Rolando Gallego
21/06/2015 00:05

Con su segundo largometraje en soledad el realizador argentino Santiago Mitre (El estudiante, 2011) se afirma como uno de los directores más importantes del panorama actual. En La Patota (2015) y la historia de una joven que se enfrenta a una situación de violencia abre la polémica con un camino diferente al que se esperaba. Sobre este tema, su paso por el 68 Festival de Cannes y algunas problemáticas relacionadas al hacer cine en un modelo más industrial, EscribiendoCine pudo dialogar a pocas horas del esperado estreno del film.

La Patota

(2015)

¿En qué momento de la adaptación de la original de Daniel Tinayre te diste cuenta que tenías otra película para hacer?
Fue muy rápido. Creo que me di cuenta que podía trabajar algunas ideas que estaban en la original construyendo una especie de fábula política, que era lo que me interesaba hacer. En qué momento preciso no me acuerdo, pero fue antes de empezar a trabajar y a escribir el guión, cuando vi la película y la empecé a discutir con Mariano Llinás para detectar ideas para una potencial reescritura aparecieron las ideas que me entusiasmaron con el proyecto.

¿Cómo influyó en la película el lapso de tiempo entre la escritura y la realización?
Yo trabajo de una manera ortodoxa, con una primera escritura de guión, que es con el que se salió a buscar financiación y con esa primera escritura también salí a buscar a los actores. Hay muchos que ya sabía que iban a estar porque son amigos hace tiempo y nos caemos bien, como Esteban Lamothe, Laura López Moyano, Ezequiel Díaz, y en la primera escritura salió Dolores Fonzi porque reunía condiciones importantes para el personaje de Paulina. Me junté con ella, hicimos una lectura y nos dimos cuenta que era la actriz indicada para el personaje. Mientras, seguí escribiendo el guión, pero en realidad lo que fue más largo fue el proceso de financiación y producción, y también difícil.

¿Qué diferencias encontrás justamente sobre esto entre El estudiante y La Patota?
El estudiante tuvo un proceso de producción independiente o artesanal. Es una película hecha sin presupuesto, filmada por etapas, con amigos y con un equipo técnico trabajando por un salario simbólico que duró nueve meses, y fue en los ratos libres mientras hacíamos otras cosas para vivir. La Patota es un film de producción tradicional, con ocho semanas de rodaje de corrido, en Misiones, implicando una cantidad de dinero que no fue fácil de conseguir porque desde su guión la propuesta no es de comedia, es una película que no es fácil de digerir. Trabajamos mucho, se sumaron coproductores y gente que le gustó el proyecto. Creo que esto es lo que más retraso a la película, y en el medio yo seguía trabajando con el guión, en sus varias versiones. Mientras se buscaba la financiación, que yo sabía que se iba a demorar, seguía puliendo el guión.

Y cuando apareció la financiación, ¿sentiste más presión para rodar la película?
La presión está siempre, la presión de querer hacer una buena película, eso me generaba ansiedad, y además saber que estaba con algo fuerte y que lidiaba con muchas cosas difíciles de trabajar desde lo cinematográfico. La presión de manejar un presupuesto, grande, y si te pasas de horas extras es un problema, o si se cae una locación, eso suma un poco de tensión. Fue un rodaje difícil pero yo la pasé muy bien y todo el equipo estaba concentrado, principalmente los actores, mientras rodábamos ya nos debamos cuenta que se estaban luciendo, fue un momento muy alegre para mí la filmación de la película.

