Tomás Tito
29/03/2016 18:09

Con temas como el choque cultural y la adolescencia, La niña de tacones amarillos (2015) narra la vida de Isabel, y su transformación de niña a mujer viviendo en carne propia la construcción de un hotel en su pueblo Tumbaya. En palabras de su directora Luján Loioco “no escribí una sola escena con la intención de que el público la quiera”. Esta ópera prima, que pasó por innumerables festivales en todo el mundo, entre ellos el 17 BAFICI) en la Sección Panorama, y siendo premiada en varios de ellos, llega a los cines argentinos este jueves y EscribiendoCine tuvo un diálogo con la creadora del film que dice: “El proyecto se inició con el personaje de Isabel.

La niña de tacones amarillos

(2015)

La niña de tacones amarillos trata un tema universal hecho ficción, ¿Cómo surge la idea de este proyecto?
El proyecto se inició con el personaje de Isabel. Pero leyendo tu pregunta (tema universal) es verdad que cuando empecé la historia, era una época en la cual me preguntaba mucho ¿Quién era yo? ¿Qué definía mi ser? ¿Cuánto de mi existiría si hubiese nacido en otra época ó en otra sociedad?  Todas esas dudas que te agarran en una adolescencia tardía. No sé si quedó algo de todo eso en la película, pero cuestionarse siempre es buen punto de partida. Escarbando en mis formas y en mi personalidad, fui descubriendo todos los condicionantes que me habían definido. Y me pensé como mujer, dentro de la sociedad que me educó, y descubrí que un montón de características que creía tan mías, eran sólo formas que había adoptado en respuesta a un sometimiento o un rol que me impuso la sociedad por haber nacido mujer. Ahí empezó a gestarse Isabel en el imaginario. Tenía el deseo de hablar de una joven de un pequeño pueblo y su contexto; sus sueños, su vinculo con lo urbano, sus posibilidades de salir de ahí… Con el tiempo la historia fue tomando cuerpo y tras un viaje a Jujuy que hice por esa época me di cuenta de que ese era el escenario que me estaba dando vueltas en la cabeza. Fue un viaje corto, de turistas por la Puna, tenía 20 años. Al tiempo de regresar empecé a escribir la historia que estaba buscando: la vida de una joven en un pequeño pueblo rodeado de naturaleza y como de repente todo su contexto cambia cuando llega un nuevo grupo de personas y traen consigo nuevas escalas, roles y demás.

Es una película que está ligada fuertemente a las actuaciones y a los estados de ánimo de los personajes, ¿De qué manera encararon con el equipo el proceso de casting?
El casting fue algo muy pequeño. Lo resolvimos entre dos personas: Natalia Dolensky y yo. Hicimos una convocatoria por redes sociales y algunos diarios de San Salvador. La gente mandó material a un mail y fuimos filtrando. No se pedía experiencia previa, por lo tanto recibimos muchísimo material. Finalmente hicimos una selección y les enviamos una escena corta para que la traigan ensayada. Viajamos a San Salvador y tuvimos dos jornadas de casting en un teatro que nos prestó cultura. Armábamos castings grupales con una escena en común, Naty filmaba y yo guiaba ó al revés. Pablo Aramayo, mi productor local, organizaba todo en la puerta y se volvía loco. Muy independiente todo, había que focalizarse y estar concentrados, pero resultó. De esas dos jornadas salieron casi todos los roles de la película, Excepto Isabel y Miguel.

A Mercedes Burgos la conocí también por Natalia. Ambas son salteñas y tenían una profesora de teatro en común. Hicimos una prueba de cámara unos días antes de viajar a San Salvador y si bien me gustó, era la primera actriz que veía y quise esperar a San Salvador a ver que aparecía por allá. Cuando regresé, le pedí a Mercedes hacer una prueba más con el resto de la familia pre seleccionada y ahí me di cuenta que era ella. Teníamos poco más de un mes para el inicio de rodaje y había que ponerse a trabajar.

