Rolando Gallego
01/03/2016 11:46

Con un gran despliegue, la coproducción argentino española 100 años de perdón (2016), dirigida por el experimentado realizador Daniel Calparsoro, bucea, con una impronta local, en las reglas del género “robo de bancos” para luego meterse, de lleno, con los anhelos y expectativas de sus protagonista cuando todo comienza a salir mal. El dicho que da título al film es puesto en evidencia cuando el sistema financiero, corrupto, enfrenta intereses que van más allá del dinero que integra las arcas del lugar, y es ahí donde la verdadera propuesta del filme comienza. Para conocer más sobre el rodaje y las particularidades de la producción, EscribiendoCine dialogó en exclusiva con el trío protagónico argentino: Rodrigo de la Serna, Joaquín Furriel y Luciano Cáceres, quienes disfrutaron, según sus dichos, de una película que les exigió una preparación física particular.

100 años de perdón

(2016)

“Lo duro fue el rodaje, que fue muy físico, porque el guión era muy claro. El desafío era darles vida a los personajes y ver si se podía mejorar la calidad del guión al interpretar, y creo que con la química y la dirección de Calparsoro, que es una bestia, mejoramos la propuesta”, afirma un entusiasmado Rodrigo de la Serna.

“Acá no pude hacer otra cosa más que confiar en el director, porque hay roles, como este, tan físico, de tanto dinamismo grupal, que es muy difícil pensar en su totalidad, dependía mucho de la mirada del director y de lo que está pensando que terminará siendo todo”, agrega Luciano Cáceres.

Joaquín Furriel, que además de lo físico, compuso su personaje desde lo verbal, suma “cuando leí el guión sentí que debía encontrarle un color expresivo al no ser el personaje protagónico, porque está menos tiempo en la pantalla. Armé el personaje por cómo me lo definió el director como un macarra, y yo busqué algunos videos de acá y se los mostré a él, y dentro de esto quedó claro que él tenía que hablar distinto. Daniel Calparsoro me dio mucha libertad, más luego de ver  El Patrón, radiografía de un crimen y él me dijo: querés meterte en este lío, vamos juntos“.

A su vez, De la Serna también reflexiona por cómo construyo a “el uruguayo”, su personaje en 100 años de perdón “la partitura era muy precisa, una película de género, thriller de acción que requiere de una precisión en el guión que si no está en el set haces agua. En este caso no solo la trama era muy buena sino que los roles estaban muy bien delineados. El uruguayo es el líder de la banda, el ideólogo, el que elige a los miembros del robo, estaba claro que era un ladrón profesional de oficio, con L mayúscula, no cualquier chorro, de código, de honor, no le roba a cualquiera, sino a un banco, el sabe a quién le roba, no es que este bien, pero hay algo romántico, y sabe la teatralidad del hecho que requiere, asumir la violencia y conducirla para imponerse, pero al avanzar la película nos damos cuenta que es más humano que el sistema financiero, que tiene código, y lealtad y es lo más humano de la película”.

Furriel suma más información sobre la trama y su personaje “cuando el plan comienza a salir mal empieza a aparecer la manera que cada uno tiene para resolver los conflictos. Lo que a él se le ocurre es de pato criollo, todos piensan maneras de resolver las cosas y el está con el tema de la rehén, tiene buenas intenciones, pero también de buenas intenciones está hecho el infierno”.

Y también Cáceres, quien cumple un anhelo de mucho tiempo, al poder participar en una película de género “en lo personal, mi parte de actor y de niño, lúdico, hacer una película de robo a un banco, es un sueño, con este nivel de producción y un tipo que conoce tanto al género policial, más sumado al elenco, se da todo para querer estar. Me toca un personaje particular, el más técnico, mas cerebral, conoce tanto de armas como herramientas, sabe mi función en la película es eficaz y precisa y tiene que ver con el género, que en este abanico de roles sabés qué ficha vas a poner en el rompecabezas. Estoy muy contento con el resultado y la experiencia, fueron seis semanas de rodaje, los seis muy contentos más el séptimo Calparsoro, trabajando con nosotros, y me queda la sensación de haber hecho una escena de acción y aventura y haberla vivido como tal”.

De la Serna vuelve sobre la exigencia del rodaje “el laburo que vos ves en quince segundos fue de 40 horas de rodaje, en agua fría, con trajes de neoprene. Te da una sensación de espectacularidad impresionante, pero después abajo del agua se te va. Parece por su facturación una película hollywoodense, y está bueno poder ver en nuestro idioma algo así, agradezco la posibilidad de las coproducciones”.

Justamente sobre la posibilidad de participar en una película de varias nacionalidades y las expectativas agrega otro dato “sabía que con Joaquín y Luciano la química iba a estar, la incógnita era qué iba a pasar con la parte española, había una fantasía sobre los actores, Luis Tossar es alguien que me gusta nunca imaginé que iba a ser tan buena entre todos nosotros, porque pensás que son lejanos culturalmente, pero no, todos trabajamos con la misma pasión”.

La película se rodó en Buenos Aires, simulando ser Valencia, por lo que la trama relacionada al robo se filmó íntegramente acá, mientras que la relacionada a la conspiración política fue en España con equipo del lugar.

Los tres actores destacan la idea de robar a un ladrón y su visión romántica del film tras esto “es un poco el leimotiv de la película, quién roba a quien, pero desde el minuto cero se plantea una situación bastante molesta y de robo institucionalizado a la gente, después entramos nosotros, que por una condición climática falla el robo”, dice Cáceres. Y De la Serna suma su idea tras el robo del banco “hay algo de justicia en eso”. Y también, nuevamente Cáceres, destaca algo que tanto como Furriel y De la Serna han mencionado, el cuidado y la atención del director “me sentí muy protegido, aún siendo la exigencia enorme, hubo que hacer muchas veces algunas escenas, pero el director siempre fue correcto y cálido. El nivel de la producción requería, más allá de haber muchas personas, un control y el estaba atento a todo”.

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