Tomás Tito
21/02/2016 13:20

Un hombre sale de Buenos Aires con destino hacia el Pantanal en el Mato Grosso, con un bolso lleno de dinero y en búsqueda de su hermano del cual esta distanciado. Mientras tanto, diferentes testimonios van reconstruyendo el camino que recorre Andrés y dando la sensación de que alguien lo está siguiendo. Pantanal (2014), película que participó en la Competencia Argentina del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y segundo proyecto del director Andrew Sala luego del film colectivo Cinco (2010), finalmente llega a los cines argentinos. “El espectador nunca va a estar seguro de nada, y eso puede ser frustrante para algunos, pero para mí eso es fundamental para que participe de la película y esté activo”, dice el cineasta a EscribiendoCine.

Pantanal

(2014)

Pantanal es una película que recorre gran parte del camino entre Buenos Aires y Brasil, ¿Cuál fue el motivo para mostrar esto?
Todo el litoral argentino y la triple frontera era una zona que yo conocía de viajes anteriores y que me parecía muy interesante para que el protagonista de la película recorra. Las fronteras son siempre zonas fértiles para las historias, hay contrabando, distintas monedas, distintos idiomas y culturas, es un lugar de paso para mucha gente, y era el lugar ideal para un personaje que se está escapando. Al Pantanal en el Mato Grosso nunca había ido; sí había leído mucho sobre esta zona, y me parecía un lugar ideal para que el personaje termine su recorrido, este viaje sin retorno, en el que lentamente va perdiendo todo.

¿Cómo surge la idea de contar esta historia a través de un estilo de narrativa no convencional?
Creo que esto surge a partir de la forma en que fuimos escribiendo la película. Salimos de Buenos Aires con Pantanal como destino final, con una escaleta del primer acto de la película y habiendo definido previamente al personaje principal, nada más. La historia la fuimos encontrando en el camino. Filmábamos, montábamos, escribíamos nuevas escenas que rodábamos al día siguiente y así durante cinco semanas. Además, un año después y habiendo armado un primer corte de la película, volvimos por el mismo camino completando lo que faltaba en la historia. Esta particular manera de armar la película es, creo yo, lo que le da esa característica no convencional.

Es una especie de documental falso que tiene características similares a Robó, huyó y lo pescaron (Take the Money and Run, 1969) de Woody Allen, en cuanto a los testimonios, por ejemplo ¿Cuáles fueron las influencias para la película?
La principal referencia fue una película de Marcelo Gomes y Karim Ainouzque se llama Viajo porque debo, vuelvo porque te amo (Viajo Porque Preciso, Volto Porque te Amo, 2009), aunque Pantanal terminó no pareciéndosele para nada, como suele suceder con las influencias. Otra película que tuvimos muy presente fue Ruta uno (Route one, 1989) de Robert Kramer, en la que el protagonista, un actor que hace de doctor, recorre la ruta uno a través de los Estados Unidos, armando un retrato de los EEUU en los 80s. Ambas películas, y también Pantanal, mezclan elementos típicos de la ficción con elementos del documental, trabajando en esa línea difusa.

La película tuvo mucho apoyo en varios festivales internacionales en la sección de “Work in progress”, ¿Crees que esto fue crucial para el desarrollo del proyecto?
Sí, desde ya que sí. La idea, al arrancar, era hacer una película sencilla y chiquita y pasarla en Mar del Plata o en el BAFICI. De repente un work in progress de la película quedó en Cine en Construcción del Festival de San Sebastián y eso le dio mucha visibilidad y además permitió que sumáramos a un agente de ventas que nos ayudó mucho con la difusión en festivales. Así, la película llegó mucho más lejos que lo que esperábamos inicialmente.

