Juan Pablo Russo
16/08/2015 16:50

Reconocido cortometrajista (Amor crudo, 2008, participó en Sundance) y a punto de comenzar el rodaje de su ópera prima  Mi mejor amigo), Martín Deus incursiona en el teatro con Los Enanos (La Tertulia - Gallo 826 - CABA), una singular relectura del clásico Blancanieves de los hermanos Grimm que protagonizan  Javier De Pietro, Julián Infantino, Matías Dinardo, Felipe Villanueva, Guido Gastaldi, Bruno Giganti y Eliana Murgia. "Creo que Blancanieves es, como muchos cuentos de nuestra infancia, una especie de mito, que funciona en nuestra cultura como lo hacían los mitos griegos en la antigüedad", dice en una charla con EscribiendoCine.

Mi mejor amigo

(2018)

Vos estás más vinculado al cine que al teatro ¿Qué te llevó a incursionar en él?
Siempre me dediqué al cine, pero la realidad es que casi toda mi vida estudié actuación y eso inevitablemente me conectó con el mundo del teatro, me hizo tener montones de amigos actores a los que fui a ver actuar o dirigir. Quizás en un principio pensaba en todo esto como un medio y no un fin en sí mismo, como un aprendizaje para dirigir actores en cine. Pero en los últimos tiempos sentí la necesidad de expandirme hacia otras formas de expresión y de tomar riesgos y meterme de cabeza en el teatro y sus cuestiones. En el fondo, creo que hacer teatro es un acto de honestidad para con ese ámbito que siempre me abrió las puertas pero al que yo entraba como espectador o como alumno pero sin hacerme cargo, con la tranquilidad de que en el fondo no era lo mío. Hacer Los Enanos fue animarme a ver de qué se trataba realmente esto del teatro.

La puesta tiene mucho movimiento y una naturalidad que trasciende lo teatral, ¿la pensaste como algo más cinematográfico?
Creo que tiene más que ver con el tipo de teatro que me gusta y no tanto con el cine. Yo tuve una experiencia que me marcó profundamente, como a los veintiuno. Fui a ver Gore de Javier Daulte y salí shockeado. Asustado, te diría. Y con una enorme contradicción interna, porque por un lado, entendía que todo lo que acababa de ver era muy fantasioso, muy imposible (se trata de una obra de ciencia ficción, descabellada, con extraterrestres y todo), pero a la vez tenía la paradójica certeza de que lo que acababa de ver había sido real y había pasado a dos metros de donde yo estaba y sin ningún filtro o intermediación. Lo pienso ahora y creo que fui manipulado por un texto magistral y por unas actuaciones tremendamente naturales, pero que no hubo engaño: todo era teatro, el lugar era un galpón con una mesa y unas sillas y los extraterrestres eran pibes de veinte años que ni siquiera hablaban raro. Era algo que no tenía absolutamente nada que ver con la idea del teatro que yo tenía hasta ese momento. No es que tuviera una gran cultura teatral, pero para mí el teatro eran tipos disfrazados, haciendo personajes exagerados, gesticulando, moviéndose coreográficamente. Era todo representación, este marco “simula” una ventana, estos dos que se agarran de la mano “quiere decir” que están enamorados. Gore me enseñó que el teatro podía sambullirte en su mundo, que podía ser una experiencia seria sin hablar de cosas serias.

Yo no sé si Gore es cinematográfica. Tampoco creo que Los Enanos lo sea. Las actuaciones naturales o la puesta en escena desprolija son un truco para lograr determinado efecto. La prueba está en que filmar Los Enanos tal y como está escrita, en una cabaña en el bosque y con luces, vestuario y utilería realistas, no daría como resultado una película. El cine necesita mucho más que naturalidad para ser cine. Igual es cierto que depende mucho de la realidad que nos rodea, como referente, como explicación. El teatro es más autosuficiente, crea su mundo y las leyes que lo rigen. En el teatro, si fulano se desmaya cada vez que lo tocan, ya sabés que es así y punto. Y cuando venga alguien a querer darle la mano para saludarlo, vas a estar pensando “¡uh, se va a desmayar!”.

