Emiliano Basile
01/12/2015 14:58

Este jueves se estrena Tras la pantalla (2015) un documental que gira, con humor y cariño, en torno a la figura del emblemático distribuidor de cine argentino Pascual Condito. EscribiendoCine tuvo la oportunidad de entrevistar a su director, quien nos dice acerca de su protagonista: “su historia de vida, fuerte personalidad, la manera particular de llevar adelante el trabajo de distribuidor, conformaban una combinación estimulante para armar el retrato de un personaje”.

Tras la pantalla

(2015)

¿Cómo surge el proyecto de hacer la película? ¿Lo conocías previamente a Pascual Condito?
Lo conocí en el año 2007 cuando estrenamos y distribuimos con Primer Plano la película Estrellas que codirigí con Federico León. Así es que por un tiempo compartimos varias reuniones que sorpresivamente se podían alargar con charlas sobre el estado del cine argentino o terminar abruptamente por una discusión acalorada por tener puntos de vista distintos sobre la estrategia de estreno de nuestra película. Desde esos encuentros quedó rondando en mi cabeza que podía ser interesante que una cámara registre ciertas situaciones que vivía cotidianamente Pascual en su oficina ya que sería una manera de conocer desde adentro y entender más sobre la problemática de la distribución del cine argentino. Varios meses después del estreno de Estrellas, me enteré de que Pascual había vendido el emblemático edificio de Primer Plano, que lo iban a demoler, porque la distribuidora estaba atravesando una crisis económica. Estaba convencido de que había que registrar ese momento, y le propuse a Pascual la posibilidad de hacer una película con él, no una biografía sino una especie de retrato. A los pocos días estaba registrando los primeros movimientos de mudanza de Primer Plano. Empezamos de una manera bastante espontánea.

¿En qué momento consideraste que podías estructurar un film en torno a él?
De entrada sabía que Pascual podía ser un buen eje para reflexionar la problemática de la distribución y el trabajo de la denominada industria del cine nacional. Y su historia de vida, fuerte personalidad, la manera particular de llevar adelante el trabajo de distribuidor, conformaban una combinación estimulante para armar el retrato de un personaje. Pero como arranqué a filmar casi de un día para otro, sin un trabajo previo de investigación, sin un guión, no sabía realmente si estas ideas y elementos iban a desembocar en una película, un corto o simplemente terminar en un registro. De algún modo fui encontrando la película, escribiendo el guión, mientras filmaba. Y recién después de bastante tiempo de rodaje, me convencí de que había una historia para contar con Pascual como protagonista.

Se lo ve en la película dando indicaciones todo el tiempo, ¿fue así el rodaje también?
Pascual vivió toda la etapa de filmación de manera bastante relajada. La dinámica de rodaje era llegar bien temprano a Primer Plano, poner unas pocas luces de refuerzo en los lugares más transitados del edificio, colocarle un micrófono inalámbrico a Pascual y prender la cámara. Teníamos la libertad de registrar todo lo que sucedía dentro del edificio. Pascual siempre tuvo un respeto grande por nuestro trabajo en rodaje, sus indicaciones eran todas para sus empleados en la línea de aconsejarles cómo debían desenvolverse ante la cámara. Así es que al principio fuimos como la novedad, el chiche nuevo de la oficina, pero con el tiempo se fueron como olvidando de nuestra presencia y todo empezó a fluir más naturalmente.

La película marca un fin de época en lo relacionado a la distribución, ¿es una idea planteada desde el comienzo del proyecto o surgió a posteriori?
Desde el momento que la demolición del edificio de Primer Plano fue el disparador del rodaje de la película, sabía que estaba retratando el fin de una época de un protagonista importante del cine de nuestro país. Pero en ese momento lo vivía más como un acontecimiento enmarcado en la historia de una persona y no con la conciencia del fin de una época de la distribución. La idea fue tomando más fuerza con el paso del rodaje que se desarrolló en gran parte en el denominado barrio del cine, donde estaba la distribuidora de Pascual. Conocer más sobre la historia del barrio, vincularme con algunos de sus protagonistas, recorrerlo asiduamente, fueron muy importantes para entender que estaba retratando el fin de una época del cine argentino.

La mudanza del edificio de la distribuidora sucedió hace varios años, ¿por qué la película se estrena recién ahora?
La etapa de postproducción fue mucho más larga y difícil de la que todos imaginábamos. En un momento tuvimos diferencias con Pascual con respecto a ciertos aspectos que desarrollaba la película sobre su lucha en defensa del cine nacional. Siempre entendí que en un documental que retrata a un personaje en algún momento hay inevitablemente un choque entre el director y el protagonista. Por un lado está la mirada que quiere desarrollar el director sobre el protagonista y por otro la del protagonista que tiene la suya de cómo quiere mostrarse. Y es en ese choque, en el intercambio de las diferencias, surge una tercera mirada, que es la que reflejará la película. Es un choque que tiene que ir convirtiéndose en un diálogo. Pero en este caso se podría decir que el choque fue muy fuerte. Seguramente por la vivaz personalidad de los protagonistas. Y también porque estuvo muy presente la mirada e intervención del productor. De este modo se fue generando un desgaste en todos que dio lugar a una obligada pausa en el trabajo postproducción. El tiempo, la distancia, ayudó a que finalmente de a poco nos vayamos reencontrando para terminar la película. Volvimos convencidos de que las películas hay que terminarlas. Así es que todos fuimos cediendo un poco en nuestras posiciones para lograr el objetivo. Para mí fue un aprendizaje trabajar en el montaje teniendo presente opiniones del protagonista y del productor, que no es ni peor ni mejor, sino una forma distinta a la que estaba acostumbrado con mis otras películas. Siento que la etapa final de trabajo de esta película está más cercana a como se conciben ciertas producciones industriales. Y ya con la película terminada, transitamos el largo camino que recorren casi todas las películas nacionales para llegar al deseado estreno: trámites ante el INCAA, conseguir salas, fecha de estreno.

Tras la pantalla es un homenaje a la figura del distribuidor y a la vez toma cierta distancia de él, ¿querías separarte del discurso de pasado mejor que propaga?
Citando a Luis Alberto Spinetta “mañana siempre es mejor”. Igualmente la distancia buscada no es tanto para separarme de un pasado sino de que la película no deje plasmado únicamente el punto de vista de Pascual. Y la película se hace eco de cierta mirada nostálgica de Pascual que intento se compense destacando también su espírítu de firme búsqueda para continuar en el cine, renovarse y saber vivir el presente.

Hay un humor que surge de la pasión desmedida del protagonista, como sucedía en Estrellas, ¿buscabas alivianar la carga de tragedia anticipada que tiene la película o es algo intrínseco al personaje?
Me parece muy importante que el humor pueda estar presente en documentales sobre temas sociales donde muchas veces pareciera que la única manera de abordarlos es a través de un exagerado respeto o cierta mirada solemne. Trabajar con el humor puede generar nuevas reflexiones sobre la temática retratada, y también lograr llegar de una manera diferente a los espectadores. En el caso de mis películas anteriores Estrellas y Sordo, trabajé la construcción del humor desde la etapa de guión, generando escenas o diálogos casi como en una película de ficción. En el caso de Tras la pantalla el humor era una característica muy presente en el protagonista que la película busca desarrollar con la puesta de cámara y en la elección de ciertas escenas. El desafío era cómo dosificar ese costado de Pascual, saber cuándo era conveniente para la trama que este más o menos presente. De algún modo la pérdida de ese añorado pasado no se convierte en una tragedia debido a la personalidad del protagonista.

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