Rolando Gallego
13/09/2015 15:32

Con una carrera forjada en el teatro, pero con participaciones claves en el cine Maricel Álvarez coprotagoniza Mi amiga del parque (2015), de Ana Katz, un film que aporta una particular mirada sobre las relaciones espontáneas y la maternidad. Sobre su carrera, sus films, y su preparación ante los personajes EscribiendoCine dialogó con la actriz para conocer un poco más de su particular e inteligente mirada sobre la profesión.

Mi amiga del parque

(2015)

¿Cómo fue la experiencia de poder trabajar con una directora mujer por primera vez?
Me hacía muchas ilusiones trabajar en cine con una directora mujer, nunca me había tocado, y cuando Ana me convocó y me dijo que no iba a ser un protagónico, poco me importó, a mí me interesan los proyectos y las personas que están detrás de ellos. Sabía de la trayectoria de ella, había visto alguna de sus películas y me interesaba su mirada, pero principalmente me interesó ese primer encuentro que tuvimos porque comprendí que iba a haber afinidad, además de la perspectiva con la que aborda el tema. Le dije que sí sin haber leído el guión, un guion que sufrió transformaciones desde la primera lectura a lo que terminó filmándose, y esos cambios tuvieron mucho que ver con nuestra intención, con nuestro trabajo, nuestro diálogo. Por eso mis expectativas se colmaron, fue una experiencia plena, intensa, de muy buen vínculo, relación y entendimiento, pero particularmente de buenos resultados y en el film se ve esto, la cohesión, el espíritu de camaradería, la celebración de lo colectivo entendiendo que todos hacemos la película, que un director de ese espacio es buenísimo y sin faltarle el respeto a los roles, hay que tenerlo presente para que todo llegue a buen puerto.

¿Cómo preparaste tu rol entendiendo el desplazamiento que posee sobre el rol de la madre y la maternidad?
En la película no está forzado el rol y no hubo que realizar un trabajo previo para justificar por qué hace lo que hace, sin ningún prejuicio y entendiendo que es un tema urticante, porque hay ciertas bajadas de línea de la educación occidental y cristiana que habla de que las mujeres deben cumplir con ciertos roles y mandatos, por eso no hubo que generar espacios para explicar los motivos por los que este personaje se corría del espacio de la maternidad. Eso a mí me interesó porque deja todo muy abierto y expuesto en un lugar no prejuicioso en el que cada uno puede construir motivaciones para entender porque este personaje opera como opera. Cada uno de los personajes son autónomos, independientes y soberanos, materializan sus deseos, aún con temores y estando sometidos a la mirada del otro, los papis y las mamis de la plaza.

¿Cómo trabajaste con Ana la sinergia de las hermanas R?
Tiene que ver con lo que venimos hablando, hubo afinidad, compartimos con Ana humor, intelectual y a la vez entendimos que entre ellas tenía que haber complicidad y no pocas tensiones, como todos los vínculos, en idénticas dosis de amor y odio, y excepto en una escena de discusión las fricciones se cuentan de manera sutil, Ana no trabaja con emociones exageradas, es mínimo, no apela a eso. Creo que inmediatamente nos pusimos de acuerdo y la complicidad tiene que ver con la afinidad y acuerdos previos. Las hermanas R son tan peligrosas como inofensivas, por lo imprevisible de sus conductas.

¿Cómo fue el trabajo previo para llegar a este punto?
Vimos films juntas, hubo un trabajo de cámara que emparenta el film con los de los hermanos Dardenne, conversamos, y luego tuvimos la convivencia de los rodajes, con una primera semana de filmación en Uruguay en donde cumplimos con la profecía de la familia del cine, que es una realidad y que a veces no se da. Nos hizo mucho bien ir a Montevideo, porque estuvimos concentrados, lejos de nuestra rutina diaria, y poder abstraerse así es una gloria.

¿Cómo te sentís acompañando el film?
En películas como esta me siento bien porque creo que hay que acompañarlas, con un discurso que las contenga, no es que uno tira el film y listo, si estas películas generan reflexión, discusión y diálogo es extraordinario y por eso hay que estar presente como interlocutor ahí, para ver qué inquietud disparó el filme, aún con la distancia desde que se la hizo.

¿Por qué crees que hay una lectura sobre el personaje de Liz muy lineal que la ubica en un estado de depresión post parto?
Porque eso tranquiliza, porque cuando uno ve un comportamiento en el otro “extraño” o fuera de lo normal busca una respuesta, que no habilita a una reflexión profunda sino que sólo tranquiliza a la persona. En lo superficial puede ser una primera capa de lectura pero hay otras, y nosotras apelamos a todas y esto se relaciona a las competencias del espectador, no creo que el film deje afuera a nadie, pero creo que la película invita a que uno haga un viaje hacia lo profundo de cómo las mujeres ejercemos nuestros deseos y derechos, más aun cuando el otro es tan distante, es en este lugar en donde Mi amiga del parque apelará, un lugar incómodo, radical, dice que la maternidad como mandato ya no sirve, es muy nocivo para la mujer y seguir apelando a él es un retroceso, hay nuevas formas de entender los vínculos y negarlos es ser retrógrado.

