Jimena Díaz Pérez
06/11/2015 11:20

En el marco del 13 Festival Internacional de Cine Judío en la Argentina, que se desarrollará del 5 al 18 de noviembre, se presenta La llave perdida, documental de Ricardo Adler, que explora sobre la sexualidad judeo-cabalística. A través de su experiencia personal, y de diversos testimonios, el director venezolano posa su mirada en un tema poco frecuente.

La llave perdida

(2014)

Varios de los mitos que existen sobre la sexualidad del pueblo judío son desterrados en La llave perdida. Los conocimientos del rabino Manis Friedman, cofundador y decano del Instituto de Estudios Judaicos Bais Chana en Minnesota, son el eje de un argumento que se completa con la palabra de sexólogos y de diferentes parejas que practican dicha religión.

Adler elige reflejar su experiencia en el documental. Y su historia sirve de ejemplo para entender más en profundidad qué es lo que buscan los hombres al momento de casarse y formar una familia. ¿Es posible permanecer durante toda la vida al lado de la misma mujer? ¿Cómo lograr que no se pierda el enamoramiento con el correr de los años? Esas son algunas de las preguntas que encuentran respuesta en la sabiduría milenaria de la Cabalá y el judaísmo.

Lo más interesante es que La llave perdida plantea conceptos interesantes que pueden ser aplicados por todas las personas, independientemente de la religión que tengan. Principalmente, se indaga sobre el intento que realiza el ser humano por conseguir una “intimidad”, real y consciente, que asegure el verdadero vínculo de una pareja. Y no sólo el acto sexual, pasajero.

Los testimonios y la palabra de los profesionales invitan al público a reflexionar sobre diversos aspectos que están instalados en la sociedad actual, sin demasiados cuestionamientos. Adler propone una nueva mirada que quizás no sea tan ilógica como puede parecer al comienzo. Vale la pena detenerse a observar

¿Cómo surgió la idea de realizar La llave perdida?
La verdad es que yo vengo del mundo de la tecnología, no estudié cine. Pero en algún momento tuve un dilema laboral y existencial, donde se mezclaron varias cosas y empecé a explorar otras carreras. El primer documental que hice, que se llama Mazal Tov: Lo que no sabías del matrimonio judío, fue una prueba para saber cómo era el mundo del cine. Gracias a Dios nos fue muy bien, fue muy bien recibido en toda Latinoamérica, en la Argentina también lo pasaron bastante. Era un documental gratuito en el que había una sección corta de cinco minutos sobre el tema de la sexualidad. Mucha gente se me acercó para preguntarme qué dice la Torá y el judaísmo sobre la sexualidad, y ahí se me ocurrió la idea de hacer un documental sobre ese tema. Sobre todo porque yo mismo, mientras volvía a mi observancia judía, me dí cuenta que había muy poca información sobre lo que es el acto íntimo en sí. Incluso algunos rabinos no compartían mucha información tampoco. Entonces me pareció importante hacer esta película sobre este tema tan oculto, de cierta manera, para difundir las enseñanzas al máximo de gente posible.

¿De qué manera se desarrolló el rodaje?
No fue nada sencillo, como no lo es en muchos documentales. Hicimos un primer rodaje que duró varias semanas, entre Nueva York, Miami y Caracas. Cuando lo llevamos a la sala de edición y realizamos un primer corte de la película nos dimos cuenta, provándolo en diferentes ciudades y países, que no estaba funcionando como nosotros queríamos. Tuvimos que volver prácticamente al paso uno y reescribimos todo el documental nuevamente. Se terminó perdiendo mucho de ese material y nos salió algo costoso, pero así es la vida de los documentales. Nos lanzamos en base a un nuevo guion a un segundo rodaje, que fue como dos años después del primero. Ese corte de la película estaba funcionando mucho mejor, sin embargo, en la edición faltaba un toque extra. Entonces realizamos un tercer mini rodaje que era, básicamente, grabarme a mí como uno de los protagonistas contando ciertas experiencias adicionales que iban a servir para hilar la película un poco mejor. Después de eso pudimos editar lo que quisimos y gracias a Dios ha salido muy bien.

¿Cómo viviste la experiencia de ser director y también protagonista?
Inicialmente la idea era que yo no estuviera en el documental, de hecho nunca quise estar ni que fuera una película sobre mi historia personal, sino hacerla sobre otras parejas. En el primer rodaje era simplemente un director, y tomar la decisión de entrar duró varios meses, no fue nada fácil. Por un lado porque era director, y por otro porque iba a estar compartiendo muchas intimidades y tuve que convencer a mi esposa. Hablé con mi familia, con los rabinos, para saber qué pensaban ellos, y al final decidimos que lo íbamos a hacer de cierta manera, como está en la película. La verdad es que obviamente no es sencillo ser director y a la vez protagonista, en especial cuando me están entrevistando a mí mismo. Pasaron algunas cosas cómicas durante ese rodaje: de repente yo le decía a mi co-director, que me estaba entrevistando, cómo decirme las cosas porque me estaba escuchando y a la vez pensando en que me estaba dirigiendo a mí mismo. Eso tiene cierta complejidad, pero se logró hacer y al final salió todo bien.

