Matías E. González
13/05/2016 18:42

EcribiendoCine dialogó con Juan Fernández Gebauer y Nicolás Suárez, directores de Hijos nuestros (2015), película que cuenta la historia de Hugo, un solitario taxista porteño y un apasionado de San Lorenzo, que luego de cruzare con una madre soltera y su hijo, descubrirá con quien compartir su pasión… y quizás algo más. Es un film que debutó en el 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y continuó su camino hasta su actual estreno comercial. “Nos interesó extrapolar experiencias personales a un nivel más amplio y problematizar el modo en que el fútbol es depositario de un conjunto de deseos, fantasías, sentimientos y pasiones que movilizan a mucha gente”, sostienen los cineastas.

Hijos nuestros

(2015)

El fútbol y el fanatismo por él es una temática que hasta hace unos años no era muy común en el cine argentino, pero que con el pasar del tiempo se ha comenzado a tratar. ¿Cómo surgió la idea de Hijos nuestros?
En realidad, el cine argentino se acercó muchas veces a la temática del fútbol, ya desde los comienzos del cine sonoro en la década del treinta. Hay, incluso, un par de títulos que son verdaderos clásicos de la llamada edad de oro del cine argentino, como El hincha y Pelota de trapo, y películas notables como El crack y La Raulito. Ya a finales de los setenta la cuestión tomó otros caminos, como evidencia ejemplarmente La fiesta de todos. En los años ochenta, junto con el triunfalismo post dictadura vino Héroes y a partir de entonces sí, como bien señalás, la relación entre fútbol cine parece haberse estancado por lo menos hasta los años del kirchnerismo y el Fútbol para Todos. En los últimos lustros vimos películas como El camino de San Diego, El Secreto de sus Ojos, Metegol, Papeles en el viento o El 5 de Talleres. Todas muy distintas entre sí, sin dudas, pero –desde nuestra perspectiva– con un punto en común, que es justamente aquello de lo cual Hijos nuestros pretendería desmarcarse: la idea de que el fútbol es algo que nos une y, por lo tanto, funciona como una especie de modelo para una comunidad aparentemente amistosa pero que en el fondo esconde valores machistas, exitistas o, incluso, directamente filicidas. Para decirlo claramente, nosotros pensamos el fútbol como problema y no solo como tema.

Con respecto al origen de la idea, antes de empezar a escribir el guion, Nicolás sufrió una importante lesión en su rodilla jugando al fútbol. El papá de Juan, por su parte, llegó a jugar en la primera de Independiente pero debió retirarse por una lesión. De manera que hay un fuerte componente autobiográfico en el germen de la película. Pero más allá de eso, lo que nos interesó fue extrapolar esas experiencias personales a un nivel más amplio y problematizar el modo en que el fútbol es depositario de un conjunto de deseos, fantasías, sentimientos y pasiones que movilizan a mucha gente, pese a que esas expectativas la mayor parte de las veces quedan frustradas. No solo porque somos muchos los que alguna vez soñamos con ser jugadores pero muy pocos efectivamente lo logran, sino también porque hay algo un poco masoquista en el hincha fanático extremo (estadísticamente, lo más probable siempre es perder: compiten veinte o treinta equipos y solo puede salir campeón uno).

Hijos nuestros es una película dirigida a “cuatro ojos”. ¿Cómo es la experiencia de la dirección en equipo? ¿Cuándo y dónde se conocieron?
La tarea de dirigir es curiosa porque uno está todo el tiempo rodeado de gente y al mismo tiempo está muy solo. Hacerlo de a dos permite transitar esa soledad de otra manera. Claro que es una experiencia intensa, ya que a las dudas personales de cada uno se suman las del otro. Entonces estás obligado a dialogar todo el tiempo y a ser muy autocrítico. Pero a la vez es fundamental dejarse guiar por las intuiciones, incluso cuando no son compartidas. Trabajando de esa manera, uno se encuentra con sorpresas que no aparecerían de otro modo. Desde luego, cuando esto está contenido en el marco de una amistad de años (nos conocimos en 2008 en la ENERC, que es la escuela donde estudiamos), todo se hace mucho más fácil y disfrutable.

El título de la película hace referencia al fútbol pero también tiene otra connotación que habla más de los vínculos humanos ¿qué aristas se intentan transmitir?
En la jerga del fútbol, una forma típica de ridiculizar a otros equipos es calificarlos como “hijos nuestros”. Un equipo que siempre le gana a otro tiene el legítimo derecho de llamarlo así. Esto implica que los otros son no adultos; son como niños. Y los ganadores son los hombres verdaderos: los padres. Esta idea nos pareció atractiva no solo para dar cuenta de la lógica machista dominante en el mundo del fútbol, sino también como metáfora de las relaciones filiales en una sociedad que devora a sus hijos.

