Juan Pablo Russo
10/08/2015 14:28

Todos los jueves de agosto a las 21 se proyecta en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543 - CABA) Aventurera, ópera prima del argentino afincado en París Leonardo D´Antoni, premio DAC al mejor director en el 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, protagonizada por Mélanie Delloye (hija de la colombiana Ingrid Betancourt) en el rol de Bea, una joven que actriz que encara un romance para escalar dentro del ambiente artístico. "En Aventurera encontramos un relato simple y conocido donde podíamos expresar lo que sentimos durante esos bellísimos, peligrosos y rigurosos años de formación"., dice en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Aventurera

(2014)

¿Qué fue lo que disparó Aventurera?
La idea de Aventurera nació en Nueva York, donde Mélanie Delloye (mi esposa y coguionista de Aventurera) y yo completamos la maestría en cine. Habíamos colaborado en un par de cortometrajes, yo como director y ella como actriz. Pero esta vez buscábamos el desafío de un largometraje y un material más complejo. También quería volver a filmar en Argentina, así que las ideas del guión se fueron adaptando a nuestros recursos siempre con un rol principal para Melanie. La historia de una joven artista lejos de su hogar y siguiendo sus sueños nos interesó naturalmente porque los dos vivíamos ese cliché en Nueva York. Yo me mudé a Nueva York para reinventarme, escaparme de mil cosas, y con ganas, quizás egoístas, de preocuparme sólo por mí y mis ambiciones. Fue un salto de fe, una apuesta por el cine. En la ciudad me pude concentrar en mi arte a costa del alejamiento de mis amigos y familia. En Aventurera encontramos un relato simple y conocido donde podíamos expresar lo que sentimos durante esos bellísimos, peligrosos y rigurosos años de formación.

Es una película indie en todo sentido ¿Cómo fue el proceso de producción y con qué recursos contaron para llevarla adelante?
¡Se puede inferir al leer los créditos! (risas) Cada persona, desde los técnicos a los actores, tuvo que cumplir más que un rol. Mi primo Sebastián Arzeno por ejemplo actúo, y a mi gusto magistralmente, y lo hizo mientras se ocupaba de un millón de otras cosas como productor. Creo que en varios días del rodaje Seba se ocupó de cargar y descargar el equipo, de los actores, memorizar sus líneas, actuar, alquilar equipo, ayudar con la puesta de luz, operar la cámara y lidiar con la organización del próximo día de rodaje. Tengo grabada una imagen de su "Camión de Grip", un VW Golf del 98' lleno hasta el techo de equipo de cámara, luz, comida, vestuario y otras cosas. Una mañana sacó del Golf una ciudad entera, parecía una novela de Gabriel García Márquez, y al final salió el actor estrella de nuestra peli, César Bordón, con una sonrisa y listo para laburar. Fue ese tipo de apoyo de todos, desde los técnicos a los actores, desde las casas de alquiler como AJAF Cine, a los amigos y familia que nos apoyaron. Clara Althabe que hizo el vestuario llegó al rodaje un día con el auto lleno de ropa suya o prestada porque teníamos un día complicado y como necesitaba más ayuda trajo a su madre. Eso es amor. O también las escenas de la telenovela donde el equipo técnico de la novela era el equipo técnico (yo incluido). Me acuerdo también con mucho amor de las escenas que filmamos en la casa de mis abuelas, que no solamente se devoraron las escenas sino que también cocinaron para todo el equipo técnico, y no cualquier cosa, porque esas dos actrices de primera clase también cocinan como diosas. Podría seguir con anécdotas toda la noche...

¿Esa independencia les dio mayor libertad creativa?
Melanie y yo sabíamos que con tan pocos recursos, si algo se caía, una locación o un actor, teníamos que poder seguir filmando, entonces escribíamos el guion para poder adaptarnos a cualquier cosa. Si algo no salía como se había planificado, siempre seguíamos adelante. Entramos en un trance donde tanto los actores como yo teníamos el coraje de probar cualquier cosa, porque si no funcionaba no era el fin del mundo. Fue mucha libertad, que tiene sus buenas y sus malas, y hay que poder manejarla. Un guión concreto es un respaldo sin el cual tu energía se pierde en la búsqueda de conexiones narrativas. Pero decidí concentrarme en la actuación y en la búsqueda de algo real entre los actores, confiando (y acá respiro profundamente con muchos nervios restantes) que la narración se encontraría después.

