Juan Pablo Russo
09/09/2015 13:34

La problemática educativa es retratada por Francisco Márquez en el documental  Después de Sarmiento (2014) que desde este jueves podrá verse en el cine Gaumont para luego recorrer diferentes Espacios INCAA del interior del país. Filmado en el colegio Sarmiento, del lujoso barrio porteño de la Recoleta, en sus aulas se entremezclan chicos de diferentes clases sociales que provocan entre sí una tensión que dispara una pregunta ¿La escuela actual cumple el rol de integrar a los excluidos del sistema? "Lo mejor que podemos hacer es problematizarlo y ponerlo sobre la mesa", dice en una charla con EscribiendoCine.

Después de Sarmiento

(2014)

¿La idea de que la película se filmara en el Sarmiento era determinante o podría haber sido cualquier otro establecimiento?
Las dos cosas. Podría haber sido casi en cualquier colegio público en el sentido que hay una problemática común que une a la mayoría de las escuelas del país, una crisis de sentido y una necesidad profunda de replantearse para qué sirve la escuela y como debería ser una verdadera educación inclusiva. Porque la inclusión escolar puede comenzar con el aumento de la inversión y con la obligatoriedad del secundario pero de ninguna manera termina ahí. Una escuela inclusiva tiene que ser, para los chicos, una potente herramienta que les permita transformar la realidad y hoy, claramente no lo es. Pero filmar en el Sarmiento no fue un hecho casual, allí había un proyecto encabezado por la rectora de ese momento, Roxana Levinsky, que buscaba hacer de la escuela una experiencia significativa para los estudiantes. En la película se ven sus clases de lengua y literatura, donde los jóvenes participan activamente, donde hacen profundas reflexiones vinculando textos literarios con su propia realidad. Pensando la lengua (pero trasladable a todas las materias) como una forma de pensarnos. Un proyecto de esas características exige que la comunidad educativa modifique sus prácticas, que la repiense, que elabore junto a los chicos nuevas estrategias. Y toda modificación enfrenta resistencias, y produce movimiento. Por eso el Sarmiento era un lugar particular para filmar, creo que allí se expresaban concentradamente los desafíos que tiene la educación, porque además allí, en plena Recoleta, estudian muchos chicos que viven en la villa 31, con muchos de sus derechos vulnerados. Por ende una escuela que le dé herramientas para la transformación es una urgencia.

¿De entrada te dieron la autorización para filmar o hubo negativas?
Tenía la ventaja que me conocían porque yo trabajaba en la escuela como parte de un proyecto de entrecruzamiento entre jóvenes que veníamos de diversas disciplinas (cine, teatro, filosofía, biología, diseño de videojuegos, etc...) con docentes de la currícula tradicional para construir juntos recorridos pedagógicos para aplicar en el aula. Me conocían y había confianza. Sin embargo obviamente en un primer momento hubo resistencia, porque meter la cámara en una Institución siempre es problemático. Siempre dije que no íbamos a hacer una película idílica ni que ocultase los conflictos, y entonces era lógico cierta precaución. Pero como se ve en la película Roxana es una persona que no teme hacerle frente a los problemas, es así que nos dieron el visto bueno y filmamos con total libertad.

¿Cómo fue la reacción de los chicos en un primer momento?
Los chicos ya me conocían y a muchos de ellos ya los había filmado para las distintas actividades que hacíamos en la escuela. Ahora bien, una cosa es una persona con la cámara y otra un equipo técnico que, aunque reducido, es mucho más vistoso, sobre todo pensando que para captar el sonido en espacios tan hostiles acústicamente, era necesario hacerlo con dos cañas y algunos corbateros. Sin embargo, como se ve en la película, actúan con total naturalidad. Por otra parte hubo reacciones diversas al tema de la película. Algunos chicos se entusiasmaron un montón y fue gracioso porque el primer día algunas chicas vinieron maquilladas, ese entusiasmo inicial se fue pinchando y rápidamente pasaron a ignorarnos. Otros no querían salir en la película y obviamente no salieron, hubo algunos de ellos que eran personajes muy importantes y entonces nos sentamos y conversamos el por qué nos parecía interesante que estén y cuáles eran sus motivos para no salir. Algunos finalmente aceptaron gustosos, otros mantuvieron su rechazo.

