Matías E. González
09/04/2016 14:27

A partir de su estreno en Centro Cultural de la Cooperación, EscribiendoCine dialogó con Daniel Otero, director de G. Un crimen oficial (2015), documental que cuenta a partir de entrevistas y material de archivo, la historia del asesinato del subcomisario Jorge Gutiérrez mientras viajaba en el tren una madrugada de mayo de 1994. Gutiérrez vio lo que no debía, había iniciado una investigación solitaria sobre los negocios paralelos que irrumpieron en los primeros años de globalización: contrabando y narcotráfico en gran escala durante la presidencia de Menem. Es un documental narrado desde las calles del Conurbano bonaerense. "Decidí narrar el caso desde cero hasta la actualidad en formato documental para experimentar una idea: hacer periodismo con elementos, técnicas y recursos de otros lenguajes”, sostiene el también escritor.

G. Un crimen oficial

(2015)

El asesinato del subcomisario Jorge Omán Gutiérrez tuvo una amplia cobertura en los medios tanto en el momento ocurrido como los siguientes años en los que se fueron presentados distintos sucesos judiciales del caso. ¿Cuándo surgió en usted la idea de realizar este documental y a qué motivos se debió dicha decisión?
En el año 2010 recibo una propuesta para escribir un segundo libro sobre el caso. La idea era contar los hechos sucedidos alrededor de la historia desde la publicación de Maten a Gutiérrez (Planeta), libro que escribí en 1999, en adelante. La propuesta no me resultó atractiva por varias razones, la primera y creo que más importante era que no había elementos periodísticos y narrativos suficientes que lo justificaran. Tampoco me interesaba ampliar el libro original. Más allá de eso, si consideré que había elementos nuevos que obligaban a ser contados.

De alguna manera, entonces, decidí narrar el caso desde cero hasta la actualidad en formato documental para experimentar una idea: hacer periodismo con elementos, técnicas y recursos de otros lenguajes. El proceso no fue tomar una historia real y llevarla al cine. Mi plan fue al revés. Tenía la historia, busqué elementos del cine, del documental, la historieta, la fotografía, la música y la palabra, todo mixturado, para hacer periodismo.

La realidad es que soy periodista, nada más. No hago cine ni soy documentalista.

El documental tiene como disparador el asesinato de Gutiérrez y todas las dudas en torno al mismo. Los hechos previos y posteriores al crimen son presentados a través de una gran cantidad de documentos y testimonios ¿cómo fue el proceso de recopilación de la información? ¿Hubo algún otro dato importante que le hubiese gustado exhibir pero que por alguna razón no aparece en el documental?
El proceso de recopilación tuvo dos planos bien diferenciados. Por un lado tenía mucha información previa que sirvió de base para el libro; esa fue la parte sencilla. Todo lo que fue recopilar información nueva o de mejor calidad técnica para su reproducción audiovisual, estuvo llena de dificultades. El archivo que aparece en el documental se basa en fotocopias y videos VHS de los años noventa.

Mi intención original era acceder a la Causa judicial actual. La hubiera escaneado para obtener mejores copias tanto de la parte escrita como de las fotografías. La jueza que en estos momentos tiene la Causa, Marcela Garmendia, por única respuesta dijo: "No sé dónde se encuentra". Además se negó a ser entrevistada. Está grabado el audio telefónico.

A lo largo de la producción del documental, y viendo las dificultades que aparecían con posibles entrevistados que declinaban la invitación o la imposibilidad de obtener buen material de archivo, desarrollé algo así como idea capaz de sobreponerse a los obstáculos: "De la debilidad hacer una fuerza". Un ejemplo de esto es un recurso visual usado como separador: las fallas de tracking que había en los VHS eran imposibles de reparar. La humedad estaba soldada a la película. Entonces, a lo negativo del material crudo se le intentó dar un tratamiento positivo.

Es larga la lista de todo aquello que me hubiera gustado exhibir; es otro documental.

En cuanto al guion, hay un equilibrio entre aspectos netamente del crimen referidos lo policial y judicial; el contexto político, económico y social en el que sucedió el homicidio; y a su vez, otras cuestiones que hacen referencia a la vida personal de Gutiérrez a través de los testimonios de sus familiares ¿cómo manejó la distribución de los contenidos?
Fue un proceso de versiones de un primer corte. Partí con ciento cincuenta horas de video crudo. El primer corte tuvo cuatro horas. A partir de ahí hubo tres o cuatro cortes más hasta los noventa minutos finales, que se hicieron bajo este concepto: el asesinato de un hombre puede contar una época. De ahí surgieron tres vertientes narrativas: mostrar al hombre y su contexto, exponer la atmósfera de la época, enhebrar el nexo entre ambos.

