Juan Pablo Russo
17/08/2015 13:42

El material filmado durante un viaje realizado hace 15 años a Israel y Palestina da forma a NEY, Nosotros, ellos y yo (2015), documental donde Nicolás Avruj aborda en primera persona y desde todos los frentes el conflicto entre ambos países. "Sigue pasando que las interpretaciones son extremadamente opuestas y en este “tema” la neutralidad no existe. Es fascinante y aterrador. Cuando asumí que jamás iba a poder controlar eso, me di cuenta que estaba ahí justamente lo interesante", dice en una charla con EscribiendoCine.

NEY, Nosotros, ellos y yo

(2015)

¿La idea de hacer una película a partir de ese viaje estaba en vos o apareció después?
La idea de hacer una película surgió durante el viaje. Empecé a viajar así, sin dinero, y me recibían en casas palestinas e israelíes sin saber quién era. Ni me preguntaban de donde venía. Tenía una sensación casi bíblica de cuando se recibía al extranjero y se lo agasajaba... Y en esas charlas me empecé a preguntar por qué no cruzaban la frontera unos y otros. Era el año 2000 y no sabía mucho del conflicto. Pero ese hecho singular motivó primero el deseo de filmar una película, casi como un ejercicio de comunicación. No sabía bien qué forma iba a tener; pensé en hacer una instalación en Tel Aviv con retratos filmados de la gente que había conocido en Gaza y otra en Gaza con retratos de gente de Tel Aviv. Pero cuando volví con la cámara y empecé a filmar, ese mismo día comenzó la segunda intifada. Seguí filmando pero ya no solo dentro de las casas de las personas que había conocido sino que salíamos a la calle... y ahí todo el tiempo pasaba algo. Iba descubriendo los eventos y las historias personales a medida que actos de violencia empezaban a rodearnos.

¿Por qué recién quince años después pudiste darle forma?
Apenas volví del viaje edité durante bastante tiempo. Hice un corte de tres horas y era bastante potente. Pero estaba muy perdido: me decían que era muy pro-palestina, otros que era pro-israelí. Yo mismo no sabía adónde situarme. Todas las injusticias y los temores que había comprendido se encontraban con mis propios temores de hacer una película injusta. Le pedía demasiado al documental: él no podía dar las respuestas que no existen. Ni la solución al conflicto, ni la verdad última de qué es la justicia, ni podía tampoco dejar contentos a todos.

Durante la edición, tenía muchas convicciones, pero dependían de quién tuviera enfrente.

Además había películas formidables sobre el conflicto palestino-israelí. La mía no iba a aportar nada. ¿Para qué hacerla entonces?

Sin embargo en estos años fueron creciendo mucho las miradas desde Argentina hacia el conflicto. Digo en cantidad. Yo había estado allí, había comprendido la complejidad y no podía tomar posición firme. Me enojaban entonces esas declaraciones que escuchaba, que hacían eco de la polarización solamente.

Entonces con Alejandro Dujovne comenzamos a escribir un guión en el que se hablaba de este personaje (que era yo en el año 2000) que se preguntaba todo el tiempo por qué no podía terminar el documental. Y ahí comenzó NEY, Nosotros, ellos y yo.

¿No sentías que el material podía haber envejecido?
Por momentos sí. Pero sobre todo por lo formal (cambió mucho la manera de narrar documentales en estos años). Pero en cuanto al conflicto, no. Porque la película se hace cargo de que pasaron 15 años desde el viaje. Y a partir de ahí se reconstruye. El contexto allí cambió, pero la esencia de cómo es mirado, no. Al contrario, se profundizó. Lo que aporta el documental es una mirada sobre un conflicto en el que (a esa mirada) le cuesta tomar partido. Y esa problematización en medio de un viaje iniciático es la que hace nacer la película.

¿Mientras filmabas eras consciente de lo que estabas registrando o simplemente era una especie de diario de viaje?
Era consciente pero sobre todo inconsciente. Me fui metiendo mucho no solo en lo que veía sino también en la historia reciente del conflicto, en la de la zona... me metí mucho en eso en los años posteriores a mi regreso. De los motivos profundos del conflicto no era consciente, aunque lo que me llama la atención es cómo desde lo cotidiano y lo no dicho se puede empatizar mucho más con la historia de los demás.