Un film muy futbolero lleva a una pregunta prácticamente obligatoria. ¿Cómo describirían su relación con este deporte?
Tenemos una relación ambivalente con el fútbol y creemos que eso se puede apreciar en la película. Si bien ambos nos consideramos fanáticos, el proceso de escritura y producción de Hijos nuestros coincidió con una etapa de desencantamiento que los dos transitamos y que nos llevó a empezar a observar el fenómeno del fútbol con cierta distancia. Es por eso que la película pivotea entre esas dos miradas: se trata de cuestionar cierta idiosincrasia futbolera (con sus connotaciones de machismo, costumbrismo, exitismo y barrialismo), pero a la vez sin desconocer el potencial creativo de las pasiones populares.

Respecto al reparto de la película, ¿cómo surgieron los nombres de Carlos Portaluppi y de Ana Katz para protagonizarla? ¿Cómo llevaron a cabo la composición de los personajes?
Desde una etapa temprana del proyecto, pensamos en Carlos Portaluppi para encarnar al protagonista. Su imagen, incluso, ya estaba en el storyboard que presentamos al INCAA en primera instancia. Es un actor que admiramos enormemente y que, entre otras muchas cualidades, sabíamos que tenía la versatilidad suficiente para generar la empatía y la antipatía que buscábamos en el personaje. Así que lo pusimos al tanto de nuestra intención de hacer la película desde temprano. Pero el contacto más formal y la propuesta concreta llegaron en 2013, cuando estuvo disponible el dinero para filmar. Luego, revisando los trabajos de Carlos, volvimos a ver Una novia errante y nos sentimos muy atraídos por la química existente entre Carlos y Ana Katz, así como por el trabajo de ella en particular. Ana aportó a la película una mirada y una sensibilidad muy particulares, que se corren del costumbrismo sin perder por eso un ápice de emoción. En cuanto a Valentín Greco, lo conocimos a través de una convocatoria que hicimos e inmediatamente nos impactó con solo verlo. Vino al casting con un jogging arremangado, una camiseta del Real Madrid y unos botines flúor que son los mismos que usó en la película. Después nos enteramos de que se había puesto el jogging así porque le quedaba chico, pero el concepto para el vestuario del personaje ya estaba prácticamente resuelto en esa primera imagen. Lo fundamental fue que él jugaba al fútbol competitivamente y estaba transitando por una etapa parecida a la del personaje, para quien ese deporte que practicaba como un juego de repente empieza a tornarse algo más serio. Eso era fundamental, porque no solo nos permitió potenciar las escenas de fútbol, sino que además le daba credibilidad al personaje en su forma de moverse y de hablar. La prueba en San Lorenzo la hizo de verdad y se la bancó bastante bien. Valentín demostró ser un chico inteligente, maduro, curioso y muy talentoso, con una sensibilidad que, a pesar de no ser él un actor con formación, estaba todo el tiempo a flor de piel. Era realmente conmovedor verlo esforzarse en el rodaje y observar el modo en que Carlos y Ana lo acompañaban.

Hijos nuestros ya fue apreciada en festivales como el de Mar del Plata y hasta por el Papa Francisco. ¿Qué expectativas tienen con la película?
Los reconocimientos de festivales los tomamos con alegría y tranquilidad. Es maravilloso recibir distinciones de ese tipo, pero no es eso lo que más nos motiva para hacer las cosas. La repercusión mediática de la película, que como vos señalás fue apreciada por el Papa Francisco o por Viggo Mortensen, es algo que no esperábamos en un principio y que obviamente tiene que ver con el mundo de San Lorenzo. De todas formas, somos conscientes de que la difusión que pueda alcanzar una película de las características de Hijos nuestros, por lo que es la película en sí y por su esquema productivo, siempre será menor en relación con los llamados “tanques” del cine nacional (dejando de lado, claro, el cine de Hollywood).

Nosotros sabemos que tenemos una película híbrida, en el sentido de que no es netamente festivalera pero tampoco apunta a conformar a un público masivo, pese a que toca una temática popular. Hasta el momento, nos venimos moviendo en ese terreno incómodo y es lo que nos gusta, porque significa una oportunidad. En concreto, la idea ahora es aprovechar el impulso que nos pueda dar el circuito de festivales que estamos haciendo y, a la vez, tratar de ser creativos en la distribución, que es un problema enorme para la mayor parte de las películas que se hacen en nuestro país.

Respecto a su futuro en la industria cinematográfica, ¿van a seguir dirigiendo en equipo o van a dedicarse a proyectos individualmente?
En este momento, estamos trabajando por separado en proyectos personales que empezamos hace algunos años: Juan, un documental sobre las comunidades originarias del noroeste argentino; Nicolás, un cortometraje de ficción. Ambos proyectos fueron financiados gracias al apoyo del INCAA. De todas formas, estamos siempre en contacto y es muy probable que volvamos a trabajar juntos, aunque todavía no sepamos en qué ni cómo.

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