor relevancia.

La película tuvo como locaciones a Buenos Aires, La Plata, Berisso e Isla Paulino ¿cómo describiría el proceso de rodaje?
La cantidad de jornadas se ajustaron en lo que respecta a un rodaje de ficción convencional, por nuestro encuadre productivo y financiero. La mayoría de los interiores se rodaron en Buenos Aires y cobró importancia Berisso como contexto de la historia, con sus canales, astillero, fábricas y casas de chapa. Por otra parte la isla Paulino es inseparable de Berisso pero tremendamente contrastante, por mantener su foresta como selva marginal natural del Río de la Plata, porque lo fabril da lugar a un escenario que bien podría haberse mantenido así a lo largo de los siglos. Cabe señalar que tanto las secretarías de cultura de la ciudad de Berisso como de La Plata, facilitaron el acceso a locaciones y servicios para que el film fuera posible.

Respecto a su futuro en la industria cinematográfica ¿está trabajando en algo actualmente o hay algún proyecto en mente?
Nuestra idea es proyectar La ilusión de Noemí en todo el país. Elegimos los espacios INCAA porque creemos que es el lugar natural de exhibición de nuestro cine y que mantiene entradas a precios populares, al alcance de todo público. A la par estoy co-dirigiendo junto a la realizadora Teresa Saporiti un documental al estilo direct cinema cuyo tema es el centenario del genocidio armenio, retratado a partir de dos ciudades: Erevan, capital de Armenia y Buenos Aires, uno de los destinos más relevantes de la diáspora armenia en latinoamérica.

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