Ezequiel Obregón
12/06/2016 13:38

En Nuestras mujeres (Nos Femmes, 2015), comedia negra que hace foco en la amistad masculina, Richard Berry lleva al cine la obra teatral de Eric Assous, que también dirigió y protagonizó y que actualmente puede verse en la cartelera porteña con las actuaciones de Guillermo Francella, Arturo Puig y Jorge Marrale. En un diálogo exclusivo con EscribiendoCine, reveló que del dispositivo cinematográfico valora “el hecho de ser creativo, de tener libertad de decir lo que yo quiero y no depender de la escritura o de la creatividad de otros”.

Nuestras mujeres

(2015)

Un imponente departamento parisino es el espacio en donde se sucederán, durante una noche, diferentes discusiones en torno a un accidente fatal, vinculado a la violencia conyugal. Tres amigos en un momento crucial pondrán a prueba su amistad. Uno de ellos mató accidentalmente a su mujer. Y todos saben que desde ese momento nada será igual. Los actores son Daniel Auteuil, Thierry Lhermitte y Richard Berry, quien también dirige esta transposición de una obra teatral.

En la versión cinematográfica ha decidido incluir a las mujeres, las grandes ausentes de la obra. ¿Qué lo motivó a tomar esta decisión?
Hablar de algo que no se ve es muy frustrante para el espectador. Lo que ganó el público fue que se incluyeron las mujeres y ya no era necesario nombrarlas, sino verlas.

La obra, como varias comedias francesas, parte de un hecho insólito, no habitual, y deconstruye los valores de la burguesía. En este caso, el final ofrece una celebración de la vida en familia.
Acá no sería tanto la burguesía, sino la violencia conyugal. Se pone en escena el problema de las parejas. La crisis funciona como un revelador de los problemas de estas personas, en sus parejas. En cuanto a lo de la familia, es así como vos decís. Después de la tormenta, viene la calma. Creo que la comedia es un modo de hablar de ese problema, la violencia conyugal. Pero de una manera más amena.

En Nuestras mujeres, los varones afrontan un dilema. Son sensibilizados por la situación que les toca vivir. ¿Esto esboza una imagen del nuevo varón francés y urbano?
Yo espero que sea así, que la película los ubique en ese rol. Fue una intención de la película. Uno puede ir identificándose, de a vez, con cada uno de los personajes. Uno tiene ser ganas de quien denuncia la violencia, del amigo que apoya, e incluso uno podría ser el que va demasiado lejos y se pone violento. Y el mejor lugar es el del espectador, que dice “si estuviera en esta situación, sería éste, aquel o el otro; o un poco de cada uno”.

Vemos muchas transposiciones de comedias contemporáneas, ¿pero ocurre lo mismo con los clásicos?
No. Lo clásico en Francia es demasiado sagrado, no se puede transponer. Se representa la obra y se la filma como se la representa. Los ingleses se dan muchas más libertades, con los clásicos y con Shakespeare en particular.

Apreciamos mucho buen cine francés y también muy buen teatro, ¿pero qué ocurre con la televisión francesa?
Cada vez más. Las dificultades económicas del cine son tan grandes, que ahora muchas cosas que son ambiciosas se hacen en televisión. La televisión francesa va mejorando.

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