Pasa algo raro con la película que uno se termina encariñando con el personaje pese a no tener escrúpulos, ¿cómo trabajaron esta dicotomía desde lo narrativo?
No es nada raro, es la actriz. No me parece muy difícil encariñarme de ella pero bueno, no soy muy objetivo en el tema. Melanie es naturalmente hipnotizante y le donó eso a Beatriz; una mezcla de dulzura, convicción y fuerza y un misterio que atrae, y como al pobre Santi, enloquece. Creo que las escenas con Nelly son las que nos ganan. Su paciencia, su amor, su respeto, y las risas que se provocan las tres juntas nos dan una visión de Bea preciosa. El resto es una cuestión de balancear las escenas. Buscamos escribir todos los personajes de tal manera que se vea tanto lo bueno como lo malo. No hay antagonistas claros en esta película porque el antagonista más fuerte es ella misma y su lucha no es contra un mundo injusto sino que es una lucha introspectiva y espiritual. Ya es grande y toma sus propias decisiones. Al fin la responsabilidad de ser feliz le cae a uno mismo.

Me llama la atención la frescura de la puesta en escena ¿Qué consignas manejaste para lograrlo?
Otra vez, son los actores. En cada día de rodaje, sin importar que dificultad ni que imprevisto, pensé: las actuaciones primero, el resto después. Claro que visualmente trate de usar lo que ya existía en las locaciones para inspirar los movimientos de los actores y luego la cámara. Pero la frescura de una toma no viene de la luz ni la cámara ni los técnicos. En el cine somos todos técnicos, no hay más artistas que los actores. No sé si en Argentina se dice así pero en los Estados Unidos se refiere a los actores como "The Talent" (el talento). Siempre me pareció curioso esto, ¿no es que el director, y el cinematógrafo, y el guionista tienen que tener talento también? Si claro, ayuda, pero si un actor no es creíble, no hay cinematografía, no hay dirección, y no hay guión que salve una película. Es como Schumacher, subido a la mejor Ferrari, sin motor.

¿Puede ser que haya mucha improvisación?
Fue una mezcla. Muchas de las escenas tenían diálogos escritos cuando era importante y posible. Por ejemplo, me encanta la frescura de la escena con Lalo (César Bordón) cuando le explica a Bea como llegó a ser productor. Esta fue memorizada, ensayada y trabajada tradicionalmente. Pero en general improvisamos mucho y podemos decir que los actores han escrito Aventurera. Cuando Bea llora y dice "Sigo siendo yo" es algo que le salio natural a Melanie en ese momento. No lo escribimos y creo que no se podría haber dicho mejor ni haber hecho una mejor síntesis de su personaje. O las escenas con Nelly y Mabel, básicamente les decíamos algunas líneas que tenían que decir para mover la escena y después las largábamos. Lo que uno siempre busca es una actuación creíble. Melanie y Sebastián son geniales para la improvisación. La escena en el Parque Lezama es improvisada como la del pancho que se comen después. La improvisación es una herramienta muy útil cuando no hay recursos, pero tiene un doble filo. Puede llegar a crear emociones frescas y reales pero es más difícil profundizar el material. También podés tener un actor que puede improvisar y otro que se siente completamente frenado por tanta libertad. Al final, cuando una escena se ensaya más de una vez, deja de ser improvisada y los actores repiten lo que ya hicieron. Con o sin improvisación, siempre hay que luchar contra la tendencia de repetir mecánicamente nuestros roles ante la cámara y en la vida.

Vos no vivís acá, ¿por qué decidiste hacerla acá?
Porque extrañar el país donde naciste es algo natural. Claro que, como dice Fito Páez, "Nada te importa la ciudad si nadie espera." Aventurera fue una excusa para reencontrarme con mi familia. Poder finalmente colaborar con mi primo en Argentina fue un logro en mi vida. Volver para visitar es lindo; volver para colaborar en un proyecto es mejor. Trabajar en Argentina para mí es una cuestión de felicidad, es una cuestión de identidad.

¿Y la próxima es acá o allá?
En este punto de mi vida no sé si Argentina es "acá" o "allá" (risas), pero la próxima es en Argentina.

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