Hay actores de lugares muy variados, ¿Cómo fue el proceso de casting?
En la película solo hay tres actores, y solo dos son profesionales (Leonardo Múrua y Eugenia Borrelli). El resto son todos no actores. Leonardo Múrua había actuado en Cinco, una película del 2010 que habíamos hecho con varios directores, y me había gustado mucho su trabajo ahí. Además de ser un excelente actor y de dar muy bien con el physique du rol del personaje, Leo tiene un excelente carácter que lo convirtió en un compañero ideal para esta película-viaje. Sus aportes a la historia y al armado de la película fueron fundamentales. A Eugenia Borrelli también la conocía de Cinco y me había gustado mucho su trabajo ahí.

Con los no actores el proceso fue más o menos el mismo en todos lados: llagábamos a un pueblo, hacíamos base en algún hotel y de ahí íbamos buscando locaciones para filmar. Una vez que conseguíamos una locación que nos gustaba, convencíamos al dueño o empleado de que hiciera de sí mismo para la película. Ya en la primera reacción de la persona a nuestra propuesta nos dábamos cuenta si iba a funcionar o no frente a la cámara. Si no funcionaba o no quería aparecer, esa misma persona nos conseguía a alguien que la reemplazara.

¿Cómo fue el proceso de la creación de la banda sonora, clave en la película?
El leit motiv es de Metronomy, una banda inglesa. Desde el comienzo de la idea, esa canción era fundamental para la película. Por suerte, a través de muchas casualidades pudimos conseguir los derechos de la canción por muy poca plata. El resto de la banda sonora la compuso Nicolás Pucci, un músico y productor muy talentoso, con quien trabajamos durante meses para llegar a la música final.

¿Fue complejo el tener que filmar en tantos lugares y tan distantes unos de los otros?
No tanto. Ya desde la premisa de la película la idea era filmar viajando, entonces salimos con todo planeado para poder movernos con facilidad. Además, el tener un equipo técnico muy reducido ayudó mucho en este sentido.

El personaje de Andrés Cáceres muestra muchos conflictos internos pero que no se expresan, ¿Cómo fue la construcción de este personaje tan interesante?
Al personaje lo fuimos componiendo con el actor Leonardo Múrua y con Francisco Forbes que colaboró bastante con la historia en los comienzos. Como punto de partida estaba el personaje que Leo había interpretado en Cinco, un oficinista gris y aburrido. Después lo fuimos modificando y definiendo de a poco, con sensaciones e ideas que íbamos aportando todos. El vestuario y la utilería del personaje también ayudaron mucho a definirlo. Fue muy orgánico como se fue definiendo. Habría que preguntarle a Leo a ver cómo fue el proceso para él.

¿Se podría decir que la cámara es como una guía para los espectadores de los sentimientos del personaje de Andrés?
La cámara acompaña al personaje en su viaje, y la idea es que el espectador vaya armando en su cabeza, con los pequeños y muy sutiles elementos que la película va entregando, posibles historias que hay detrás. El espectador nunca va a estar seguro de nada, y eso puede ser frustrante para algunos, pero para mí eso es fundamental para que participe de la película y esté activo. Después están los testimonios documentales que buscan construir la idea de que hay alguien que lo sigue.

¿Tenes algún proyecto en mente para empezar a desarrollar próximamente?
Tengo una nueva película en desarrollo que se llama La barbarie acerca de un chico de ciudad que se va a vivir al campo de cría de vacas del padre. Ahí empieza a relacionarse con un grupo de chicos, hijos de peones, donde el juego de poder entre ellos es frágil. Como rito iniciático lo llevan a violarse a una chica a la que ellos abusan asiduamente y el tema es que el protagonista se enamora de ella y el problema es cómo hace para separarla del grupo. Por otro lado, hay toda otra trama acerca de que al padre, el patrón del campo, se le están muriendo misteriosamente las vacas.

El año pasado estuve trabajando el guion en el Laboratorio Cine Qua Non en México y en Madrid con una beca de Fundación Carolina e Ibermedia, y ahora estoy en proceso de conseguir el financiamiento. En marzo voy al Festival de Guadalajara a los Encuentros de Coproducción con el proyecto así que veremos qué pasa.

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