Ezequiel Obregón
21/04/2015 10:55

Isabelle Huppert (Villa Amalia, La religiosa), diva del cine francés de visita en Argentina como parte del 17 BAFICI, habló de su extensa carrera (¡alrededor de 120 películas!), su relación con los directores y la relación entre el cine y la literatura.

Villa Amalia

(2009)
6.0

Para cualquier cinéfilo, el nombre de Isabelle Huppert remite inexorablemente al cine de calidad; ha filmado con realizadores de la talla de Jean-Luc Godard, Claude Chabrol,Michael Haneke, Hong Sang-soo, Marco Bellocchio, Claire Denis, y tantísimos más. Huppert ha compuesto desde amas de casa hasta burguesas despiadadas, ha hecho policiales, comedias, musicales, films de suspenso… Pero, posiblemente, el drama autoral sea el sub-género que mejor le sienta. Este 17 BAFICI le dedicó una retrospectiva representativa compuesta por 12 films. Sentada en el centro de la sala El Aleph del Centro Cultural Recoleta, la diva de mirada fulminante respondió las preguntas de la prensa cinematográfica.

“Antes que nada, me gustan las películas bellas. Eso es lo principal. No tengo una preferencia especial por ningún tipo de cine, me gusta precisamente la fuerza vital y la diversidad que tiene el cine”, sostuvo al comienzo del encuentro. Fue inevitable que le preguntaran sobre dos de sus trabajos más celebrados, estrenados en Argentina. "Gracias por el chocolate (2000) y La profesora de piano (2001) son dos films que para mí representan un encuentro con los realizadores con los que trabajé en varias ocasiones, con Michael Haneke trabajé tres veces y Claude Chabrol seis. Me ha encantado trabajar con ellos. Gracias por el chocolate se inscribe en una continuidad de todos los trabajos que hice con Chabrol, y me acuerdo mucho más de la fuerza del tema que tiene la película que del papel. Es, para mí, una película que hablaba de la necesidad de manifestar nuestros fantasmas. En cuanto a La profesora de piano, ha sido un papel muy fuerte. Me parece que hay papeles que nos pueden dar mucho miedo, pero son los que más nos dejan.”

Sobre Haneke, elogió su persistencia: “Haneke inicialmente me propuso trabajar en Funny games, algo que no pude hacer en su momento, y luego vinieron una serie de propuestas que no llegaron a concretarse. Y como él es una persona muy obstinada, insistió hasta que finalmente llegó con el proyecto de La profesora de piano, que sí pudimos concretar”.

También hubo oportunidad para que se refiriera a un territorio bastante desconocido para el público argentino: su vínculo con el teatro. “Sé que esta es una ciudad muy apasionada por el teatro. Tengo una trayectoria en el teatro de la que estoy más orgullosa que la de cine. Tuve la posibilidad de encontrarme con grandes directores, como Bob Wilson y tantos otros, que hicieron de mi experiencia con el teatro algo excepcional”. Y agregó: “Me considero muy afortunada, porque apenas llegué fui al teatro Colón a ver un espectáculo. El placer que uno encuentra en el Colón está en el escenario, naturalmente, pero también en la sala”.

EscribiendoCine le preguntó sobre qué elementos considera a la hora de aceptar un guión. “En primer lugar, me preocupo por los realizadores, y claro que es distinto en el caso de las óperas primas. Hay muchos elementos que contribuyen a que tome esa decisión, no es algo tan claro y explicable. Muchas veces, lo que me pasa es que veo una frase, un disparador que me golpea, y decido filmar; otras veces filmo sin guión. Como en el caso del gran realizador coreano Hong Sang-soo. Él propone, como comienzo, una historia bastante vaga y luego nos entrega unas hojas con lo que vamos a hacer, todas las noches o, más bien, todas las mañanas. Hay muchas formas de trabajar en el cine.”

También consultamos la decisión que la llevó a exponer parte de su vida y obra en el film documental Isabelle Huppert, une vie pour joue, exhibido en la retrospectiva: “Fue Serge Toubiana, el director, el que me propuso hacer ese documental. Él es un amigo con el que tengo mucha confianza. Pasamos mucho tiempo juntos, y en determinado momento uno se olvida de la presencia de la cámara. Y cuando se es actriz y te hacen una entrevista, sentís que estás muy lejos de la realidad. Con esto quiero decir que con el documental uno puede acercar imágenes y descripciones de momentos que para el público y los periodistas son un tanto lejanos, pero justamente el documental los puede acercar. Muchas veces, la gente piensa que ser actor es algo muy activo en cuanto a la preparación de un personaje. Pero en realidad es un momento muy pasivo, es como un vacío que vamos llenando. No es como la preparación de un bailarín o un cantante; es un momento más íntimo”.

La actriz también tuvo un momento de reflexión sobre el vínculo entre el cine y la literatura, a partir de Madame Bovary, film que transpuso Claude Chabrol. Madame Bovary es un ejemplo muy claro de cómo se pueden encontrar el cine y la literatura. Es un personaje realmente muy cinematográfico. Flaubert no propone una imagen precisa, sino una imagen totalmente abierta. Y desde que existe el cine, hay nueve o diez films sobre la novela. Para mí, Madame Bovary es más un concepto más que un personaje, por eso es algo un difícil de encuadrar. Ella tenía cabello castaño, había que trabajar para eso, pero si leemos el libro con atención en ningún momento dice que su cabello era de ese color. En relación a otras figuras de la literatura, es un personaje que puede diluirse completamente en el imaginario colectivo”.

Por último, se refirió al cine argentino: “Conozco algunos grandes realizadores, como Pablo Trapero, Lisandro Alonso y Damián Szifrón que han tenido mucho éxito en Francia. Me gusta filmar mucho fuera de mi país, estoy muy abierta a esas experiencias”.

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