Rolando Gallego
24/09/2015 14:22

Con un pie siempre en un avión, el realizador chileno Sebastián Sepúlveda pudo acariciar el éxito con su ópera prima Las Niñas Quispe (2013), que inspirada en hechos reales, buscó comprender el por qué de la decisión de las hermanas que dan nombre al título y que terminó con la muerte como salida a una encrucijada económica y social. De visita en Buenos Aires, para participar del  6 Festival de Cine Migrante, charló en exclusiva con EscribiendoCine sobre la realidad de una cinematografía que hacia afuera se potencia pero que no encuentra respuesta internamente.

Las Niñas Quispe

(2013)

¿Qué fue lo que te atrajo de la historia real para luego llevarla a la pantalla?
En un inicio me pareció extraña, y no entendía el sentido de la historia y por qué interesaba tanto a los chilenos y cuando fui al lugar donde vivían, ví la roca en donde hicieron el sacrificio y hablé con familiares comprendí que vivían en otro planeta, y el gesto que realizan es de tal magnitud tan fuerte que entendí qué decían, no a quién, pero era lo que me interpelaba a hacer la película. Muchas veces los cineastas hacen filmes explicativos, pero me interesaba a mí por qué su gesto se relacionaba con lo ancestral.

Sabiendo el desenlace, ¿cómo construiste la historia para generar interés?
Yo estuve en el lugar como dos meses, con la poca gente que habita el mismo, recogí testimonios, ví la obra Las Brutas de Juan Radrigán, que hasta tuve que pedir permiso antes de hablar por esto, porque más allá del nombre la obra tiene una estructura basada en silencios sobre la información, que algo tomé, pero también mucho de sus familiares, y también de los cuentos, que forman parte del imaginario chileno, relacionado a la imagen, tan incomprensible para muchos. Yo no quería aplanar la historia, para mí es muy metafísico todo, un viaje en el que ellas deciden dejar todo para irse unidas al cielo.

¿Cómo fue el proceso de casting?
En un primer momento quería ser muy duro, y hacer algo más pasoliniano, con gente de la zona, no por veracidad, sino para aprender, era más fácil llevar gente de Santiago, hacer la obra y listo, tomé a algunos actores “naturales”, pero era difícil también, porque no cualquiera puede generar interés. Convoqué a Digna Quispe, que si bien en la primera prueba no fue deslumbrante, pero hizo algo muy instintivo, y decidí sumarla y trabajar también con dos actrices conocidas en Chile, no fuera, para también jugar con la ignorancia de de dónde provienen ellas, me parece que hay algo orgánico entre ellas que permiten una narrativa propia, diferente a lo que se cree sobre el campesino chileno, aunque tuve que trabajar con Digna porque ella era actriz, y recitaba de alguna manera con la que rompía con su naturalidad, hablando en neutro, y por eso trabajé y jugué con esto. Fue complejo y como director fui bastante complicado a la hora de actuar, pero lo bueno es que la película se recibió muy bien y se llega a pensar que las protagonistas no son actrices. Intenté buscar como un injerto de la realidad en la ficción.

¿Qué obstáculos encontraste principalmente relacionados al lugar del rodaje?
Muchos, porque a cuatro mil metros de altura tuvimos que armar un campamento, similar a los mineros, con domos, y como todo campamento la gente comenzó a tener aversión al espacio. Piensa que estuvimos dos meses filmando, y se vivía como en la luna por los paisajes, con lugares hermosos e increíbles, que decidí dejarlos fuera por la realidad dura. Por eso el montaje llevó el film hacia un lugar árido. Francisca Gavilán se desmayó dos veces en el rodaje, una de las veces fue cuando degolla al cabrito guacho. Igual el rodaje fue tranquilo, porque había que cuidar a la gente, porque vimos que a la gente el lugar le afectaba. Una cocinera por ejemplo se descompuso, porque no nos dijo que era epiléptica y la altura la afectó.

¿Cuál fue la repercusión en Chile de Las Niñas Quispe?
En Chile el problema es de educación y la cinefilia es muy poca. Yo viví en Buenos Aires mucho tiempo y pude educarme, pero allá no hay muchos "cines arte", no hay una universidad pública como acá la UBA y la tele quema la cabeza, hay educación privada, en donde todos se conocen y la repercusión que se puede lograr es mínima, en comparación con Francia, por ejemplo, que tuvo una salida nacional con más de 20 mil espectadores, y yo pensaba que era muy loco eso. A los chilenos no les interesó la historia, no iban a pagar por una película así, en los focus group que se hicieron no entendían ni en dónde tenía que exhibirse, desestabilizaba el registro de dónde se situaba.

¿Qué es lo que falla? ¿Por qué no encuentran público?
Acá pasa, pero también encuentran los cineastas espectadores, mirá lo que pasa con El Clan (2015) de Pablo Trapero. A diferencia de acá, allá se piensa a la sociedad como una empresa no como individuos que intentan convivir, si uno lee revistas, por ejemplo en la consulta médica, hay un planteo de pensar a Chile como una empresa, evidentemente uno ve las diferencia con otras culturas, y la falta de capacitación. Sin formación va a haber consecuencias, porque la gente está lobotomizada. Durante la época de Allende Chile tenía una sociedad en la que el pueblo era la utopía del socialismo, pero hoy no existe eso, en las casas los libros son adornos, porque además hay un impuesto sobre ellos elevados, yo nunca compré libros, leía lo que había en mi casa y sino aprendí a ir a la biblioteca.

