Emiliano Basile
02/10/2015 17:00

Tomás Lipgot (El árbol de la muralla, Moacir) regresa al cine con Vergüenza y Respeto (2015), un contundente documental en el  que retrata la vida cotidiana y las costumbres ancestrales de una familia gitana del conurbano bonaerense. "Es comprensible la desconfianza que los gitanos tienen con el mundo exterior, si uno ve la constante historia de persecuciones que han sufrido", dice el realizador en una charla con EscribiendoCine.

Vergüenza y Respeto

(2015)

¿Cómo conociste a los gitanos?
Fue una larga investigación hasta llegar a ellos. Primero contacté a la asociación de defensa del pueblo gitano AICRA, quienes me presentaron a la familia Campos. Ni bien los conocí no dudé que ellos eran los personajes. En una sola locación había una gran cantidad de personajes interesantes.

¿En qué momento se te ocurrió hacer un documental sobre ellos?
El momento exacto, preciso fue en un pabellón gitano de Auschwitz, yo estaba filmando para mi documental anterior, El árbol de la muralla y fui a visitar ese pabellón. Ahí mismo comenzó la idea, volví y me puse a trabajar en esta película.

¿Tuviste mucho tiempo de preparación para lograr su confianza?
Si, fue un trabajo arduo, que llevó su tiempo. Es comprensible la desconfianza que los gitanos tienen con el mundo exterior, si uno ve la constante historia de persecuciones que han sufrido. Yo tenía que convencerlos que lo que iba a hacer iba a ser respetuoso. Ahora bien, cuando esa confianza fue ganada, la confianza de la familia Campos fue absoluta y las puertas se abrieron, como creo que se ve plasmado en el documental. En cambio el rodaje, por cuestiones de producción y que el presupuesto era bajo, se hizo solo en 13 jornadas.

Me imagino que coincidís con algunas de sus costumbres y no con otras, ¿cómo resolviste mostrarlas?
Intenté dejar de lado mis preferencias y prejuicios personales. Traté de ser equilibrado en que mostrar y sobre todo en que no mostrar, también hubieron cosas que quedaron afuera, consensuadas con ellos, referidas a su intimidad. Mi idea era no aportar a la fuerte difamación que soportan los gitanos.

Hay al menos tres generaciones en la familia, ¿Creés que hay un cambio generacional en relación a las tradiciones?
En realidad hay cinco generaciones en la película, la más alta es la evocación del tío Luis, que era un gitano muy notable, culto y que escribía unos textos de una sensibilidad extraordinaria, que aparecen en las voces en off de la película. Y la generación más joven está plasmada en el nacimiento de la bebida Sheila Yasmín. Hay cambios y tensiones entre las generaciones, naturalmente como pasa en todos lados. Las más viejas son más conservadoras en relación a la conservación de las tradiciones y las jóvenes más cercanas al mundo externo, aunque también las conservan.

La película es casi un musical, ¿qué lugar ocupa la música en sus tradiciones?
Un lugar fundamental. Cómo en todos los gitanos Caló, provenientes de España, el flamenco es una parte esencial del ser gitano, que brota espontáneamente. Y es un flamenco muy puro, no contaminado por lo comercial ya que conserva el tipo de cante que se tocaba antiguamente en las casas gitanas.

Recuerdo la proyección en el 17 BAFICI cuando fueron a verla, ¿Qué les pareció la película?
Por suerte les gustó muchos, yo estaba ansioso de saber su parecer, ya que para mí era importante salir al mundo con le película con el consentimiento de ellos.

Crédito foto: Esteban Widnicky

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