Juan Pablo Russo
22/08/2015 16:57

Mientras continúa disfrutando del estreno de La princesa de Francia (2014), premiada en el 17 BAFICI, Matías Piñeiro se encuentra en la etapa final de Hermia & Helena, film con el que vuelve a indagar en el universo shakesperiano y cuyo rodaje se realizó en New York y Buenos Aires. “Cuando me fui hace cuatro años pensé que dejaba de ser director de cine porque también dejaba mi contexto. Y de hecho Viola es producto de decir no sé cuándo voy a volver a filmar”, dice en una entrevista exclusiva con EscribiendoCine.

La princesa de Francia

(2014)

Acabás de estrenar La princesa de Francia pero ya estás en la fase final de tu nueva película Hermia & Helena.
Si, ahora estoy editando una nueva película que filmé un poquito en octubre, otro poquito en diciembre, y la mayor parte en marzo. Es una película que se filmó en Buenos Aires y Nueva York. Es sobre la traducción donde tomé a William Shakespeare no por el lado teatral sino desde la palabra misma.

¿Qué obra tomaste?
Tomé Sueño de una noche de verano que es la más popular y la que voy a mostrar menos. Básicamente para cambiar de las anteriores. En Rosalinda y Viola está claramente el ensayo y el teatro. En La princesa de Francia está la cosa de la radio. Cada vez me gusta cambiarle medio la entrada para que no sea siempre lo mismo. En este juego de hacer una serie hay cosas que se repiten y continúan y otras se modifican.

¿Vas por una suerte de decálogo sobre las obras de Shakespeare?
Tienen que ser tantas películas como yo tenga ganas de hacer en el sentido que la obra me llame. El peligro que yo ahora tengo es de creerme que tengo que hacer el álbum de figuritas completo y ahí entrar en una maquinaria que no tengo porque hacer. Yo hago estas películas porque me gustan mucho esas obras, encuentro una conexión entre mis actrices, esas obras y las frases que me interesan trabajar en el cine. Hay un momento en que si a mí no me interesa una no tengo porque hacerla.

¿Sentís que hay una suerte de presión externa o interna?
Por ahí una piensa que hay un camino que hay que seguir. Pero esa decisión tiene que estar basada en el placer y en el gusto. Todavía hay un par que me interesan y podrían llegar a ser cinco, siete, podría haber un corto. Podría hacer otra cosa y después retomarlo. Es una decisión sin presión, no tengo ningún contrato que me obligue a trabajar con las obras de Shakespeare. Las hago porque quiero, pero en ese "porque quiero" también está la posibilidad de caer en una trampa de uno mismo. Entonces hay que correrse y ser más original que lo que uno cree que puede ser.

Esta nueva película está filmada mayormente en Estados Unidos, ¿cómo surgió está posibilidad?
Surgió está posibilidad que yo nunca la había pensado porque ni siquiera me había interesado. Yo filmó en Buenos Aires con mi equipo que son mis amigos. Pero después de vivir cuatro años en Estados Unidos me hice de amigos, de un contexto, encontré una forma y empezó a ser menos extranjero para mí el cine de allá. Obviamente siempre voy a ser un extranjero, pero encontré cómplices y me sentí cómodo. Cuando me fui hace cuatro años pensé que dejaba de ser director de cine porque también dejaba mi contexto. Y de hecho Viola es producto de decir no sé cuándo voy a volver a filmar.

Por lo que decís hay algo de lo grupal que te mueve a la hora de hacer una película, pero extrañamente el guion lo trabajás en solitario
Hay algo del cine que es lo social que me interesa. Nunca trabajo solo porque no me gusta. Lo que menos me gusta es escribir el guion porque uno está solo. Igual escribir es un proceso que hago y en el momento del rodaje el guion está porque no se improvisa mucho. Además tengo una escritura que no es hipernaturalista, no es abstracta pero está como entonada, tiene un tinte que se aleja de la cosa muy coloquial pero tampoco es que son unos marcianos. Hay esa cosa de vaivén que a mí me parece interesante.