¿Por qué considerás que es importante que el público conozca el concepto de “intimidad” que tiene la religión judeo-cabalística?
Ante todo, consideramos que el mensaje de la intimidad es universal. Toda pareja, bien sea judía o no judía, quiere y necesita intimidad. Osea, esa conexión profunda en la que dos personas se pueden fusionar y convertir en una es universal. Entonces nosotros pensamos que hay una crisis de sexualidad hoy en día en el mundo. Una crisis que arrancó con fuerza en los años 60, donde nos vendieron un sexo animalístico basado en ejecución, en acrobacias, en placer solamente, y eso desvirtuó mucho el acto íntimo. Y a su vez ha traído una serie de problemas: una de las principales causas de divorcios tiene que ver con la sexualidad; los jóvenes hoy en día tienen muchos problemas de autoestima por su sexualidad y su apariencia; ahora hay adicciones al sexo, cosa que no había antes. Todo eso a raíz de esa revolución de los años 60, entonces lo que pensamos es que es bueno para el mundo y para la sociedad que las parejas redescubran la intimidad. No hay nada malo en tener placer en el acto sexual, pero somos seres humanos y podemos llevarlo a un nivel mucho más alto, y eso es lo que estamos proponiendo. Y si las parejas a nivel mundial se enfocan en la intimidad, eso a su vez va a traer matrimonios conectados, profundos, va a traer hijos espiritualmente más sanos. Eso lo dice la Cabalá también. La familia es la unidad básica de la sociedad: si tenemos familias unidas, sólidas y sanas, eso va a hacer que la sociedad sea más sana también. Sino terminamos teniendo otro tipo de problemas, de violencias, de guerras. Todo eso se puede llevar al hecho de que las familias no están bien integradas. Entonces pensamos que es algo trascendente y por eso se han unido tantos rabinos importantes a este proyecto.

¿Qué expectativas tenés con respecto a la participación de la película en el 13 Festival Internacional de Cine Judío en la Argentina?
Estamos muy emocionados y honrados de que nos hayan admitido. Hemos sido más o menos selectivos en relación a cuales festivales aplicamos, pensando en los territorios, el tipo y la calidad del festival. Vamos a tener tres funciones, y estamos orientando la publicidad y la prensa tanto al público judío como al no judío. Hay una comunidad judía muy grande ahí, y además la Argentina es un país al cual cuyo cine respeto muchísimo. Es un reto el ir para allá y buscar que al público le guste nuestro documental. Vamos a tener paneles muy interesantes con rabinos locales reconocidos, una sexóloga y voy a estar yo también. Hay mucha expectativa y esperamos, como hemos hecho en otros festivales, llenar las funciones y que la gente salga contenta, preguntando, cuestionando, debatiendo. Eso es lo que estamos buscando. Ojalá sea así.

¿Cuál es el mensaje que busca transmitir La llave perdida?
Lo que queremos transmitirle al público es que el acto sexual puede ser elevado a una experiencia espiritual mística, en donde dos personas se pueden fusionar y convertirse en una. No es una experiencia fácil de lograr, y de hecho no se logra todo el tiempo, pero cuando se logra o cuando te acercas a eso, transforma completamente tu relación matrimonial, tu relación de pareja. Lo que queremos decirle al público es que reflexione sobre la forma como ha venido practicando su sexualidad hasta ahora, que piense sobre lo que nos han vendido todas estas décadas de lo que es el sexo, y que entiendan que hay una forma mucho más bonita, más espiritual y más elevada de practicarlo. Y si se logra, se reboza a todo el resto de la relación: empieza a traer otros beneficios a nivel de la pareja, de conexión, de entendimiento. Como dice la Cábala, también ayuda a traer niños que sean más sanos espiritualmente.

¿Estás trabajando en nuevos proyectos?
En efecto. Ya terminamos un libro con el rabino Friedman, que se llama La llave perdida también. Es una especie de compendium book a la película y simplemente estamos viendo cuál es la mejor fecha de publicación. Adicionalmente, hay dos documentales cortos sobre La llave perdida, es una serie de tres películas, y obviamente la que se va a ver en el festival es la principal, el largometraje. Estas otras son de temas relacionados a lo que dice el judaísmo sobre la intimidad. Solamente falta llevarlos a un proceso de postproducción y serán anunciados por las redes sociales.

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