¿Decidiste dejar los cambios de punto de vista de la historia para respetar el original o porque los veías necesarios para tu versión de La Patota?
La original tiene cambios temporales trabajados de otra manera, nosotros lo que hicimos fue revisitar el hecho de violencia desde dos puntos de vista como para amplificar la mirada que tiene la película sobre el ataque de Paulina, y también sobre la justicia, que estaba en la estructura. El film trabaja el punto de vista como tema y principalmente algunas ideas de justicia, marginalidad, violencia de género, es una película que contiene el debate y el punto de vista que amplifica estas ideas. La película de Daniel Tinayre trabaja una idea de perdón y a nosotros nos importaba pero con un retrato de violencia que se va cargando cada vez más y a partir de ahí el rol de la justicia, qué se interpreta como justicia, todo muy apoyado en el personaje de Paulina y cómo ella maneja su situación, y nos gustaba eso tan singular que genera incomodidad.

¿Cómo trabajaron con Dolores Fonzi este punto?
Lo trabajamos como un proceso de ensayo y preparación de la película, que fue largo, algo de seis u ocho meses. Intercambiamos películas, textos, de todo. A Dolores le gustaba el desafío de interpretación del personaje y lo asumió con todos los problemas que tiene. En algún momento ella fue la que dijo que acompañaría al personaje, con algo de eso que tiene la actuación de ponerse en el lugar del otro, perder prejuicios, no juzgar. Ella siempre tuvo esa mirada de actuar y no juzgar, bastante sabia y reveladora para encarar este personaje.

¿Qué pensás de la polémica que se generó alrededor de la película?
Para mí está incluida en la película, en su premisa narrativa, y eso continúa en la sala. A mí me parece interesante que pase, no me sorprende.

¿Te entusiasman las buenas críticas que han recibido?
Es una propuesta complicada en muchos sentidos y tener buena recepción de los críticos y la prensa especializada es muy bueno.

¿Te interesa lo que dice la crítica? ¿Te suma a tus proyectos?
Es difícil evaluarlo, yo he tenido suerte que siempre han hablado bien de mis proyectos. Me importa pero no establezco un diálogo directo. Uno intenta relativizar todo.

Generalmente se dice que los premios son el último eslabón en la carrera de una película, pero en el caso de La Patota arrancaron al revés, ¿Cómo ves esto, arrancando con el pie derecho en Cannes?
Habíamos terminado la película poco tiempo antes y nos confirmaron que íbamos a Cannes y eso ya era una alegría enorme, porque hoy es tal vez el Festival más importante del mundo en cuanto a vidriera y mercado. La posibilidad de estrenar en Cannes un mes antes del estreno comercial en Argentina ya era una alegría enorme y era lo que siempre deseamos para la película. El primer paso fue ese, luego tener buenas críticas, que se valore el trabajo de Dolores, la tapa de Liberation, el primer sábado del Festival daba la sensación de que algo hicimos bien, estabamos contentos y nos volvimos porque la película se dio el primer día de la Semana de la Crítica, estuvimos cinco días en contacto con la prensa y el público y volvimos. El premio no se prevee y no podíamos especular con eso. Cuando llegamos y me avisaron lo que ganamos eso fue increíble. Porque ayuda a dar visibilidad al film acá y en el mundo. Ya se vendió a 10 o 12 territorios y eso fue muy rápido.

¿Cuáles son tus expectativas ante el estreno?
Para mí es el momento culminante, nos empezamos a despedir de ella, ya la hicimos, ya está, ella empieza su recorrido sola y tiene que comunicarse sola con el público, es una alegría pero también un momento particular de soltarla. La película costó mucho, hay responsabilidades económicas, y necesitamos espectadores para que se recupere la inversión. Ahí tengo cierta tensión, de esperar que lleve la cantidad de espectadores necesaria.

¿Considerando tus palabras sobre la magnitud de La Patota, vas a volver al cine más independiente?
No tengo una postura concreta en relación al modelo de producción en el que trabajaría. Me parece que cada película encuentra el suyo, el más cómodo para la realización. Me costaría volver a como hice en El estudiante, porque será complicado que alguien quiera volver a trabajar conmigo por un sueldo simbólico, sea dentro de la estructura independiente, estatal o privada. Por suerte a las películas que hice les va bien y espero poder conseguir financiación para la próxima.

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