Matías Ezequiel González
28/04/2016 13:49

EscribiendoCine dialogó con Darío Doria, director de Salud rural (2015), documental que cuenta a partir de entrevistas e imágenes de registro directo, la historia de ciudadanos rurales que son atendidos por el Dr. Arturo Serrano. Es un documental que debutó en el 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y continuó su camino hasta su actual estreno comercial. “Que alguna de las emociones trascienda la pantalla y se apodere de algún que otro espectador para movilizarlo me parece un buen deseo de mi parte”, sostiene el cineasta.

Salud rural

(2014)

Con el título Salud rural ya nos anticipa que lo que se mostrará probablemente sea diferente a lo que estamos acostumbrados a entender, aquellos que vivimos en la ciudad, por el ámbito de la salud. ¿pensó en otros títulos previamente?
Titular siempre me resulta una tarea compleja con la que casi nunca quedo del todo contento, sin embargo esta vez creo haber podido resumir en un par de palabras de lo que va mi documental. En algún momento pensé llamarla “Un médico rural” o algo parecido, por suerte no lo hice porque hubiese sido un título reduccionista. En la peli hay una escenita muy breve donde se ve a un niño andando solo en bicicleta. Es casi de noche, la calle está muy embarrada entonces él se cae, putea, se levanta y sigue andando en bicicleta como si nada. Eso, para mí, también es salud rural, salud entendida como algo mucho más amplio que lo meramente médico. En Buenos Aires ya no hay chicos andando en bicicleta por la calle y eso no me parece muy saludable ni para ellos ni para nadie.

¿cuál fue su motivación/intención para hacer esta película?
Tengo una respuesta casi automática a la pregunta referida a mi motivación/intención. Para explicarme permítanme usar un texto ajeno con el que me siento bastante identificado, texto que habla sobre un documentalista francés al que admiro mucho: “El mundo filmado por Nicolas Philibert no es sólo el mundo real, sino también y sobre todo, el mundo tal y como le gustaría que fuera, el mundo en el que le gustaría vivir. En sus películas se dibuja siempre un mundo en el que se vive bien. No se trata de una persona muy optimista, en el fondo de su ser, pero en su cine, consigue encontrar razones para estar en este mundo y nos las trasmite”. Salvando las enormes diferencias yo también filmo para encontrar mis propias razones, para construir un mundo cinematográfico donde me gustaría vivir, donde los médicos sean todos como Arturo.

El protagonista del documental, el Dr Arturo Serrano, no solo cura enfermedades, sino que también se preocupa por el trato humano de las personas a las que asiste. ¿por qué eligió contar su historia?
De Arturo me interesa su enorme capacidad de entender y comprender el sufrir ajeno, y como a partir de esa empatía con la persona que tiene frente a él logra aliviarlo de los sufrimientos físicos y no físicos más allá de si la enfermedad que trata tiene o no tiene cura. Por eso lo elegí (en realidad nos elegimos) para contar esta historia: por su enorme humanidad.

En cuanto al rodaje, ¿cómo fue el trabajo con Serrano para poder filmarlo en el momento en que atendía a sus pacientes? Y respecto a los asistidos, ¿Cómo fue su incorporación al documental?
Arturo es muy querido en su pueblo. Todos tienen una gran confianza en él y por alguna razón él confió plenamente en mí desde el primer contacto que tuvimos. Entonces, entiendo yo, hubo una transferencia de confianzas. La depositada en él me fue transferida a mí. Sencillamente nos instalábamos en el consultorio con los equipos a esperar y en la medida que los pacientes llegaban se les explicaba y consultaba si querían ser grabados. Todos aceptaron y así fue que filmé decenas de consultas. Luego por razones de estructura cinematográfica y montaje algunas fueron quedando y otras descartándose.

La fotografía de la película se caracteriza por ser en blanco y negro, pero también es posible destacar una escala de grises que se reflejan en los contenidos de la historia. ¿a qué se debió su decisión de que esto fuera así?
Me encanta la fotografía en blanco y negro, siempre me gusto, creo que muchas veces la falta de color agrega más de lo que quita, y con ese sentir fue que leí “Un hombre afortunado” de John Berger, libro que retrata, utilizando textos y fotos el trabajo de un médico rural inglés de finales de los ‘60. Las imágenes son en blanco y negro, texturadas, hermosas. Tan hermosas que en algún momento decidí copiarlas. Igual, por las dudas (por no decir de cagón), filmé todo en color y recién en post producción desaturé el material. Más tarde me di cuenta que ese blanco y negro lleno de grises también les facilitaba a algunas personas el soportar un par de situaciones un poquito sangrientas que hay en la peli.

Previamente a su estreno comercial en el Gaumont, el documental ya ha pasado por varios festivales en los que ha sido elogiado por la crítica. ¿con qué expectativas se llega a este estreno para el público en general? ¿qué busca generar en la gente?
Por suerte la peli ha sido bastante bien recibida. Del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata nos volvimos felices y agradecidos con tres premios bajo el brazo. Y, por lo que vamos leyendo, a los críticos también parece gustarle.

El estrenar en pantalla grande es un gusto personal, no hay subsidio del INCAA de por medio ni fin económico que se le parezca. Es una pequeña y gratificante patriada cinematográfica llena de ilusiones.

¿Mis expectativas con la gente, con el estreno? En el “realizar” de una película, y en esta más aun por la temática, se me juegan un sin fin de emociones, y que alguna de ellas trascienda la pantalla y se apodere de algún que otro espectador para movilizarlo un poco me parece un buen deseo de mi parte, un deseo medido y posible. ¡Ojala funcione!

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