¿Qué te planteaste en esta relectura del cuento de Blancanieves?
Creo que Blancanieves es, como muchos cuentos de nuestra infancia, una especie de mito, que funciona en nuestra cultura como lo hacían los mitos griegos en la antigüedad. Nos enseña sobre el bien y el mal, sobre la relación simétrica (bastante arbitraria, por cierto) entre la belleza y el bien y la fealdad y el mal. Y construye una verdad de cuento que es que la gente bella y buena debe ser generosa entre sí y porque sí. No es que yo me proponga derribar estos conceptos y hacer una versión polémica de la historia, sino simplemente mirarlos desde la perspectiva de los enanos, de esos personajes secundarios que no son de la realeza, que no forman parte de la línea principal del argumento, y que les toca mirar todo medio de afuera. Pero a los que seguramente les pasan cosas. En sus vidas, o con ella, o entre ellos. Hacer de los pies forzados del cuento un procedimiento teatral.

¿Sentís que por ahí está más cercana de lo real del cuento que de la interpretación que se le da?
La obra pretende hacer real esa parte del cuento, darle dimensión, hacerlo teatralmente posible. Real no en el sentido de que se parezca o se ajuste a nuestra realidad, sino que tenga su misma complejidad y su misma capacidad de persuadirnos de que es real. Algo, por cierto, absolutamente innecesario ya que hace más de cien años que aceptamos sin ningún reparo la parte del cuento en que Blancanieves se va a vivir con los enanos. Con esto quiero decir que mi versión no es necesaria, no pone en duda la eficiencia de la historia original ni se propone rectificarla, sino simplemente sacarle el jugo. Creo que los hermanos Grimm dejaron ahí un diamante en bruto, que por una cuestión de economía narrativa, tuvieron que limitarse enumerar una serie de hechos: hay unos enanos que viven en el bosque y que le dan asilo a Blancanieves por la sencilla razón de que se compadecen de ella. Pero que ese solo gesto y la posterior convivencia daban para escribir mucho más.

Es muy acertado el casting y como están distribuidos los personajes, ¿cómo elegiste a cada uno de los actores?
Los actores son todos amigos míos con los que trabajé alguna vez en alguna filmación o fueron alumnos míos, o si no amigos de estos amigos. Esto significa que, a diferencia del cine, donde generalmente busco al actor que más se parezca al personaje que tengo en mente, acá el punto de partida fue el actor, la persona, y no el personaje. No hubo casting, hubo una invitación a cierta gente talentosa a hacer algo juntos. Y en ese sentido, me atrevería a decir que, aunque yo fui el de la idea, ellos me eligieron también a mi. Creo que es un proyecto atravesado por el cariño que conlleva la amistad y que algo de eso está presente aunque de forma indescifrable en el resultado final.

¿Por qué seis enanos y no siete?
iban a ser muchos actores. O ahora no recuerdo si no hubo un actor que se bajó al principio y ahí nos quedamos. Dicen que Shakespeare escribía muchas de sus escenas en función de los decorados o vestuarios que ya tenía en su teatro. Creo que el teatro tiene algo de eso, de pragmatismo constitutivo. Por eso muchos autores empiezan los ensayos antes de terminar de escribir la obra. A mí tener seis enanos me dio la oportunidad de inventar la historia de por qué el séptimo ya no está y qué le pasa al resto con esta ausencia.

El año pasado presentaste un WIP en el Asterisco de un nuevo proyecto, ¿sigue en pie?
Sigue en pie y ha tenido un fuerte avance este último mes. Entró un coproductor con antecedentes y estamos preclasificando para primera vía en el INCAA. Si todo va bien, entre fines de este año y comienzos del que viene se estaría filmando Mi mejor amigo.

Foto: Ignacio Miyashiro

Teatro La Tertulia, lunes 21 hs. – Gallo 826, Abasto.

Reservas: 4865-0303 y por Alternativa Teatral

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