José C. Donayre Guerrero
16/09/2015 12:27

A través de Silo (2015) Leandro Bartoletti se propone narrar la vida y obra de este insólito personaje que entre sus hitos se encuentra la creación de un movimiento espiritual y político que trascendió fronteras, deslizándose desde la cordillera de los Andes hasta la India. "Silo es una persona fascinante. Unos podrán estar de acuerdo con sus ideas y otros no", dice en una charla con EscribiendoCine.

Silo

(2015)

¿Cómo surgió la idea de trabajar sobre el tema de Silo?
Soy siloísta desde hace varios años y esa fue la principal motivación. Como cineasta, estuve unos cuantos años desarrollando proyectos de largometrajes que no pudieron concretarse por falta de presupuesto y me sentía bastante frustrado; en ese sentido, no es casual que mi primera película esté dedicada a un pensador que proclamaba que su doctrina no era para los triunfadores sino para los que llevan el fracaso en su corazón.

¿Por qué hacer un documental sobre él?
Silo es una persona fascinante. Unos podrán estar de acuerdo con sus ideas y otros no, pero hay algo incuestionable: el cine argentino lo desaprovechó. En los últimos años se hicieron muchos documentales interesantes y originales, pero Silo seguía siendo una asignatura pendiente. Es un buen momento para hacer una película sobre su vida y su obra. Confío en que hay un público que está buscando nuevas propuestas y podrán encontrar aquí una película con la historia de un pensador muy perseguido y desconocido. No es el típico pensador que está todo el tiempo sentado en un escritorio o moviéndose en ámbitos académicos o convencionales. Al contrario, Silo es un hombre de acción que recorrió todo el mundo, fundó grupos espirituales, partidos políticos, organizaciones sociales y culturales, y al mismo tiempo, soportó todas las acusaciones y difamaciones que nos podamos imaginar. Hoy, a la distancia, visualizamos los titulares de los diarios o los comentarios de los periodistas de los años 60 y 70, y nos causan gracia; la prensa era muy agresiva y muy torpe.

¿Cómo se decidió la estructura del documental, hubo una escritura o diseño previo? ¿Por qué la elección de la estética?
Empezamos filmando las entrevistas con un cuestionario muy extenso, y en simultáneo realizamos el rodaje en el Parque La Reja de Buenos Aires, el Parque Punta de Vacas en Mendoza y la casa de Silo, también en Mendoza. Después tuvimos un intenso y arduo trabajo de investigación visual: contábamos con unas 200 horas de material de archivo de Silo en diferentes etapas de su vida.

El guión definitivo se escribió cuando logramos clasificar todo el material de archivo y recién ahí pudimos presentarlo al INCAA.

El protagonista de la película es el propio Silo, hablando desde esos archivos, y el montaje era la herramienta fundamental para darle fluidez y sentido al material disponible. Nos propusimos también hacer una fuerte inversión y rompernos la cabeza para trabajar con animaciones y diseños en After Effects, buscando diferentes estéticas para cada etapa de la película. Resumiendo, podemos decir que Silo es un documental convencional desde el punto de vista estético: es una historia que empieza en los años 60 y avanza cronológicamente hasta la actualidad, intercalando las entrevistas y el material de archivo. Desde el aspecto meramente argumental, esta película nos brinda la oportunidad de conocer a un personaje desconocido, perseguido y fascinante.

Ahora estamos empezando a trabajar con otro proyecto documental que se llamará Yala, la arenga prohibida, que se concentra en los inicios del siloismo y tendrá un tratamiento estético completamente diferente: una película más poética y sensorial, con más climas, dejando de lado la rigurosidad cronológica, las entrevistas y el material de archivo.

¿Cómo se llevó a cabo la investigación y la elección de los entrevistados? ¿Quiénes son? El documental nunca da a conocer sus nombres y su relación con Silo.
Armamos un largo listado con siloistas que acompañaron a Silo en diferentes momentos de su vida, incluyendo a otros que si bien no tuvieron un trato muy personal, están muy comprometidos con el Movimiento. Me interesaba que se notara el cambio generacional a medida que la película avanza: empezamos entrevistando a personas de 60 ó 70 años y hacia el final tenemos chicos de 18 ó 20 años; eso nos brindó una diversidad de miradas y lenguajes con muchos matices. También contamos con la colaboración de dos periodistas e investigadores que no son siloístas y nos brindaron testimonios “desde afuera”: Pablo Corso y Alejandro Agostinelli.

Durante la postproducción, decidí descartar la posibilidad de incluir zócalos o sobreimpresos con los nombres de los entrevistados. Personalmente, me parece un recurso muy televisivo que funciona bien en documentales de History Channel pero acá estamos buscando otra cosa. Además, son muchas entrevistas y me resultaba muy tedioso tener que distraer al espectador a cada rato con el nombre del entrevistado. Considero que el protagonista es Silo, es “el vocalista”, y los entrevistados son un “coro” que le da fuerza al relato principal. En los títulos de crédito, incluimos una foto con el nombre de cada entrevistado para que al menos la gente sepa quién es quién.

