Tomás Tito
29/05/2016 13:48

Rodeando las fechas patrias de nuestro país, Nahuel Machesich nos trae un documental sobre un importante pedazo de la historia argentina. Un poco por fuera de lo convencional y con interesantes recreaciones animadas de los sucesos que cuenta, El sable (2016) narra desde los ojos de dos testigos de los hechos, el operativo de cinco jóvenes de la Resistencia Peronista para robar el sable corvo del general José de San Martín con el objetivo de reanimar la militancia del peronismo. El director dialogo con EscribiendoCine y comento los sucesos diciendo: “lo primero que me llamó la atención fue no haber escuchado nunca nada sobre ese episodio.

El sable

(2016)

¿Cómo surge la idea de hacer este documental?
Un compañero de trabajo –historiador él– me contó el hecho, a mediados de 2008. Lo primero que me llamó la atención fue no haber escuchado nunca nada sobre ese episodio. La curiosidad me ganó e, inmediatamente, me puse a buscar más información. El robo del sable me llevó a indagar sobre la Resistencia Peronista y sobre la historia del arma sanmartiniana. Es decir, ese operativo olvidado me comenzaba a abrir un abanico de otras historias que, evidentemente, estaban conectadas. En un primer momento me fascinaron las peripecias que ocurrieron antes, durante y después del robo. Sin embargo, cuando conocí a los dos protagonistas vivos del hecho, mi punto de vista se modificó. Comencé a concebir el episodio como una excusa que servía para indagar sobre el peronismo.

¿Hizo falta de mucha investigación para lograr “escribir” y/o pensar el film?
La investigación fue larga en el tiempo. En principio porque la historia presentaba varias aristas que no podían dejarse al azar: la Resistencia Peronista, San Martín y su sable, y el hecho concreto del robo. Lo interesante era cuando esas puntas se retroalimentaban entre sí. De todos modos durante el proceso de investigación lo central fue el acercamiento que tuve con los protagonistas del film. Ellos no sólo me contaron la historia que vivieron, sino que también me permitieron detectar lo que para mí es la tensión central del documental: como dos personas que compartieron un operativo riesgoso hace más de 50 años atrás, en la actualidad están enfrentados ideológicamente. Ambos se dicen peronistas, pero conciben a ese movimiento político desde visiones muy diferentes. Cuando vislumbre eso, encontré la posibilidad de abordar las tensiones del peronismo desde la biografía de dos militantes, e incluso desde las menciones al presente político de nuestro país.

En la película se ve que usaron material de archivo y material conseguido personalmente, ¿De dónde consiguieron este material?
El material de archivo sobre el peronismo está muy trillado. Así que una de las preocupaciones que tuvimos fue la de encontrar material fotográfico, audiovisual y sonoro que sea novedoso. Como no podía ser de otra manera cuando el peronismo está de por medio, el archivo personal de Roberto Baschetti fue de gran utilidad. Además pasé varias horas en el Archivo General de la Nación y en la Biblioteca Nacional. Y por último, en el archivo de la editorial Atlántida –lugar donde trabajo– pude dar con un material fotográfico muy bueno. Creo que pudimos mostrar al peronismo y al mismo Perón con imágenes poco habituales.

¿Fue difícil contactarse, y a la vez, hacer que hablen las personas que dan su testimonio y cuentan su “pedazo” de vida en el film?
El primer contacto que tuve con los dos protagonistas fue en el 2008. No fue difícil encontrarlos y proponerles conversar sobre el episodio del robo y su militancia. Estaban muy predispuestos a hacerlo. Cada uno con su estilo y con su relato, pero ambos siempre se mostraron atentos a mis consultas. Quizá cuando íbamos a comenzar el rodaje hubo algunos resquemores sobre el planteo que yo quería contar en el documental. Cada uno por su lado no estaba de acuerdo con algo en el modo que tenía pensado estructurar la película. Por suerte pude convencerlos y los dos accedieron a registrar las escenas que teníamos pensadas en el guion. Siempre tuve claro que había una película posible si estaban los dos en ella. No me interesaba contar la historia en boca de uno solo de ellos. Para mí perdía todo interés porque de esa manera el documental iba a carecer de tensión, de un conflicto que lo hiciera avanzar y que permitiera despertar cierta reflexión y posibilidad de debate entre los espectadores.

El documental esta contado de una manera interesante haciéndolo parecer un largo recorrido por un museo guiado por un guía, ¿De qué manera pensaron la estructura?
La estructura presentaba a priori una dificultad que era un poco lo que te comentaba antes. Al haber tantas líneas de relato había que tratar de presentarlas sin que todo se convierta en un torbellino inentendible. Podríamos decir que había distintas capas narrativas: la primera vinculada con el robo del sable y la historia de vida militante de ambos protagonistas; otra sobre la historia del arma sanmartiniana; y por último, una capa donde se reponían los contextos históricos de cada época a la que nos referíamos a lo largo de la película. Esta última se apoya todo el tiempo en el devenir biográfico de los protagonistas. Para nosotros era importantísimo que el espectador pueda reponer el contexto de lo que se contaba.

A lo largo de la película se van colando fragmentos de la familia de los testigos y su historia compartido con lo político, ¿Esto fue pensado desde el comienzo?
Tanto en Manuel como en Osvaldo, cada uno a su manera y con su estilo, la política forma parte central de su vida cotidiana y, por ende, de sus vínculos afectivos más cercanos. Eso se percibe apenas comenzás a vincularte con ellos. Por lo tanto era imposible obviar esa situación.

Las animaciones son un gran punto a favor que recrea lo que cuentan los testimonios, ¿Por qué decidieron contar mediante este recurso además de lo “típico de documental”?
El primer “instinto” fue el de recrear el episodio del robo con actores. Pero desistimos casi inmediatamente por cuestiones presupuestarias. En ese momento, que no se me ocurría cómo resolver esa cuestión, vi la película Infancia Clandestina, donde se usa el recurso de la animación. Ahí apareció fuertemente la posibilidad de contarlo de esa manera. A partir de la estética que me imaginaba convoqué a Pol Maiztegui, que es el último discípulo de Francisco Solano López, dibujante de El Eternauta. Y cuando comencé a observa el laburo de Pol me terminé de convencer que el estilo de ilustración y una animación más bien “rústica” le sumaba mucho más a la narración del documental que la recreación de época con actores. Por lo tanto, lo que en un principio parecía ser el reemplazo de un recurso, a medida que avanzábamos en el proceso de la animación, nos dimos cuenta que tenía una potencia que iba a ayudar a contar la historia del robo.

En cuanto a la financiación, y como se ve en los primeros créditos, ¿Tuvieron ayuda del INCAA mediante la Vía de Documental Digital o de otros medios de fomento?
Sí, la película obtuvo una quinta vía, el financiamiento que propone el INCAA para los documentales digitales. Me parece importante destacar el apoyo del Estado en la producción de este tipo de películas. Concebir el cine como parte de la cultura de un país sin tener como prioridad exclusiva la venta de entradas o la cantidad de gente que va a verla a una sala, me parece fundamental. Porque son películas “chicas” que tienen un recorrido que trasciende las semanas en cartel en un cine. Quiero decir, son films que cuentan historias que no están “atadas” a las lógicas del mercado, y por lo tanto tienen otros propósitos. Uno de ellos, para mí el central, es que el documental despierte en el espectador las ganas de discutir, debatir y reflexionar sobre los temas que propone. Y esa virtud que puede tener cualquier película, no depende del éxito comercial ni económico.

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