Juan Pablo Russo
27/04/2016 15:43

Luego de haberse convertido en la película más taquillera del cine chileno en 2015, El bosque de Karadima (2015) se estrena en los cines argentinos. Protagonizada por Luis Gnecco y Benjamín Vicuña, la trama retrata uno de los casos de abuso infantil por parte de un miembro de la iglesia más resonantes del país trasandino. “Si suceden casos como los de El bosque de Karadima es porque además de un abusador hay múltiples cómplices que siguen dando vuelta sin hacer nada”, sentencia el realizador Matías Lira en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

El bosque de Karadima

(2015)

¿Qué te llevo a trabajar sobre una historia tan polémica donde está involucrada la iglesia católica en casos de pedofilia?
Primero que nada en mi trabajo siempre me ha obsesionado lo que tiene que ver con el abuso de poder, y considero que esta película es sobre los abusos sexuales pero principalmente sobre el poder. Es de como una persona totalmente perversa utiliza una institución que le da muchas facilidades para ser abusador. O sea que si es un mal líder tiene las facilidades más óptimas para llegar a sus víctimas. Y tiene la confianza de esa gente ya que él tiene el don de la confesión con el resguardo y la verdad de Dios. Siempre las películas relacionadas a ese tipo de poder me han interesado mucho. También te tengo que confesar que yo soy católico, me eduqué en un colegio católico y conocía algo de esta historia. Algo se decía que pasaba en esa iglesia, pero era tan poderosa, ahí iba toda la alta sociedad chilena, que nadie hablaba.

¿Antes hubiera sido imposible filmar una película de estas características?
Hace unos años era imposible hacer una película sobre esto. A mí me costó mucho levantar los recursos. Lo que marcó el inicio de este proyecto es que hace un tiempo sale un programa de investigación periodístico muy importante, Informe Especial de Televisión Nacional de Chile, que desenmascara todo esto. Y lo más grave era cuando se escuchaban los relatos. Esto no había sido una sola vez, estos abusos habían durado más de 30 años. Esta persona había estado abusando más de 30 años y con algunas víctimas más de 20. Había una dominación psicológica tremenda. Era una historia polémica pero yo sentí la necesidad de hacerlo.

¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción?
Junto a los guionistas (Alicia Scherson, Elisa Eliash, Alvaro Díaz) hicimos un amplio trabajo de investigación. Nosotros nos basamos en los expedientes judiciales de la investigación. Públicamente se conocen cuatro víctimas, pero en los expedientes hay cincuenta víctimas, o gente que estaba al tanto de lo que pasaba. Estudiamos esos expedientes, aunque hay que destacar que la justicia chilena no pudo hacer nada porque los casos prescribieron. Hubo un bloqueo de la cúpula central de la iglesia para que eso pase. Cuando ellos toman conciencia del caso alejan al sacerdote para que el caso prescriba. Hay una estrategia muy importante y por eso es tan responsable. Pero esta película no es contra la iglesia.

¿Por qué sostenés que no es una película en contra de la iglesia sino a favor?
Por qué yo conozco a la iglesia de verdad. Conozco la iglesia donde hay un centro social que ayuda a los niños, a los viejos. Sé el trabajo que hacen los sacerdotes en esos lugares. Esa iglesia la conozco de verdad y no quería dañarla. Me generó mucho conflicto interno. En profundas conversaciones con sacerdotes me fui dando cuenta que se podía hacer una película responsable sobre el abuso del poder y el aprovechamiento de una institución. Era algo que podía pasar en un colegio, en una universidad, en un trabajo. Esta película es sobre un perverso que utiliza la iglesia para su beneficio propio. Y también sobre una cúpula de sacerdotes que lo cubrieron. Una cúpula que está concentrada en los arzobispos y los obispos. Eso permitió que los casos prescribieran.