¿Cómo fue el proceso para darle forma a todo ese material?
Luego del guión que escribimos con Ale en el que habíamos propuesto dos premisas -no mirar el material y no volver a filmar a medio oriente- comenzó la edición.

La última versión (es decir, esta película. Porque hubo muchas otras con el mismo material) fue un trabajo en el que Andrea Kleinman –la editora y colaboradora inconmensurable de guión- tuvo una influencia decisiva. Fueron no menos de dos años interrumpidos por las películas que produjimos conDiego Lerman (mi socio y otro fundamental sostén de este proceso), ya que NEY, Nosotros, ellos y yo no podría haberse planteado como una película lucrativa. Giorgina Mesiano hizo el sostén cotidiano de todos nosotros, desde la producción.

Con Andrea fue un proceso increíble. Ella no sabía absolutamente nada del conflicto. Entonces fue empapándose a partir del material. Yo por el contrario iba y venía con mis temores. Las discusiones que tuvimos fueron tan enriquecedoras que me dieron la confianza para jugarme... sin poder controlar –incluso hoy- qué es lo que termino diciendo. Pues sigue pasando que las interpretaciones son extremadamente opuestas y en este “tema” la neutralidad no existe. Es fascinante y aterrador. Cuando asumí que jamás iba a poder controlar eso, me di cuenta que estaba ahí justamente lo interesante.

En lo concreto, ordenamos el material e intentamos reconstruir el viaje a través de la mirada de hoy. Y la voz en off que habíamos escrito con Ale que era genial para regodearse leyéndola, tenía el efecto contrario en la película: dejaba de interesar a la segunda frase. Entonces tuvimos que llegar a lo esencial de cada una, describir un itinerario más sencillo para el personaje y reducir a la mínima expresión cada una de sus intervenciones.

¿Dar una visión diferente del conflicto era parte de lo que buscabas?
Si, totalmente. Una diferente a la que viene llegando en los últimos años y que no hace más que exacerbar el odio. Las injusticias son injusticias, pero la manera de abordarlas suele hacer que dejen afuera a muchos, porque despiertan la sensación de que es o uno u otro. Y sí, es lo más lógico si uno analiza la historia. Pero es tristísimo que esa sea la única visión que se tiene. Porque no es la única que hay.

En un momento de la película hablas de no decir que eras judío en Palestina, ¿no lo pensabas que traicionabas la confianza así?
Como no se lo decía a nadie, ni a israelíes ni a palestinos, lo tomé como una premisa más que como una falta a la confianza. Quería reconstruir lo que había sucedido en el inicio del viaje: ser recibido como un extranjero. Solo después de volver a Argentina me di cuenta que no era ajeno.

¿Cómo ves el conflicto quince años después?
Depende el día. Andrea te puede contar. Si me daba una inyección de noticias de extremismos una noche, al día siguiente quería cambiar toda la edición, porque no confiaba en la importancia de quienes no pueden cambiar el rumbo de las cosas. Pero a veces me convencía el sentimiento que había tenido durante el viaje y volvía con fuerza a sobreponerme a la sobredosis de “realidad”.

¿Haber estado ahí cambió tu visión de los hechos?
Sí. Absolutamente. De eso va la película... no solo del conflicto, sino de los que nos creemos bien pensantes, del progresismo cuando está expuesto a los disparos.

¿Te siguen preguntando si sos pro Israel o por Palestina?
Y, a todos nos quieren meter ahí. Cuando lo hegemónico es esa polarización, exige una definición. Por eso la tenemos tan jodida los que queremos plantear un eje distinto. Porque hay tantas muertes, tanta injusticia y tanta desconfianza encima, que cuesta correrse de ese eje.

No sé si hay relación directa, pero quiero compartir una frase del libro del desasosiego, de Pessoa (como Bernardo Soares):

"En el /fondo/, lo que sucede es que hago de los otros mi sueño, doblándome sus opiniones para, expandiéndolas por medio de mi raciocinio y mi intuición, volverlas mías y (yo, no teniendo opinión, puedo tener las de ellos lo mismo que cualesquiera otras) para doblarías a mi gusto y hacer de sus opiniones cosas emparentadas con mis sueños".

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