Juan Pablo Russo
09/12/2015 14:05

Productor de películas como Habitaciones para turistas (2004), 36 pasos (2006) o Sudor Frío (2010) y director de Pequeña Babilonia. 30 años de Rock Platense en Democracia (2014), Hernán Moyano acaba de editar, junto a Carina Rodríguez, el libro "Manual de cine de género. Experiencias de la guerrilla audiovisual en América Latina", una recopilación de 80 artículos inéditos donde referentes como Andy Muschietti, Gustavo Hernández, Alejandro Brugués, Pablo Parés, Alejandro Hidalgo, Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, entre otros, relatan en primera persona sus propias experiencias. "El principal objetivo del libro era poder motivar al lector", dice Moyano en una charla con EscribiendoCine.

Pequeña Babilonia. 30 años de Rock Platense en Democracia

(2014)

¿Qué los llevó a la realización del Manual de Cine de Género?
La idea surgió hace años. Imaginando lo bueno que hubiera sido tener una publicación que ponga al alcance de los estudiantes o realizadores, una visión mucho más terrenal de la producción de cine. Una visión real que desmitifique un poco la idea del cineasta como un elegido. Siempre sentí que la visión desde afuera era que el que hacia cine era miembro de una especie de elite y que para hacer cine y contar una historia, era necesario tener una estructura enorme y mucho dinero. Mi experiencia fue totalmente opuesta a eso. Por esto, charlando con colegas de Latinoamérica, se planteó la urgencia de tener una mirada clarificadora en algunas cuestiones. Allí, aparece Carina Rodríguez, quien público un libro fundacional para tener una visión más concreta del crecimiento del cine de género Latinoamericano. El libro “Cine de terror Argentino: producción, distribución, exhibición y mercado del cine de terror argentino de 2000 a 2010". En una charla vía Facebook, nos propusimos llevar adelante el proyecto del libro. Luego de un año de intenso trabajo, la publicación fue posible, también gracias a la valentía de Sergio Salgueiro de Fan ediciones que no dudo un segundo en llevar adelante el proyecto.

El manual es una compilación donde escriben diferentes personas vinculadas al cine de género ¿Cómo fue la selección tanto de autores como de las cuestiones que abordarían?
La idea fue tratar de tener la mayor cantidad de referentes por territorio. Una vez que teníamos una lista preliminar de posibles participantes, nos dedicamos a contactarlos y hacerles llegar la propuesta. Por suerte la mayoría de los realizadores entendieron la importancia que tenía poder compartir su experiencia con realizadores nobeles y con público en general. La idea del libro es además, visibilizar el trabajo de todos estos realizadores y acercar sus propuestas al lector.

¿Es una manual para realizadores o está destinado también a cualquier lector?
Las experiencias son tan atractivas, disimiles y están descriptas de una manera tan natural que no solo resultan movilizantes para el público iniciado, sino también para cualquier tipo de lector amante del cine. Pero algo muy gratificante fue darnos cuenta que incluso el público que no consume cine de género, se ve reflejado en los relatos de los integrantes del libro. Todos los integrantes del libro relatan la lucha para poder contar sus historias más allá de los presupuestos o esquemas de producción con los que hayan podido encararlas. Todos han sido precursores y sumamente valientes. Creo que eso es un punto que conecta al lector con estos relatos.

Hay algo que llama la atención que es la incursión de la primera persona en los textos ¿A qué se debió esa decisión?
La idea era no hacer una lectura subjetiva de los proyectos, realizadores o sobre la industria en cada territorio. La idea siempre fue poder recopilar los relatos en primera persona de estos referentes latinoamericanos. Tratar de alejarse del tono académico y muchas veces abstracto de los libros sobre cine. El principal objetivo del libro era poder motivar al lector. Creo que no hay forma más concreta de hacerlo que acercándose a relatos en primera persona cargados de información útil y sobre todo con mucho amor por el oficio. Poder leer un relato de muchos de aquellos que tuvieron la difícil tarea de allanar el camino para el cine de género en países sin tradición, es algo que llega de manera mucho más potente.

¿Pudieron explayarse sobre todo lo que querían o hay material para otro libro?
Siempre quedan cosas fuera, pero tratamos de integrar lo que nos parecía que era indispensable para entender el oficio en cada una de las áreas de la producción de cine de guerrilla. Ahora, estamos con la idea de poder profundizar sobre el tema de la distribución y exhibición en Latinoamérica. Tenemos el proyecto de poder encarar ese nuevo libro el año próximo junto con Carina Rodríguez. Tenemos el apoyo de Ultracine y de Gabriel Giandinotto, para poder ayudarnos con información relacionada, así que esperamos poder concretarlo pronto.