En tus recientes participaciones en el cine lo hacés con roles completamente opuestos entre sí, ¿cómo es entrar y salir de ellos?
La mayor parte de mi carrera se ha desarrollado en el teatro y eso lo he trasladado a otras experiencias y mentiría si no digo que en el cine, con las diferencias, he volcado mucho de esto, y la maravilla y la aventura del actor es poder encarnar personajes como desafíos. Una de las razones por las que decidí participar de Las insoladas (2014), además de que me cayó encantador el director, me pareció que estaba en las antípodas de lo que hice y lo que como actriz representó, para mi fue una experiencia de disfrute total, en la que me sentí libre de mis propios prejuicios. Es todo lo que uno busca como actriz, que los personajes nos hagan transitar terrenos desconocidos o poco caminados, correrse de la zona de confort, que en una parte está bueno.

¿Y qué pasa cuando no llega esto?
No llega, y voy a decir algo de lo que no me siento orgullosa, pero he dicho más no que sí a los proyectos, me resisto a las categorías, porque sirven sólo a los que quieren rotular, son peligrosas, nocivas, me bajonean, sólo son útiles para aquel que etiqueta, la linda, la gorda, la fea, a mí no me sirven de nada, y yo le huyo, y eso me lleva a trabajar menos de lo que me gustaría en cine, por suerte uno tiene otras cosas, pero es bien delicado, porque lo percibo en directores y productores que no pueden correrse de ciertos cánones, el mercado se impone.

El mercado igual no responde a veces…
Sí, igual no hablo solo de ese mercado, hablo de Festivales, por ejemplo, es muy complejo.

En Un paraíso para los malditos (2013) tu personaje abarca muchos roles allí tenés la posibilidad de expresarte de muchas maneras, pero ¿cómo se sobrevive cuando no te aparecen este tipo de papeles?

Yo hablo de mi experiencia, no es que me tengo que dedicar a otra cosa, puedo, a fuerza de obstinación generar proyectos, y esto te salva, de no oxidarte, de quedarte esperando mientras tus herramientas siguen, porque hay que entrenar, y hay otra cosa relacionada al lugar que los actores deben asumir como generadores de poéticas propias y sus destinos personales, aunque podés elegir estar en el prime time televisivo y ganar mucho dinero y eso te condiciona, pero si tenés claro tu objetivo y te liberás podés armar una carrera que esté al menos a la altura de tus expectativas. Yo acepté trabajar en Un paraíso para los malditos sólo para conocer a Alejandro Urdapilleta, así que imagínate, y además tuve la inmensa fortuna de conocer a Joaquín Furriel, uno de los grandes de mi generación, muy dedicado, y cuando ves eso te inspiras.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?
Tengo uno pendiente con Santiago Loza que anhelo y añoro, va a ser un proyecto en el que habrá que librar batalla, no fácil, y no temo esperar para que se concrete, porque él mantiene todo en un nivel cuasi artesanal.

¿Y en teatro?
Acabo de estrenar una ópera en el Colón, trabajé muy arduamente para dirigirla y tengo algo para actuar, viajo mucho al exterior con mi compañero profesional y de la vida y fuera el teatro es muy enriquecedor. Donde nos convocan vamos, no sé si es romántico, pero las redes están trazadas y hay un circuito en el que nos permiten mostrarnos y vivir dignamente de lo que hacemos.

¿Cómo fue filmar en el exterior?
Excelente. Tuve dos experiencias, una con un alto grado de visibilidad que fue Biutiful (2010) y otra pequeña en A Roma con amor (2012), ambas eran irresistibles, por la gente involucrada y ésta última un sueño, como la frutilla del postre, un sueño. Con Alejandro González Iñárritu fue un trabajo bisagra, es una gran director de actores, un gran compañero y un gran amigo, me trató como si viniese de las grandes ligas, nunca hizo diferencias, fue gratificante, me dio a mí mucha seguridad, me reafirmó, me dio mucho coraje, él entusiasma, es muy pregnante en su obra, se nota su meticulosidad y obsesión y a mì me enseño mucho, desde entonces me acompaña, lo otro fue más tierno, simpático, pero yo decidí volver a Argentina, lejos de cosas, me fijo en lo que gano, hay muchos colegas que la han peleado, pero decidí quedarme, con 35 años en ese momento y ya no emergente no quise negar todo lo que con tanto empeño había logrado, pensé que este era el lugar y no sentí necesario violentar las cosas desde ese momento, no tenía sentido para mí.

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