En el documental se muestran situaciones recientes de cómo es la noche en las estaciones del tren Roca, que ayudan a representar visualmente en el espectador cómo podría haber sido el espacio en el que ocurrió el crimen ¿cómo fue la experiencia de grabar en dichos lugares y qué objetivos tenía al presentar dichas secuencias?
Creo que el territorio hace a la historia. El crimen se da en un lugar que lo condiciona y de algún modo lo construye. Vendedores ambulantes, gatilleros de los bajos fondos, trenes en ruinas, la desolación nocturna del Conurbano profundo. En ese territorio hay una atmósfera propia, una coloración, un sonido, una impunidad. Había mostrarlo, ese era el objetivo. El rodaje del documental tuvo un alto componente de azar. Las que juzgo como mejores imágenes y que su vez incluyen situaciones representativas, se dieron de modo absolutamente casual, inesperado. La aparición de un patrullero en la imagen de inicio, el rayo en el cielo tormentoso, la misma tormenta, el tren que llega a la estación y la pareja que se cruza en una pelea delante de la cámara, el perro cogiendo y la patrulla que aparecen en cuadro, el operativo policial que nos rodea, nada de eso está producido. Así es el Conurbano, las cosas simplemente suceden. El mérito, si hay alguno, es que teníamos la cámara encendida.

Tomando como disparador la escena en la que efectivos policiales te prohíben filmar ¿cuáles fueron los obstáculos más representativos que se le presentaron durante la filmación del documental?
El mayor obstáculo del rodaje estuvo derivado del presupuesto. El documental fue realizado con un subsidio del INCAA (5ta. vía). El proyecto fue presentado en marzo y aprobado en junio de 2010. El monto total del subsidio, pagado en cuatro cuotas, fue de ocho mil dólares en valores actuales. Hubo un problema: alguien, por alguna razón nunca explicada, tachó en la carátula del expediente el nombre original, G. Un crimen oficial, y lo sustituyó por C. Un amigo oficial. Eso derivó en que en lugar de estar archivado en el cajón G, se lo archivó en el C. Durante dos años el expediente estuvo "perdido". Dos años se demoró el pago de la primer cuota del subsidio. Del plan original de rodaje no quedó nada en pie, ni equipo ni plazos. En síntesis, el documental se rodó con un presupuesto que había perdido vigencia. El INCAA nunca reconoció el incremento inflacionario de ese período. Pero también es cierto que si no hubiera sido por el subsidio del INCAA, el documental nunca podría haber sido rodado. La experiencia ha dejado un sabor agridulce. Ejemplos de los obstáculos de rodaje derivados del presupuesto: resultaba imposible pagar archivo en video, quinientos pesos de la época por minuto; los contratos de seguro y ART que solicitaba Ferrocarriles para otorgar permisos de grabación eran directamente impagables. En definitiva: todas las imágenes y situaciones de ferrocarril que aparecen en el documental, fueron rodadas de modo clandestino.

Hay un complejo trabajo de dibujos en colores blanco y negro (con el uso del color rojo en determinadas animaciones) que ambientan aún más el clima policial de lo que se está mostrando ¿cómo se le ocurrió combinar este recurso con los testimonios y los documentos de la película?
En realidad no se me ocurrió a mí. La idea la "tomé" de Chicago 10 y Vals con Bashir dos documentales que incorporan técnicas de la animación para un relato de hechos reales. Ante las limitaciones de rodaje y archivo y las derivadas del propio hecho: no existe foto ni video del momento del crimen, por ejemplo, el dibujo entonces apareció como una alternativa válida y, sobretodo, posible. Y otra vez, aquí también, hubo un margen de suerte y azar. El autor de los dibujos fue un chico de 17 años a quien conocí de casualidad en un bar. Él estaba en la mesa de un bar de Once con su carpeta de dibujos. Los vi, le propuse reunirnos para explorar la idea, y de ahí salieron.

Todas las películas dejan una reflexión, a veces más explícita y otras no tanto, en el caso de G. Un crimen oficial, ¿qué mensaje buscó transmitir?
El mensaje que intento transmitir en el documental y en unas crónicas de no ficción que estoy escribiendo ahora, es simple: Somos una sociedad que le entrega armas a quienes nos matan; estamos en problemas.

Respecto a tu futuro en la industria cinematográfica ¿en qué está trabajando actualmente? ¿hay algún futuro proyecto en mente?
Un proyecto audiovisual es un proyecto colectivo. Las convenciones señalan como responsable al director, pero en este caso el documental es el resultado de un trabajo de mucha gente que puso lo mejor de sí y de modo voluntario y, en muchos casos, sin retribución económica. La música compuesta e interpretada por Gustavo Ginoi y Gastón Picazo (guitarrista y teclas de La Mississippi) fue un trabajo "de onda", lo mismo los dibujos de Leandro Rosenthal, la colaboración en el guión de Karina Bonifatti, o el cobro casi simbólico que hizo Gabriel Herce para realizar el montaje. Y hay muchos más...

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