Ezequiel Obregón
06/11/2015 12:30

El director que se dio a conocer con la divertida De Caravana (2010) vino al 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata a presentar, en co-dirección con Alejandro Cozza e Inés Moyano, una película que surgió como producto de un taller de realización. El Deportivo (2015) es una propuesta sencilla desde la producción, pero fresca y producto de un trabajo comunitario.

El Deportivo

(2015)

Cinco años después de haber competido en el Festival con De Caravana, Rosendo Ruíz se ha volcado a producciones más modestas (como por ejemplo Tres D (2014) o Todo el tiempo del mundo (2015), ambas presentadas en el BAFICI). Con El Deportivo, Ruiz trae a Mar del Plata una película realizada de forma un tanto particular. “Yo incursioné en el 2013 en la docencia. Y no me sentí cómodo con la docencia de la teoría; yo, profe, alumno sentado que llega a la clase y trae trabajos prácticos. Entonces renuncié y dije: ‘la mejor manera de transmitir la experiencia que tengo es haciendo, y haciendo algo en serio’. Entonces los convoqué a Alejandro Cozza y a mi señora, Inés Moyano, para largarse a hacer una película con gente de un taller”, comentó a Escribiendo Cine. “Abrimos la convocatoria y tuvimos 22 inscriptos de 17 a 70 años, que jamás habían tenido experiencia. Durante todo el año, al comienzo durante dos veces por semana, comenzamos a dar clases sobre qué era el cine para nosotros tres y empezamos a proponer ideas. Explicamos qué es una story line y les pedimos que todos trajeran uno. Elegimos una y, con un cronograma de tiempo, se trabajó el guión tres meses. Fue un trabajo intenso. Tuvimos tutores que dieron clases de fotografía, sonido y arte. Y nos largamos con diez días de rodaje intenso. Después, editando la peli nos dimos cuenta de que había una peli, por más que tuviera sus limitaciones. Y a mí me gusta la que quedó, desde la simpleza que tiene”.

Además del tipo de trabajo que comentás, El Deportivo tiene algo muy “juvenil”.
En el 2014 abrimos la convocatoria de este taller. Había dos pibes de 17 años pero también una señora de 70. El promedio era de 35, 40 años. El colegio Dante Alighieri se entera de esto y me convoca para hacer una película con los alumnos. Hicimos un taller similar y surgió Todo el tiempo del mundo.

¿Considerás que esta es una forma de cine popular y masivo?
Sí, claro, porque yo no lo veo desde lo que se decide contar, que también es popular y masivo. Nos metimos en los barrios, en las calles. Sino que es popular y colectivo desde la forma de hacerse. En un cine anti-autor. Somos todos los autores. Por más que dividimos áreas, fue muy horizontal el trabajo. Eran todos trabajos en equipo. A veces había que tomar decisiones, y los tutores o yo o Alejandro tomábamos las decisiones. Pero el trabajo fue súper horizontal.

¿Cómo se fue gestando la historia?
Se fusionaron dos historias; pequeñas ideas, simples. Es muy difícil de destejer la trama para saber cómo empezó, pero elegimos la historia de un pibe que es muy hincha de fútbol, que vive en el barrio Alberdi. Empezamos a votar las más posibles, había ideas buenas pero sabíamos que teníamos un esquema de producción muy acotado.

En el film, el fútbol se revela como un catalizador de fuerzas sociales, un espacio de convivencia muy potente.
Justamente, el fútbol era una anécdota, una excusa para acercarnos a esa vida popular y de gente común, por decirlo de alguna forma. Y eso hizo que en la trama se vincule un peón de albañil con una chica que es hincha de otro equipo. El fútbol no importa, sino lo que congregan los clubes. Que son muy pobres. Pero la gente va, canta, se hacen tatuajes. Y usan el club; se festejan cumpleaños, comen asados. El club como un lugar de encuentro. Fuimos a los clubes barriales, menos visibles.

¿Qué sentís estando aquí, en Mar del Plata?
Yo amo mucho Mar del Plata. En el BAFICI la paso muy bien. Pero acá me siento más cómodo, me gusta la ciudad. No es la locura de la Capital. Está todo más cerca, está el mar. Vengo a disfrutarlo. Ya de estudiante venía siempre y veía cinco películas por día. Tengo mi corazoncito para los dos pero disfruto mucho más este. Yo me alquilo una bici acá, me voy de un cine a otro.

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