¿Cómo lograste que la cámara pase inadvertida, a mi parecer uno de los logros de la película?<
Creo que juegan varios factores. Uno que, como dije antes, ya me conocían, yo estuve un año y medio antes en la escuela y mi principal tarea era filmar. El segundo motivo es que las nuevas generaciones tienen otro vínculo con los medios y los aparatos de grabación, están más acostumbrados. La tercera que lo dijo uno de los estudiantes en un debate es que ellos estaban concentrados en lo que estaban haciendo y la cámara los puede distraer un minuto pero luego ya les pasa inadvertida, sobre todo porque trabajamos con mucho sigilo.

¿El planteo de lo que querías contar estaba preestablecido o el registro observacional hizo que la película tomará otro rumbo?><
Siempre lo pensamos al revés. No pensamos primero la forma y ella después nos condiciona. Reflexionamos mucho sobre la cuestión de la forma. No soy un fanático de los documentales observacionales, de hecho estamos por empezar a filmar otro que tiene un registro bastante opuesto. Creo que cada película debe encontrar su forma, no creo mucho en el estilo en ese sentido. Creo sí en los autores detrás de las obras pero no creo que eso sea imponerse formas a priori, todo lo contrario, cada película que se aborda necesita ser pensada nuevamente. En ese sentido fuimos encontrando el registro observacional, le ofrecimos resistencia, hicimos entrevistas, pensamos en ficcionalizar y siempre siguió primando lo observacional. Creo que, principalmente, hay dos motivos para esto. El más importante es que nosotros nos planteamos una película que abra el debate, teníamos muchos interrogantes sobre el tema y no podíamos hacer una película propositiva, lo mejor que podíamos hacer era abrir sentidos. Nuestra cámara, obviamente, tiene un punto de vista (de hecho lo hicimos a una sola cámara porque queríamos poder controlar ese punto de vista), pero la película es una experiencia estética que permite muchos recorridos. Esto se siente en las proyecciones con debate, se arman discusiones muy ricas, todas partiendo de un punto de vista común: la defensa de la educación pública y la necesidad de transformar la realidad. Hay un segundo aspecto que lo expresó muy bien una de las protagonistas en algo que me dijo cuándo vio la película. “Aprendí mucho sobre mi misma”, esto hubiese sido muy difícil en una película que no tuviera este abordaje observacional, más allá de su experiencia individual, es evidente también que quienes salen en la película y que la cámara capta muchas veces en planos tan cerrados, son ellos en su sentido más complejo. No están dando una entrevista ofreciendo los discursos con los que se sienten más cómodos y que tienen más asentados, sino que se expresan en acciones con todas sus contradicciones.

¿El Sarmiento es un caso testigo de lo que sucede con la educación en la ciudad de Buenos Aires?<
Creo que la problemática excede a la Ciudad. Nosotros pensamos el documental en el sentido de caso testigo. Por eso, lo pueden ver en la película, no salimos de la escuela en ningún momento. Por otro lado, no hacemos muchas referencias sobre el Sarmiento en sí. Pensamos en “un” colegio como “todos” los colegios. Obviamente tiene las particularidades que marqué antes y eso lo hace distintivo, pero tener singularidades es inherente a cualquier Institución.

¿Por qué creés que aún en las nuevas generaciones se sigue dando esta lucha de clases?
Mientras haya clases sociales es imposible que no haya lucha de clases. Incluso es deseable que la haya, es un signo vital de los sectores populares rebelarse a ser dominados. Una sociedad capitalista como la nuestra donde todos convivan armónicamente es una utopía con la cual no nos identificamos. En algunos documentales televisivos sobre educación, se hace hincapié en como con la corrección política y las buenas intenciones los sectores populares transitan una educación exitosa y feliz. Nosotros quisimos hacer todo lo contrario, buscamos problematizar sobre esta cuestión de clases. Ver como la escuela lo aborda, que resultados tiene, como los chicos se enfrentan a eso. Una de mis partes favoritas de la película es cuando los estudiantes debaten sobre su organización, los chicos del turno mañana insisten en la necesidad de que haya un presidente, un estatuto, etc... Por otra parte los de la tarde, con más chicos de la Villa 31, se resisten a ese tipo de organización y plantean un espacio más horizontal donde no haya nadie que detente el poder. Si uno mira con detenimiento esas escenas, puede leer que detrás de eso están las experiencias que cada clase social tiene con esta democracia.

¿Cómo hacer para que no siga pasando?
No se puede evitar. Lo mejor que podemos hacer es problematizarlo y ponerlo sobre la mesa.

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