¿Cuál fue la reacción de la iglesia cuando se enteraron de la existencia de esta película?
Siempre traté de ser honesto y hay una realidad que es que necesitaba grabar en iglesias, así que fui directamente a pedirle permiso a la iglesia. Me rechazaron más de 50 permisos. Es más, en una iglesia me prestaron las instalaciones y me las quitaron tres días antes de poder filmar. Ese lugar representaba el 70% de la película, por lo que tuve que congelar el rodaje. Fue una estrategia muy cruda, no de la iglesia, sino de ese grupo de poder del Arzobispado con el que yo conversaba. Finalmente una congregación y algunos sacerdotes me ayudaron, y esto hizo que se sumaran más.

¿Por qué creés que decidieron colaborar?
Se empezaron a dar cuenta que a ellos les convenía que esto saliera a la luz. Por un lado tenía la cúpula de la iglesia que me bloqueaba pero por otro lado estaba toda esta gente que me ayudaba. Finalmente cuando hicimos la película la cúpula manda un memo a todas las parroquias pidiendo que nadie hablara ni polemizara porque hablar negativamente iba a generar más publicidad. Fue una estrategia bastante ridícula. Algunos sacerdotes más realistas decían que había que ver la película. Lo que más orgullo me da es que dos meses después de haber estrenado la iglesia modificó el protocolo interno para casos de abuso. Lo endureció. Eso demuestra que la película ejerció cierta fuerza para producir cambios.

Hay dos películas chilenas sobre casos de abusos en la iglesia católica chilena, una es la tuya y la otra El club (2015) de Pablo Larraín. Una es la estrella de los festivales internacionales y la otra la elegida por el público ¿Por qué sucedió este fenómeno tan contradictorio en un punto?
Creo que son dos películas que se complementan, la mía tiene que ver con el crimen en sí mismo, y El club tiene que ver con el post crimen y que pasa con esos sacerdotes. Son totalmente complementarias y positivas. Son dos películas que tienen que existir. El bosque de Karadima fue la película más vista de 2015 en Chile (320.000 espectadores), la más vista en video On Demand, se vendió a nivel mundial. Ha encontrado su camino. Mi objetivo era que la película fuera cercana al público, que llegara a la mayor cantidad de gente posible. Ese era nuestro desafío.

¿Cómo fue el trabajo actoral para que los personajes lograran esa contradicción entre la bondad y la maldad y la aceptación y el rechazo?
Para mí era importante no hacer el típico abusador violento porque era algo contrario a la realidad de como son los verdaderos abusadores. La gente me decía que Karadima salía bueno al principio. Pero es así, los abusadores son buenos en un principio para captar. Yo hubiera tentado contra la inteligencia de las victimas si hubiera hecho un abusador duro. Luis Gnecco construye un personaje muy agradable, muy contenedor, para después ser el criminal que es. Los actores fueron muy generosos en entender toda la historia, en involucrarse. Lo mismo el personaje de Benjamín Vicuña. Tengo horas de material donde hay escenas maravillosas donde se entregan por completo a este tema. No solo estoy trabajando con actores talentosos, sino también muy profesionales y con oficio, que captaron perfectamente como es el abuso psicológico. Porque finalmente esto no solo se trata de abuso sexual sino también de abuso psicológico, de cómo romper a una persona. Por eso los abusos duran 20 años y por eso siguen siendo abusos, porque en el fondo crean una relación dependiente donde los captan. Eso se ve en pantalla porque fue bien hecho por los actores.

¿Cuál puede ser el aporte de la película al tema de los abusos infantiles?
Ha sido muy crudo involucrarme en esto. Yo tuve a mi hijo en el medio de la producción y eso cambió mucho las cosas. Tener un hijo te genera un grado de responsabilidad tan grande que me dio mucha más fuerza para hacer la película. Tomé conciencia de muchas cosas. Con esta película busco que las familias entiendan como operan los abusadores. Creo que la película genera conciencia en los adultos. Si una persona es consciente de que hay un abuso cercano es automáticamente cómplice sino hace nada. Y eso ocurre mucho. Si suceden casos como los de El bosque de Karadima es porque además de un abusador hay múltiples cómplices que siguen dando vuelta sin hacer nada. Si se toma conciencia de esto se va a crear una protección infantil.

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