Para el personaje de Miguel convoqué a Manuel Vignau, con quién ya había trabajado. Si bien, a priori Manu no respondía al imaginario que tenía: era diez años mayor y no pensaba un gringo para el personaje Miguel.; por suerte pude desarmar ese prejuicio y entender por donde pasaba darle vida a Miguel. Manu es un actor con mucho oficio y sobre todo mucha verdad. Es un tipo que entiende y disfruta trabajar en equipo, eso hace que ayude mucho a sus compañeros en set y en los rodajes independientes vale oro.

¿Ya tenías pensado que ese iba a ser el pueblo, que de alguna manera funciona como otro protagonista del film?
La primera vez que viaje a Jujuy y tuve el deseo de filmar ahí, fue después de conocer Humahuaca. Durante muchos años, imaginé la secuencia de inicio en la plaza de Humahuaca. Pero unos años más tarde, regresé a Jujuy por trabajo y conocí Tumbaya. En ese momento estábamos registrando imágenes para un programa de Canal Encuentro y un remisero de San Salvador nos llevó a Tumbaya. Me contó que era uno de los pocos pueblos de la quebrada que no estaba intervenido por el turismo. Cuando llegué, me pareció hermoso, perfecto. Era un pueblo rodeado de cerros a la vera de una ruta. La niña de tacones amarillos era un proyecto lejano en ese momento pero me quedo grabado en la cabeza. Pensé algún día… y bueno cuando salió el opera prima decidí volver.

La historia sigue muy de cerca la vida de Isabel (Mercedes Burgos), un personaje complejo que por un lado sabe lo que hace con la intención de lograr lo que quiere, y por el otro, tiene una inocencia notoria con respecto a otros actos, ¿Qué influencias ayudaron o mejor dicho, como fue la construcción de este personaje?
Isabel fue el inicio de todo. Su mundo, sus deseos, su luminosidad y su falta de escrúpulos. Cuando imaginaba a Isabel, pensaba sus reacciones ante cualquier situación. Parece tonto verbalizar estas cosas, pero en el momento en que uno cree y respeta a su personaje, se anima a escribir todas sus miserias, sin miedo a que el público la rechace. Yo nunca necesité salvar a Isabel. No escribí una sola escena con la intención de que el público la quiera. Escribí siempre lo que sentí real y coherente con la historia. Aunque eso genere a un personaje que a veces parecía poco querible. Pero por suerte no forcé situaciones para que el otro la quiera, porque hubiese hecho un desastre. Posiblemente la hubiese victimizado o creado un personaje completamente falso que a la larga no hubiese generado ninguna empatía.

Todos tenemos nuestras grandezas y nuestras miserias. Tenemos valores que nos hacen resaltar y muchos demonios que nos sorprenden en nuestra vida cotidiana: envidia, egoísmo, soberbia, etc. Isabel no es la excepción. En ese sentido, el guion se trabajó durante mucho tiempo para que sea un relato lo más honesto posible desde el punto de vista de una chica de 14 años. No se improvisó, no surgieron escenas nuevas en rodaje, ni se modificaron parlamentos.

Una vez que Mercedes se sumó al proyecto, empezamos a trabajar juntas para darle vida a Isabel. Hablamos mucho acerca del personaje. Leímos el guion y Mercedes preguntó todo lo que tenía que preguntar acerca de Isabel hasta que la conoció. Se metió tanto dentro de su cabeza que los gestos empezaron a aparecer. Fue muy importante que Mercedes se entregué, que no la juzgue, que se permita por unas semanas habitar el mundo de Isabel, y lo hizo. Obviamente con el pasar de las jornadas de rodaje se fue aceitando todo cada vez más. Yo entendía más rápido donde marcar para reconocer a Isabel en cámara y Mercedes le tomó el tiempo de una forma maravillosa.

La película trata también un choque cultural, una historia de la marginalidad. A partir de esto, ¿Se podría pensar al hotel y su construcción como alegoría a la ciudad que todos anhelan conocer?
Si, la película narra un choque cultural pero siempre desde el punto de vista de Isabel. Y está bueno lo que decís, pero una vez que las películas existen pertenecen a los espectadores y todas las lecturas son válidas.

