Juan Pablo Russo
02/10/2015 19:22

Julián D’Angiolillo (Hacerme feriante, 2010) se mete en la periferia Cuerpo de letra (2015) bonaerense para explorar el mundo de las pintadas con fines políticos, una forma de propaganda que tuvo su origen en los años 70 y que hoy es una eslabón de la campaña publicitaria que puede llevar a un candidato al triunfo o al ocaso. "Siempre me atrajo el mundo de las pintadas por esa cosa casi urbana que aparece en la ciudad", dice en una charla con EscribiendoCine.

Cuerpo de letra

(2015)

¿Qué te motivó a realizar una película sobre las cuadrillas que realizan pintadas políticas?
Siempre me atrajo el mundo de las pintadas por esa cosa casi urbana que aparece en la ciudad. Es una presencia que está permanentemente pero que uno la naturaliza. No es común ver tanta pintada en otros países.

¿La idea central siempre fue poner en el foco ahí o esta fue mutando?
En un principio la idea era retratar aquellos oficios que tenían que ver con la propaganda propia de la periferia o el conurbano, que hoy quedó obsoleta por el uso de la tecnología como puede ser la pintada política, los pasacalles, la propaganda aérea, las bocinas de barrio...

Centrás tu película en un solo personaje que es el encargado de llevar adelante el relato, algo muy diferente a lo que sucedía en tu película anterior que se estructuraba de manera coral.
La idea al principio era hacer un retrato más coral donde el espacio ordenara el relato, similar a lo que sucedía con La Salada en Hacerme feriante. Pero desde que empezamos la investigación, y a buscar los personajes, se empezaron a generar en mí otros intereses, y a entender que no estaba mal tener personajes con más peso narrativo. Una vez que apareció Ezequiel quedó en claro que él iba a ser el personaje de la historia.

Cuerpo de letra es una película muy diferente a Hacerme feriante, ¿fue una búsqueda de tu parte marcar esa diferencia?
Para mí son muy diferentes. No me interesa tener estilo, ni quedarme en cierta cosa cómoda que ya había hecho en Hacerme feriante. Me interesa que cada película logre su propio estilo, pero no me interesa que me identifiquen a mí por el estilo. De hecho hay gente no le gusta esta y si Hacerme feriante, y viceversa.

La película mezcla ficción y documental pero lo hace con una naturalidad que es casi imposible darse cuenta ¿Cómo fue el proceso narrativo?
Cuerpo de letra tiene un guion muy sencillo que es ese aprendizaje y ascenso dentro de un grupo de pintadas al que después Ezequiel traiciona al mudarse a otro. Este plot yo lo fui charlando con Ezequiel porque cuando lo conocí ya era un profesional de la pintada, entonces de alguna forma él también actuó algunas escenas mostrándose como inexperto. Sin ser actor disfrutaba de la cámara y de la situación, algo que no es común encontrar en ese registro de documental donde una persona tenga empatía y que además sea carismática.

¿Cómo fue la relación con ellos para generar esa confianza que transmite la película?
Una vez que empezamos a filmar y que se dieron cuenta que no éramos un grupo de periodistas que llegamos los escrachamos y nunca nos fuimos. Fuimos tantas veces que empezaron a ver que teníamos un interés real en lo que hacían.

Documental, ficción, ¿vos cómo la definís?
Yo siento que es un documental. Últimamente se habla mucho de esta separación entre ficción y documental. Pero si hay que ponerle un género creo que es un documental porque estamos trabajando con sujetos reales. Hay puesta en escena pero en todos los documentales hay puesta en escena. Hay momentos en la película que gravita más la puesta en escena y otros donde yo estaba entregado a lo que sucediese. Pero eso es lo que me parece que le da una determinación nerviosa a todo lo que sucede y que le termina dando esa intensidad particular. Eso en una ficción es más difícil de representar aunque hay algunas que lo generan. Hoy en día todos esos procedimientos están muy cruzados y me parece que está bueno, que se están generan nuevas estéticas. A veces uno puede sentir que están más manipuladas o no.

A diferencia de lo que ocurre muchas veces en el cine documental evitás recurrir el plano fijo, ¿fue una búsqueda estética?
Deliberadamente no quería que hubiera planos fijos porque veo que hay un agotamiento de ese modelo que se llamó cine de observación. Eso de poner la cámara y esperar que las cosas sucedan. La película tenía que tener un estado de flotación. Tener una mirada que flote y que esté tranquila de no encontrar un punto de atención. En ese punto de flotación fueron apareciendo las cosas más importantes y las historias.

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