Da la sensación cuando una ve tus películas que hay una sincronización que llevó mucho ensayo. ¿Esto es así?
Cada vez ensayamos menos y eso a mí no me gusta. Me encantaría la vida organizada de decir escribo el guion, lo tengo, ensayamos un mes…Pero la economía de los proyectos no me lo permiten y tampoco me dan los tiempos. Pero también es verdad que con todos nos conocemos hace mucho tiempo, entonces hay algo del ensayo constante, Yo ya me empecé a dar cuenta de que ellos ya saben que me gusta a mí, que es lo quiero.

¿El conocerse y formar un equipo hace que trabajes siempre con el mismo grupo de actores?
Hay como un código y uno atesora ese código. Me parece que es un grupo muy rico y no se terminan de agotar todas las posibilidades que cada uno de nosotros tiene con una sola película. Lo mismo pasa con Shakespeare y entes con Sarmiento. Con una sola peli no me parece suficiente porque a mi gusta concentrar en algo muy chiquito. Es tan chiquito lo que se toma que me parece hasta fundamental seguir elaborando. Sino parece que en una sola cosa resolviste todo y la verdad es que las películas tienen una estructura que trata de permanecer abierta y en esa estructura no todo se termina con una obra de Shakespeare. También porque son personas que me gusta fotografiarlas y son muy sensibles, inteligentes y siempre hay algo de la interrelación con ellos que a mí me estimula. Es una sensibilidad que no está muy interesada en lo diferente. A mí me gusta la cosa más pequeña, de ir esculpiendo, refinando y haciendo más diferente la vueltita…

¿Cómo es el proceso creativo a la hora de encarar un nuevo proyecto?
Empieza con la selección de la obra. Hasta ahora vengo trabajando con obras con las que ya trabajé en una obra de teatro que hicimos en el Rojas hace cuatro años. Yo hice una especie de pastiche de esas obras de Shakespeare con una escena de cada una y al unirlas daba la sensación de que se trataba de una misma cosa. Esa obra empezaba con El mercader de Venecia, que todavía no hice nada y con esa me gustaría hacer un corto, seguía con Noche de Reyes que es la escena que está en Viola, luego venía Sueño de una noche de verano, que son algunas de las cositas que tomé para Hermia & Helena, continuaba con Trabajos de amor en vano que es la de La princesa de Francia y terminaba con Como les guste que es Rosalinda. Eso acumulado fue a parar a las películas. El texto es como una primera semillita y después empezás a meter todos los elementos que tenés ganas. El texto es un punto de partida que funciona como un estímulo para ver que puedo hacer yo en el cine con eso. Ver de encontrar algunas formas nuevas, algunos puntos narrativos. A mí me interesa narrar y encontrar maneras alternativas de narrar.

Llama la atención que todavía filmás por fuera del INCAA, ¿es una elección?
Uno va encontrando maneras que creo que tiene que ver con una cierta deformación de mis años de estudiante donde trabajaba una manera muy amateur y terminé teniendo como el ejercicio de ese trabajo amateur. Me acostumbré a un sistema donde por ejemplo yo no tengo una cartera de guiones. No tengo un proyecto con un guion. Tengo una idea y una manera de saber cómo hacerlo. Si yo quisiera presentarme al INCAA debería tener el guion antes, pero nunca tuve un guion antes. Crecí y me eduqué con un sistema amateur que se prolongó, sí con algo de suerte, pero también con una constante del trabajo. Me gusta privilegiar el trabajo por sobre las otras estructuras más burocráticas. Pero la verdad es que nunca tuve un proyecto para poder presentar y tampoco una estructura de producción. No tengo una negación pero si una costumbre y un músculo ejercitado para otro lado que por ahora va respondiendo y avanza muy rápido.

¿Para después de Hermia & Helena ya hay alguna idea?
Ariel sobre La Tempestad que a voy a codirigir con Lois Patiño, que es un director de cine que admiro mucho.

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