¿Por qué ese diseño de marcos en los fotogramas, no le da cierta ligereza al material?
Una de las complicaciones de la postproducción es que estábamos trabajando con una resolución HD (1920x1080) y la mayoría del material de archivo se encontraba en resoluciones muy inferiores (640x480 ó 720x576, en el caso de los archivos televisivos, y de 320x530 en el caso de otros videos más caseros).

Teníamos dos opciones: estirar todo al 100% perjudicando la calidad de la imagen o mantener el tamaño original (dejando grandes porciones del encuadre totalmente vacíos). En algunos casos, optamos por estirar. Para la mayoría de los archivos, decidimos hacer composiciones en After Effects que rodearan y enmarcaran a los archivos, buscando diversas estéticas para que cada escena tuviera su propio estilo visual. Muchas personas nos han dicho que le gustaron esos diseños de marcos, sin saber que tuvimos que hacerlos por una cuestión técnica. A otros les parecerá que le da ligereza al material.

¿Cuánto demoro realizar todo el proyecto?
La idea empezó a gestarse en 2010, el año de la partida de Silo, y empezó a tomar forma definitiva en el 2012, cuando decidimos salir a filmar. Para financiar el proyecto, realizamos una campaña de aportes (crowfunding) en Internet. No recaudamos una fortuna, pero obtuvimos lo suficiente para gestionar los gastos de catering, equipamiento y el viaje a Mendoza.

En 2014 el proyecto se aprobó en el INCAA, en Vía Digital, y eso nos permitió hacer una fuerte inversión en postproducción, sin escatimar en gastos. Y en marzo de este año logramos tener el corte final. Ahora nuestros objetivos están puestos en la difusión en los Espacios INCAA de todo el país y en los festivales nacionales e internacionales (quedó seleccionada en el XI Festival Transterritorial de Cine Under, mientras esperamos la confirmación de otros festivales).

¿Se logró el objetivo deseado con el producto final?
Es una pregunta difícil de responder. Uno nunca está conforme. Si por mí fuera, seguiría haciendo cambios y correcciones. Salimos a filmar con un presupuesto muy básico. Contábamos con un grupo de profesionales que pusieron lo mejor de sí, pero no teníamos los equipos que necesitábamos y muchas cosas tuvimos que resolverlas a los apurones. En la postproducción se pueden hacer muchos arreglos, pero no se pueden hacer milagros. Pero bueno… Mi maestro en el cine y en la vida, José Martínez Suárez, ha dicho “las excusas no se filman”, y tiene toda la razón.

Por otro lado, teníamos el propósito de hacer una película independiente, aprovechando al máximo las herramientas disponibles, y en ese sentido podría decir que cumplimos con el objetivo: queríamos hacer una película intensa que lograra condensar en escasos 100 minutos toda la vida y obra de un pensador desconocido y marginado. Y lo hicimos.

¿Qué se espera del público al ver el documental?
Hasta la fecha, la película se ha proyectado en varios Parques del Movimiento Humanista, en España, Bolivia, Perú, Ecuador y México, mientras preparamos las versiones subtituladas para otros parques de Alemania, Hungría, India y Filipinas. Las reacciones y devoluciones han sido muy positivas, mucha gente nos escribió diciendo que se emocionaron hasta las lágrimas.

También organizamos algunas funciones privadas en Buenos Aires con personas que no sabían nada de Silo, y todos quedaron muy entusiasmados. Las reacciones más comunes son: “¿cómo puede ser que no sabía nada sobre este hombre?” A un nivel más cinematográfico, todos coinciden en decir que no se aburren, y eso ya es todo un elogio, teniendo en cuenta que buscamos un montaje dinámico y que estuviera, hablando en criollo, “siempre al palo”. En términos argumentales, era muy difícil armar una estructura que abarcara tantos temas y tanta diversidad de etapas sin marear ni desorientar al espectador, y creo que eso lo hemos podido hacer bien.

El estreno en Buenos Aires es una buena oportunidad para conocer la opinión de todos los espectadores que no son siloistas, que es el sector del público que más me interesa, porque desde el principio tuvimos en claro que no queríamos hacer una película proselitista ni de propaganda, sino una película que pudiera interesarle a todos aquellos que están desvinculados con el tema.

¿Cuál es tu próximo proyecto?
Actualmente estoy en la postproducción de un “falso” documental llamado Gato Muñoz, una película muy independiente y anárquica que realizamos con el cantante y actor español Gato Muñoz. Al mismo tiempo, tengo dos proyectos presentados en el INCAA: una ficción llamada Capitán Menganno, donde contaremos la historia de un superhéroe real que se dedica a patrullar las calles de Lanús; y un documental muy ficcionado, La otra Magia, donde nos involucraremos en el tema del esoterismo en Argentina.

Y a largo plazo, estamos desarrollando los guiones del documental Yala y el docu-ficción Invasores, basado en un interesante libro de Alejandro Agostinelli. Y con el guionista Hans Garrino estamos empezando a imaginar un guión que provisoriamente se llama Kronos, donde volveremos a contar la historia de Silo, pero como una ficción. Lo más difícil será encontrar al actor que interprete a Silo, pero ya tengo a uno en mente.

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