Cuándo se habla de cine de género hay una mirada muy amplia y abarcativa, ¿para ustedes que sería y como lo definirían?
En esencia y por su origen, el cine de género no es otra cosa que una etiqueta que sirve para delimitar un grupo temático, genérico y estilístico de producciones. En nuestro caso, somos un grupo de realizadores que en la mayoría de los casos somos contemporáneos y que hemos crecido consumiendo ciclos como Sábado de súper acción o Cine fantástico, entre otros. Estas influencias se han visto reflejadas en el cine que hemos producido. Los espacios de difusión nos han vinculado y finalmente hemos tenido que crear nuestros propios esquemas de producción, nuestro propio star system y formas alternativas de financiamiento. La profesionalización de todos estos realizadores llevó a que estos géneros comiencen a tener producción industrial y a la vez se ha dado una retroalimentación natural entre los realizadores. Estas experiencias similares nos han llevado naturalmente a reunirnos bajo la denominación de la LIGA de realizadores de cine de género Argentino.

¿Cómo está hoy el cine de género en Latinoamérica y especialmente Argentina?
Creo que el cine de género latinoamericano ha crecido enormemente desde la última década o década y media. Hoy, países con cinematografías chicas, tienen un referente de cine de género y que en la mayoría de los casos, han sido tremendamente rentables y exitosas. Los realizadores latinoamericanos han ido evolucionando, aprendiendo y esa experiencia dentro del cine de guerrilla, los ha hecho realizadores mucho más completos que los de otras latitudes. Por esta razón, cinematografías como la americana, revisa nuestros trabajos.

La principal fortaleza es la diversidad. Creo que lo que sucedió con el cine Oriental en Estados Unidos, sirvió de ejemplo. A raíz del éxito de películas como La llamada o La maldición, el cine oriental decidió armarse como bloque y desde mi punto de vista, comenzaron a perder identidad. Esa identidad que hace que películas hongkonesas, chinas, japonesas o coreanas, sean muy diferentes entre si. El poder que generó la atención de la industria americana, hizo que esas diferencias desaparezcan durante un tiempo, y que los realizadores repitan fórmulas exitosas. En Latinoamérica eso no sucedió y cada país tiene un color e historias muy características. En relación a las debilidades, quizás lo más urgente, seria poder tender lazos de colaboración entre nuestros países. Generar mayor cantidad de pantallas para nuestras películas y encontrar la forma de fomentar la producción de estos géneros

¿En qué áreas faltaría profundizar?
Creo que lo que falta para que el cine de género latinoamericano de un salto definitivo es poder educar a nuevos espectadores para que consuman nuestras producciones. Superar el prurito y que concurran masivamente a apoyar producciones locales como lo hacen con propuestas extranjeras.

A nivel técnico estamos muy cerca de competir con producciones mucho más grandes venidas de otras latitudes y a nivel temático, tenemos un enorme potencial si tenemos en cuenta las costumbres e idiosincrasias de cada país. Quizás lo que aún no hayamos podido hacer es liberarnos definitivamente de las referencias foráneas y tratar de profundizar en temáticas más propias de nuestro folklore y tradición.

A la vez, tenemos la obligación de poder encontrar la forma de seducir a actores reconocidos para que protagonicen nuestras películas. Debemos darle un marco de contención en donde logren entender el potencial expresivo del cine de género.

Recién se acaba de formar la Liga de Cine Género, ¿en qué consiste y cuál sería su función?
Desde hace tiempo, algunos realizadores de cine de género nos hemos reunido habitualmente para poder intercambiar experiencias y problematizar algunos aspectos de la industria y del impacto de nuestras películas en ella. Tratar de encontrar entre todos las soluciones a algunos problemas constantes y socializar la información de nuestras experiencias. A la vez, como la mayoría venimos empujando el género en nuestro país y hemos visto el crecimiento de la producción de este tipo de propuestas, no solo aquí sino en toda Latinoamerica, llegamos a la conclusión que para que el cine de género siga creciendo necesita un marco de contención y protección institucional. La aparición de espacios como el Blood Window dentro de Ventana Sur es una de las señales de la trascendencia que nuestras producciones tienen a nivel internacional. A la vez, la consolidación del festival Buenos Aires Rojo Sangre, no hace otra cosa que demostrar que existe un público ávido de consumir este tipo de producciones.

¿Qué perspectivas tienen para el futuro?
Nuestras producciones siempre han sido encaradas pensando en el público y son películas que tienen un perfil comercial muy marcado, más allá de las condiciones de producción con las que hayan sido realizadas. El cine de género convoca año a año a una enorme cantidad de espectadores en sala con producciones extranjeras y por esto creemos que es importante que nuestra industria continúe profundizando en la consolidación de este tipo de propuestas, pero de producción local. Por esta y otras razones, llegamos a la conclusión que era un momento oportuno para concretar una unión de realizadores que nos ayude a tener mayor representación en los ámbitos relacionados con el fomento de nuestro oficio. Llegar a tener voz y voto en los comités del instituto de cine, apoyar los espacios de difusión que se han creado y poder gestionar nuevos. En un futuro, lograr crear una red de realizadores de género en toda Latinoamérica y generar una red de distribución y exhibición que pueda ayudar al intercambio cultural de nuestros territorios. Estas son algunos de los objetivos a corto plazo que nos hemos trazado.

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