¿Por qué crees que no se contó la historia de los mineros de Atacama desde Chile?
Hay algo, yo incluso lo hablo con productores, que surge de que Chile es un país con un mercado pequeño, y el único que logra sucesos es Stefan Kramer, que proviene del showbiz televisivo. El público que va al cine es muy muy reducido, la gente va en promedio una vez al año, yo voy más, pero no en Chile, y he llegado a irme a vivir a Francia por esto, por no poder ir al cine, es como si tu fueses un literato y no encuentres bibliotecas ni librerías, es rarísimo. El problema es de formación y no sólo en el cine, sino en general, es un poco duro lo que digo, pero también lo que sucede. En Argentina he sentido que tiene una cultura más democratizante, en Chile no, es algo de una élite. El cine puede ser visto como una literatura más exigente, aunque no hay gente que la busque, a mí me surge esto porque me hacían leer cosas que luego me dejaron algo en el interior, algo que germinó, si no está eso no se le puede pedir a la gente que vean cosas no tan áridas como Las Niñas Quispe, siquiera, otras cosas.

¿Y cómo se sigue adelante con los proyectos sabiendo esto?
Es muy complicado, y el problema es no volverse cínico, es tan fuerte que uno no piensa que el film tendrá repercusión en la gente, ni siquiera en Chile, uno ya ve hacia afuera, y eso pasa con las nuevas camadas, que hacen un boom, y ese es el punto, deben estar en movimiento. A mí me sucede que, por ejemplo, ahora que estoy por adaptar una novela de Pedro Lemebel, alguien más conocido, y que pensamos que hará más masivo el film, pero igualmente estoy trabajando con otras cosas afuera, una en Estados Unidos y otra en Francia, porque puedo generar cosas sin pensar en Chile, cosas que tendrán más repercusión porque justamente estarán en otras lenguas.

¿Cómo te sentís presentando la película aquí?
Creo que este será el último en el que yo acompañe al film, después de la Berlinale ya estaba para mí, más que no es una película pochoclera, tuvo más de 20 premios internacionales, y esto a pesar que en Chile hasta la crítica no nos acompañó, a diferencia de otros lugares en donde siempre la elogiaron. En Chile todo es una empresa y la gente ni puede entender para qué hicimos una película así, para mí es un cuento más dentro de los mil y un relatos del imaginario popular de Chile, y muchas veces uno hace cosas porque uno tiene ganas.

¿Sos de leer las críticas? ¿Te importan?
Muchísimo, leo todas las críticas, de hecho entro en twitter para ver qué escriben, en cualquier lugar, porque de alguna manera uno aprende mucho de ellas. Hay críticos que me divierten, por ejemplo Roger Alan Koza cuando gané en el Festival de Lima dos premios él decía “mamita” cada vez que me mencionaron, porque el apoyaba a Jauja (2014) de Lisandro Alonso, a quien adoro y admiro, leo todo, e incluso llegué a ser insensible a los disparos que me tiran, salvo en Chile, por ser hijo de exiliados, que tiene que ver con un problema de identidad y que tenemos todos en mi familia, cierta aversión a que nos disparen los chilenos algo.

¿De lo último del cine chileno que has visto, qué te ha gustado?
El tema es que yo trabajo mucho con todos, por ejemplo edité El club (2015) de Pablo Larraín, y siempre con él he tenido una relación muy cercana, es una persona que se exige mucho, lo que está haciendo con Neruda es muy interesante, trabaja con la retroproyección y viene muy interesante, Fernando Guzzoni me interesa, tiene un film sobre el caso Zamudio muy interesante. No veo el cine minimalista, y eso que yo no hago films barrocos, pero si busco películas con detonantes que repercutan en el clímax. Soy un amante de Jorge Luis Borges y justamente él jamás hable de cosas contemplativas, no, el universo está dentro del relato siempre, hay algo que es de Las mil y una noches, creo en eso, con Las Niñas Quispe estaba conectado con la historia y como el final lleva muchos disparadores.

¿Cómo es explicar la película para los que no entienden esto?
En la obra de teatro estaba pero la gente no entendía mi punto, yo en Chile soy como un extranjero, es más no saben muchos que vivo allí, y les parecía raro que el de afuera venga a hablar sobre esto. En Chile, a diferencia de Francia no hubo encuentros con el público, porque era complicado, algunos me agradecieron, muy pocos, de hecho en una revista de decoración me hicieron una nota que decía que era un filme para odiar o amar, y yo pensaba en qué espacio me metieron, había algo relacionado a qué es ir a ver cine, qué es, ¿comer pochoclo? El cine puede ser otra cosa, y mi película plantea cuestiones que molesta desde lo emocional, porque los lleva a un lugar que no los hace sentir bien, es como darles chocolate y que tenga algo salado, ellos pedían su chocolate. Si tú a tus hijos les das otras opciones le haces bien, yo no hablo de formar audiencias sino de formar un país, y el cine es parte de esto y no me voy a cerrar sólo a una audiencia, porque tuve reconocimiento en varios lugares y me resulta absurdo volver a Chile y tener que pedir disculpas por la película que hice.

¿Cuándo comenzás con el nuevo proyecto?
En marzo, con Alfredo Castro que acaba de ganar en la 72 Mostra de Venecia con Desde allá, y le dije disfrútalo, porque yo además estoy en un momento angustioso que es el de terminar el guión.

Y esto también porque ustedes le dedican mucho tiempo a un proyecto…
Claro, es pasado pero es presente, Las Niñas Quispe fue hermoso pero ahora estoy con otras cosas, es algo sadomasoquista, pero también lindo, las satisfacciones son enormes, estoy escribiendo y pienso que entretenido y bonito oficio, Peter Brook al preguntarle por qué es ser un director el respondía “un niño experimentado”.

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