En cada imagen que uno ve, parece que el pueblo está a completa disposición de la realización de la película, ¿Cómo fue la etapa o las etapas de producción?
Si es verdad. Tumbaya fue la clave del rodaje. Seis meses antes de rodar hicimos un pequeño trabajo de scouting. Pablo Aramayo hacia producción local y mandaba la información. Acá íbamos ordenando y gestionando prioridades. Se hizo mucho trabajo previo de gestión. La película tenía cosas demasiado ambiciosas como la construcción de un hotel y tenía poca plata. Necesitábamos apoyo local y apareció. Vialidad nos facilitó maquinarias, el comisionado de Tumbaya nos prestó una retroexcavadora y demás. No podes filmar este tipo de películas en un pueblo como Tumbaya si el pueblo no está de acuerdo en recibirte y para eso tenés que construir confianza. Tumbaya tiene otro ritmo. No les interesa mucho si estás yendo a filmar una película ó querés armar un evento en la plaza. Tenés que construir tu propio vínculo con el lugar y con la gente y eso se hace muy de a poco. Necesitás demostrar tu interés y tu forma de manejarte. Hay muchos lugares que están cansados de que llegue la gente de producción con demandas, se revolucione todo el espacio y después el proyecto se caiga. Por lo tanto construir confianza lleva tiempo y tenés que hacerte cargo. Yo viajé dos veces antes de filmar y después ya me instalé. Siempre estaba para responder, se necesita una cara responsable. Tumbaya nos dio mucho y nosotros devolvimos trabajando con respeto y aceptando sus condiciones en todos los aspectos. Estuvimos casi dos meses y la verdad es que tuvimos un rodaje tranquilo y bellísimo. Además, gran parte del pueblo estaba involucrado en la filmación, ya sea adelante ó detrás de cámara. Tener la oportunidad de vivir ese tiempito en Tumbaya fue de lo más lindo que me pasó.

El recorrido del film con respecto a festivales y muestras fue muy amplio habiendo participado de una gran cantidad de ellos, ¿Qué se siente que la película haya tenia tal aceptación “festivalera”?
La película tuvo por suerte un montón de proyecciones, más de lo que pensaba. Se proyectó en Argentina, países de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. Pero creo que lo importante es lo que uno quiere de su película, y yo quería que se vea, nada más. No especulé con La niña de tacones amarillos. Agradecí todas las proyecciones y no escuché mucho consejo. Junto a Gisela Chiccolino mandé la película a todos los lugares que pude. Desde el festival más importante hasta el más pequeño. Donde me confirmaban pantalla, iba. Eso te quita mucha presión. Pensar que si aceptas ó no un festival porque te perdés otro más grande, me parece malísimo. Entras en una que no está buena y yo por lo menos pierdo el foco, no me sale. Las películas llevan mucho tiempo y mucho trabajo y a mí por lo menos me interesa que se proyecte, que cumpla su ciclo. Hay festivales chicos que convocan un montón y se hacen con mucho compromiso; como también los hay poco serios pero bueno aprender a cuidar tu película lleva tiempo y no te va a salir a la primera. Yo tuve la suerte de vivir proyecciones bellísimas y el estreno en 17 BAFICI me facilitó bastante el camino para que eso suceda. Hablando de especulación cuando me seleccionaron para BAFICI me programaron para Sección Panorama y tuve más de una persona que me dijo que no acepte si no iba a Competencia Oficial. A mi me matan esas lecturas… Diez años me llevó hacer la película y la vida me devolvió un estreno en un marco de un festival rodeada de gran parte de mi equipo en un cine de primera línea ¿Quién retiraría su película de algo así? No sé, no lo entiendo.

¿En qué etapa de desarrollo se encuentra La joven del bosque, tu próxima película?
Por lo pronto le cambie el nombre. Se llama Madre del bosque. Claramente sigo en proceso de escritura, pero avanza. Ya está la estructura y estoy terminando la primera versión del guion. Es una película que tiene una búsqueda un poco más onírica en su relato y si bien hay un conflicto que se plantea: el encuentro de un padre ausente y una hija a punto de ser madre primeriza, la historia se nutre realmente de imágenes sensoriales. La película transcurre completamente en una cabaña en medio de la nieve. Si bien de producción va a ser complicada, voy pensándolo un poco desde ahora para ver como la voy a hacer. Voy a producirla yo desde un espacio que me arme (Libre Cine) después de venir auto gestionándome desde hace mucho tiempo.

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