Rolando Gallego
25/05/2015 13:09

En su debut en solitario con la ficción El incendio (2015) el realizador Juan Schnitman (El amor (Primera parte), 2005) propone un juego de voyeur en el que una pareja ve como el sueño de la casa propia se desvanece ante una crisis solapada entre ellos. Protagonizada por los ascendentes Pilar Gamboa y Juan Barberini se entregan a esta historia opresiva y claustrofóbica en la que nunca llega una tregua. "El trabajo es grupal y para mí es cuando mejor sale," dice el cineasta en diálogo con EscribiendoCine.

El incendio

(2015)

¿Cómo fue la primera experiencia de filmar en solitario?
Para mí fue muy similar, porque en algún sentido yo trabajo en grupo, por ejemplo no escribo mis películas, trabajo con un guionista y eso hace que haya una parte de grupo, en esta película además el trabajo con los actores fue muy consensuado y desde el primer momento hablé con ellos para que nos jugáramos y lo hicieron. El trabajo es grupal y para mí es cuando mejor sale.

¿Cómo fue el trabajo con los actores para lograr tal intensidad en la pantalla?
El trabajo con ellos no fue de ensayos, principalmente porque Juan Barberini estaba en México y vino para el rodaje, tuvimos sí charlas por Skype muy prolongadas, él es muy detallista y ha aportado mucho, por ejemplo la escena en la casa con el hermano la propuso él y además sumó a su propio hermano al proyecto, estuvo muy involucrado. Con Pilar Gamboa empezamos después, sobre todo ensayos y lecturas donde pasábamos el texto y adaptábamos el texto a algo más natural para que ellos se sintieran cómodos y creen muletillas de sus personajes principalmente para volver en las escenas más largas. Si bien hubo reescritura del guión en los ensayos, luego en rodaje fuimos a ese texto, no hubo muchas modificaciones, la película no fue improvisada, una vez que fue reescrito entre todos quedó así.

¿Les costaba entrar en personaje? ¿Cómo los ayudaste?
La primera estrategia que encontré fue la de habilitar un espacio más similar al teatro, desde la puesta en escena, armando planos de larga duración permitiéndoles entrar y que haya un arco dramático y al no cortarse el actor lo agradece mucho más, porque si bien hay plano y contraplano, es otra cosa. Durante las primeras cuatro horas de rodaje coreografiábamos las escenas y debíamos adaptar y modificar en el rodaje porque todo se ve ahí, era una especie de danza en la que además de los dos actores había otras cuatro personas atrás escondiéndose para que en los planos no se vean.

¿Por qué las casas de la película son tan importantes para ellos?
Yo quería marcar mucho esto de “pertenencia” a un barrio sin mencionarlo, para marcar también las diferencias sociales entre ellos dos, en donde el personaje de ella no tiene esto. Imaginábamos la casa en la que habitaban como algo que les habían prestado y al que no le pusieron amor, y encima en ese estado de mudanza todo era peor. Además la directora de arte hizo un trabajo minucioso con por ejemplo las paredes del lugar, las marcas de cosas (cuadros, adornos), el tema de los muebles, que denotan como que los fueron juntando. La otra casa, la de Marcelo (Barberini) está ambientada con un barroquismo extremo, es como su refugio y un lugar al que no puede volver, es algo que ya pasó y su hermano se quedó atascado ahí pero él no tiene que volver.

La relación entre Lucía, el personaje de Pilar y su jefe nunca se define, ¿por qué lo pensaste así?
La película le pone muchos problemas a sus personajes y que ellos mismos se generaron, más allá del primer plot point, todo lo demás es culpa de ellos, ella tiene una relación que no es muy clara con él, intentamos dejarla así sin definir pero la muestra a ella con medio pie afuera. Está muy confundida, es un personaje muy hostil, que le cuesta relacionarse con los demás, es muy dura y quizás el único momento de honestidad es uno en el que le habla a alguien que no conoce (un médico). Igual él también es un personaje muy inestable.

¿Cómo fue presentar la película en el Festival de Berlín?
La experiencia fue genial, la gente que lo organiza es muy humana y es un Festival de público, muy similar al BAFICI y se quedan todos al finalizar la proyección para la ronda de preguntas. Estaba nervioso, pero por suerte me acompañó mi familia y me quedé con ellos vacacionando. Hay algo que tengo que explicar en cualquier lugar en donde se presenta el filme es que nosotros compramos las casas así, en otra moneda, y por ahí las audiencias europeas creían que había algo de crimen o estafa, pero después se dan cuenta que no. Siempre lo tengo que aclarar.

¿Cuántas versiones hubo del film?
No muchas, sobre todo por sus planos largos, si viste la toma ya viste siete minutos del film, además el editor iba trabajando a la par, tuvimos una primera versión al terminar de rodar, y estábamos apurados para presentarla en un festival que al final no quedamos.

Sos de una camada de directores que está dando que hablar, ¿hay competencia entre ustedes?
No, es una alegría. Creo que estamos ocupando un lugar en el  que queríamos estar.

¿Qué esperas que pase con el público?
Las primeras funciones fueron un poco ficticias, con mucho equipo, que hace hinchada y es algo como asistir a una fiesta para la que uno no fue invitado, esto siempre pasa en las primeras funciones. Tengo mucha intriga de lo que pase con el público local, yo filmo para acá, lo que pase afuera está bueno, pero me interesa más lo de acá. Hoy también tengo la cabeza en el estreno comercial y tengo inquietud de qué pase ahí.

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