Juan Pablo Russo
19/10/2015 12:42

Tras su paso por la Competencia Latinoamericana del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Emiliano Grieco estrena La huella en la niebla, su ópera prima de ficción, que al igual que en  Diamante (2013) retoma al río como elemento protagónico para narrar una historia, en este caso un thriller minimalista cargado de misterio e intriga. "Lo fantasmagórico, tiene que ver con muchos elementos. Sobre todo de la literatura entrerriana que a mí me gusta, pero por otro lado también, nuestros “mitos” o relatos que surgen en la costa", dice en una charla con EscribiendoCine.

La huella en la niebla

(2014)

¿Cómo surge la idea de hacer una película que vira ente el cine contemplativo y el policial?
Venía de trabajar mucho en el género documental, de pensar las películas cómo un documental. Y ese tipo documental era contemplativo. Con La huella en la niebla desde el comienzo fue diferente, desde la idea fue una ficción, qué salió del relato de estos pescadores. La película la pensé desde el comienzo como una ficción y el género me permitía jugar más, mezclar, tener una nueva experiencia cinematográfica. Y dar un paso como realizador de documental a la ficción, conservando lo que venía haciendo algo más contemplativo y con no actores.

¿La pensaste como una película más de género?
Sí fue una película pensada más de género. Puede ser policial. Puede tener algo de thriller psicológico, drama. Un género algo deforme igual, con total libertad. También investigando mirando referencias, llegué a películas del cine argentino como Los Isleños (1951), de Lucas Demare. Quería jugar un poco con esa idea del cine contemporáneo latinoamericano. Y regencias más antiguas de nuestro cine.

Resulta muy interesante el trabajo de Damián Enriquez, ¿cómo llegás a él?
Hace mucho que estoy trabajando con gente de la costa y en una de estas visitas conocí a Damián. Fuimos a recorrer su espinel, en la canoa de su padre con la trabajan juntos, en sociedad. Es la misma canoa que usa durante toda la película. Cuando fue el turno de Damián para recorrer el espinel. Lo acompañé y grabamos, vi que era el actor de la película y le ofrecí actuar. La verdad fue un hallazgo faltaba poco para filmar y no podía dar con el actor. Hice muchos castings, visité muchos lugares y por suerte lo encontré en el Barrio de Bajada Grande, en Paraná.

Sin ser actor profesional, ¿cómo fue la marcación para que lograra tener esa inexpresividad tan expresiva en la construcción de un personaje que está en cámara casi permanentemente?
Hicimos algunos ensayos. Al principio pensé qué tenía que dejar muchas cosas del guion de lado y adaptarme a él al no ser actor. Pero por suerte tenía muchas ganas de actuar. Entonces no tuve que modificar muchas cosas. Lo que sí tuve que hacer siempre fue marcar todo en toma, lo cual fue muy difícil para el sonido directo, pero era la mejor manera y la que a él le daba seguridad que le hable y le vaya diciendo que hacer, que tiempos manejar o hacia dónde mirar.

Dentro de tu filmografía el río tiene una fuerte presencia protagónica pero también fantasmagórica, ¿a qué se debe esa presencia y esa forma de mostrarlo?
A esta idea, en La huella en la niebla fue dónde más la pude trabajar. Lo fantasmagórico, tiene que ver con muchos elementos. Sobre todo de la literatura entrerriana que a mí me gusta, pero por otro lado también, nuestros “mitos” o relatos que surgen en la costa. Como para mencionar algunos estilo la llorona, el lobisón, el diablo que se esconde debajo de higuerillas. Las acacias negras de la muerte, la siesta, el viento que enloquece, la oscuridad, el río... Uno crece con todo esto, en un fogón en la noche o en algún momento había un relato de este estilo. No le doy una presencia física en la película pero están presentes de alguna manera. También notaba que siempre hay una virgen y unos demonios por ahí. Sobre todo en el caso de Elías que es un personaje casi muerto, herido que está en ese proceso de vivir, morir o desaparecer.

¿También la soledad es una característica dentro de tus películas?
La huella en la niebla empieza hace más de diez años en Paraná con Hijos del Río. Un hombre solo en una isla, mientras editaba el corto no paraba de pensar, porque una persona elije o termina en una Isla. Desde ahí decidí pensar en la Infancia en la soledad de la costa y así sale Diamante y Luego La huella en la niebla. Las veo como una trilogía del mismo personaje, del río y la soledad de la Isla.

Al igual que en Diamante es muy estilizado el trabajo de la imagen y los climas que se crea a partir de ciertos encuadres y el viraje del color ¿Cuáles fueron las premisas que te propusiste para lograr esa estética visual?
Las premisas fueron los escenarios naturales, los climas trabajarlos exhaustivamente desde la estética y el sonido. Algunas referencias que vimos con el DF Tebbe Schöning fueron pinturas de William Turner o de Cesáreo Bernardo de Quirós, pintor entrerriano. Creo que está estilización me permite generar climas y atmosferas visuales.

En algunos tramos de la película me hacía acordar a ciertos elementos utilizados por Lisandro Alonso o el catalán Lois Patiño, ¿cuáles son tus influencias cinematográficas?
Cuando hablamos al principio de género y cine contemporáneo, creo que la influencia más grande en lo que es cine contemporáneo para La huella en la niebla, son los elementos utilizados por Lisandro Alonso, sobre todo en Los muertos (2004).

Hiciste cortos, largos, documentales y ficción, ¿Ahora qué sigue?
Estoy terminando el guion de mi nueva película que se llama El Rocío, dónde me alejo del río y la soledad. Para entrar en la vida de una mujer con dos hijos, su hija se enferma por consecuencia de los modos de producción del campo actual y tiene que pelear para salvar su vida. La película se rodaría en Entre Ríos y en Buenos Aires. Espero poder filmar el año que vine.

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