Rolando Gallego
27/04/2016 14:21

En Mecánica popular (2015) Alejandro Agresti compone un escenario para que los actores jueguen a medida que la tensión de la historia, centrada en una mujer desesperada por ser editada (Romina Richi/Marina Glezer) y un editor (Alejandro Awada) que sólo desea que sus días terminen. Entre ellos, además, un cuarto personaje, interpretado por Patricio Contrerass, será la clave para poder armar un siniestro juego nocturno en donde el pasado vuelve a tomar revancha. Antes del estreno EscribiendoCine dialogó con los actores para conocer más del trabajo del cineasta, la composición de los personajes y su percepción del film.

Mecánica popular

(2015)

¿Cómo les llegó el personaje?
Marina Glezer: Yo lo conocí en un bar a Alejandro con 20 años, me invitó a ser parte de Valentín, un personaje pequeño pero importante, la maestra, y después seguimos en contacto, me encanta lo que hace, soy fan del Agresti escritor, y hace dos años me dijo que iba a ser Silvia, la protagonista del film.

Romina Richi: Yo estuve en la película anterior de Alejandro, y me comentó un poco la idea, me envió el libro y luego traté de meterme en su cabeza y eso fue un poco.

Patricio Contreras: Me la acercó mi representante, que sea de alguien como Agresti me halagó, porque, no descubro nada nuevo, pero es alguien a quien yo admiro por su singularidad de evitar el cliché lo hace único, es alguien que no tiene pudor, es un director lleno de ideas, osado, con un talento increíble y su cine es sorprendente.

¿Fue difícil componer el personaje?
Marina Glezer: Cuando leí el guión de Mecánica popular traté de nutrirme mucho para armar el personaje de esta Silvia que quiere a toda costa que la publiquen.

Romina Richi: Fue un viaje, veo algunas escenas y me descomponen, todos sabíamos que estábamos haciendo algo potente, muy fuerte, llegué a lugares elevados y de una conexión profunda y eso estaba presente. Soy muy perceptiva y entendí lo que Alejandro necesitaba, fue acompañarlo, cada personaje para mí es un fragmento de historia que hay que caminar.

Patricio Contreras: Primero el personaje era chileno y pude recuperar mi acento y usar mi veteranía en argentina para hablar en términos chilenos con tonada porteña. En cuanto al personaje que estudia mucho, más allá de la singularidad del espacio de rodaje, casi teatral, en esta oficina que luce muy bien, con cierta majestuosidad, se fue armando algo muy claro, tenía la sensación de estar haciendo skate y el nos rodeaba, me hizo acordar a Historias de Nueva York, el episodio de Scorsese, por como rodea, y entre todos armamos un diálogo, le tiraba ideas relacionadas al humor, y a las similitudes de ambos países, García era una víctima más, y comenzó un diálogo enriquecedor.

¿Ayudó el proceso de ensayo previo?
Marina Glezer: Ensayé dos meses con Alejandro Awada el guion, luego ensayamos tres semanas en un teatro, por la propuesta, y después filmamos tres semanas.

Patricio Contreras: Sí, para ir armando los personajes y los lazos entre ellos, más allá de lo que se veía en el guión, y sumamos mucho, Alejandro es un director muy abierto a aquello que se le proponía.

¿Por qué creen que Silvia llega al límite?
Marina Glezer: Ella necesita humillarse frente a él porque lo admira y lo tiene sobreestimado, y además tiene una crisis de identidad muy fuerte, y necesita la reafirmación y la posibilidad de ser en el otro.

Romina Richi: Todo fue muy vertiginoso, al borde, pero una vez que desatás ya está. Yo entré en una locura y las escenas fueron bastante respetuosas del guion y eso ayuda, porque además se filmaron linealmente, y el proceso de rodaje de las dos Silvia fue muy interesante, una evoca a otra y luego en la cabeza del personaje de Alejandro se construye todo.

Entre el personaje de Patricio y Silvia hay algo que no se cuenta y que se entiende que pasó con anterioridad…
Patricio Contreras: Creo que surge en principio por la burla de la humillación que ella hizo de su trabajo, además porque es de otra clase, y después hay algo de evocación de su hija por contraste, esta concheta que es insolente con su subalterno, hay algo de clase y de su hija desaparecida, y creo que también hay un código tácito, que no se sabe bien de que se habla, y que el se da las ínfulas de creer conocer qué pasa.

¿Con qué soporte se sienten más cómodos?
Patricio Contreras: En general el cine me ha invitado a hacer personajes mas de perfil bajo, en teatro he hecho cosas de más temperamento, en donde se exige una gran potencia y mucho vericueto, con algo perverso, que en la TV tampoco se me ha invitado a hacer. El cine es un arte minimalista, por eso digo que en el teatro puede ser que haya actores con puro instinto y el cine te exige más inteligencia, para poder ver qué le está pasando al personaje, y si eso no está no se plasma. García es un personaje revuelto, sometido y con una herida trágica

Romina Richi: La tele te da que hacés una cosa y no sabés dónde vas a ir a parar, mañana te mataron, hoy te resucitaron y después te ponen en un psiquiátrico, es como más libre, hay miles de libros, de actores, situaciones que van muy rápido, eso te da un training. El cine es una pasión, yo ahora estoy filmando.

Marina Glezer: Soy un bicho de teatro, estudié con Augusto Fernández y Norman Briski, pero debuté en teatro, hice cine y luego incursioné en TV. Mi carrera comenzó en teatro, después hice cine, y vengo trabajando en una película por año, a nivel conocimiento me manejo mejor en el cine por esto, por el engranaje que hay, el teatro es más lúdico y la TV es más sistemática y rutinaria, y te ordena.

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