Juan Pablo Russo
23/09/2015 13:52

En Eso que llaman amor (2015), Victoria Chaya Miranda aborda de manera coral tres historias de amores nocivos. Diana Lamas, Verónica Intile y Laura Cymer personnifican a mujeres presas de sus propias obsesiones que derivan en vinculos amorosos patológicos. "Como mujer y feminista cuestiono a mi género, y cuestiono al género masculino, como cuestiono en mí, los mecanismos que considero tóxicos", dice en diálogo con EscribiendoCine.

Eso que llaman amor

(2015)

La mayoría de las películas románticas están enfocadas a partir de historias de amor sin embargo vos la planteas desde el desencanto amoroso. ¿Qué te llevo a contarla a partir de esa premisa?
No es algo que haya decidido, necesitaba hacer una crítica al ser humano y a los desastres que hacemos en nombre del amor. Creo que necesitamos hablar más seguido de nuestras miserias, para poder en principio observarlas, y después con la mejor de las suertes reírnos de nuestros oscuros mecanismos, en nombre de la errática búsqueda del amor.

Eso que llaman amor es una película coral con una estructura bastante atípica, ¿cómo la trabajaste narrativamente y bajo qué pautas?
Escribi las tres historias por separado y fue el trabajo de escaleta lo que me posibilitó trabajar con una estructura que siga conformando un todo, a pesar de la particularidad de las partes. No busqué esa estructura, llegue a ella, comprendiendo que era lo que la película necesitaba

¿La clasificás dentro de algún género en particular?
Creo que es un drama, con toques de comedia, la considero dentro de estos géneros clásicos.

Los tres personajes femeninos son bastantes diferentes pero con el punto en común de la dependencia a los hombres, ¿no es un planteo que va en contra del feminismo?
Soy mujer y acepto que escribo desde mi género. Las tres protagonistas son mujeres, y tienen modos de vincularse en nombre del amor con hombres, también patológicos, quise intensificar la patología de la mujer, todos son patológicos y dependientes, no necesariamente del otro. En Eso que llaman amor el otro representa la asimetría, el conflicto, la trampa, la obsesión, entre otras cuestiones. Finalmente, el otro es una anécdota, ya que desde el principio los personajes están mal consigo mismo. La ilusión de que el otro elimina tus carencias, es tu media naranja, o saca tu hambre espiritual o existencial es algo que han sostenido y sostienen muchas religiones, culturas, y que está en nuestra sociedad…Esa idea es ilusoria, es una gran casa de barro que se cae en la cabeza de todos y todas en algún momento. Creo que todos los personajes de Eso que llaman amor, son dependientes o prisioneros de sus creencias, sepan que están activas o no.

¿Entonces es implacable con todos?
Creo que la película es implacable con ambos géneros, de todas maneras si acaso mostrara mujeres dependientes de hombres, no estaría yendo en contra del feminismo, ya que considero que el feminismo busca replantear los modos de hombres y mujeres al vincularnos, para reconocer desde ambos géneros, nuestra diversidad, tener vínculos pares, que los hombres renuncien a los beneficios de esta sociedad machista, que entre todos sostenemos, y que las mujeres también soltemos ciertos lugares para reestablecer posiciones simétricas. El cambio es responsabilidad de todos y todas. Como mujer y feminista cuestiono a mi género, y cuestiono al género masculino, como cuestiono en mí, los mecanismos que considero tóxicos.

¿Formulaste la historia en base a personajes que son parte de tu cotidianidad?
Por suerte no, los personajes son absolutamente creados y no vivenciales, por supuesto a cada uno le di un pedacito de mi alma.

La película, además de la coralidad, alterna las temporalidades yendo y viniendo constantemente. Me imagino que tuvo un proceso de edición complicado.
Esa temporalidad ya estaba planteada en el guion, donde a mi gusto sucede el primer montaje. Después con Nicolás Fedor Sulcic, mi montajista, hubo cosas que montamos juntos, por que considerábamos que era necesaria la mirada de un hombre y una mujer para ciertas cosas. Esa idea de un montaje mixto fue de Nicolás que además de ser un excelente montajista, es muy profundo en su búsqueda con cada escena. La manía de ambos hizo que también fuera muy hermoso y divertido el recorrido, a veces discutíamos porque cada uno desde el montaje estaba defendiendo a un personaje, con ciertos planos, entonces nos preguntábamos por qué y para qué… Del guion a la película final, sacamos algunas escenas e hicimos un simple enroque de escenas pero nada más. La película ya era ese rompecabezas desde el guion. De todas formas el montaje fue muy a conciencia y nos tomamos el tiempo de pasar por este proceso con mucho detalle.

Tengo entendido que ensayaron mucho antes del rodaje, ¿Trabajaste con un guion de hierro donde todo estaba milimétricamente calculado sin lugar para improvisar?
En general, en el ensayo busco que los actores propongan con total libertad y expresen sus dudas. De esos ensayos surge la confianza, y en ocasiones, hay cosas que ellos proponen que las integro al guion. Si en rodaje se sugiere algo que me interesa, lo pruebo, si de entrada no es parte de lo que propongo y se aleja de lo que visualizo, intento clarificar la idea de la escena/personaje para que todos trabajemos con los mismos objetivos.

La música cumple un rol esencial y fue compuesta de manera original, ¿cómo la fueron construyendo?
Hay algunos temas de Gilda Guichenduc, la música original y la producción musical la hicieron con un gran trabajo con David Bensimon y Mauro Cambarieri. Tuvimos que codificarnos, fue un gran proceso, aprendí mucho porque de verdad fue un ida y vuelta con David y Mauro que hizo más rico el trabajo y el montaje. Trabajar con ellos finalmente fue hermoso, volvería a hacerlo, son grandes músicos y compositores y sobre todo, nos reímos mucho trabajando.

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