Juan Pablo Russo
11/04/2015 13:10

Marcelo Mitnik es argentino y está radicado en Los Ángeles donde desde hace nueve años trabaja como guionista, pero en el 17 BAFICI estrenará en el país En las nubes (2015), cortometraje que dirigió y que cuenta en su elenco con actores de la talla de Jeremy Glazer, Martín Piroyansky, Valeria Blanc, Alan Sabbagh, Javier Drolas, Veronica Hassan y Iair Said. ""Si uno se vuelve tan cínico como para decidir qué tipo de película hacer en función de generar reconocimiento, probablemente el resultado termine siendo a lo sumo mediocre", dice en una charla con EscribiendoCine.

En las nubes

(2015)

En las nubes es una comedia romántica que recupera el clásico encanto de las historias de amor, de encuentros y desencuentros, que llegan a las audiencias de todo el mundo para enamorar más allá de los idiomas y las culturas. La película explora la complicada –y a menudo cómica– zona que existe entre cómo pensamos que debería funcionar una historia de amor y cómo funciona en los hechos.

Contános como surge En las nubes.
No es fácil responder esta pregunta sin revelar la sorpresa más linda de la peli, pero digamos que la idea se me ocurrió cuando presencié cierto evento durante un viaje (¡perdón por hacerme el misterioso). Al margen de eso, los personajes tipo “pez fuera del agua” y los choques de culturas son temas que siempre me interesan explorar. En particular, siempre me llamó mucho la atención las maneras en que diferentes culturas entienden el tema del amor, las relaciones interpersonales, o rituales como este de las propuestas matrimoniales y el matrimonio en sí mismo. Otra de las cosas de las que me interesaba hablar era aquello de “qué es lo que uno espera de la vida y lo que la vida te presenta en su lugar” y los pasos hasta llegar, o no, a donde queríamos. Todas estas nociones son parte fundamental del hilado de la historia.

La película habla en un punto de la diferencia de costumbres entre latinos y sajones pero esa hipótesis se rompe al final. Viviendo en Los Ángeles, ¿notás que esas diferencias son más prejuicios que otra cosa?
En realidad no sé si la hipótesis se rompe el final. Simplemente creo que las generalizaciones son siempre imperfectas y por cada regla hay muchas excepciones. O en términos más románticos: para cada loco que anda suelto dando vueltas existe otro loco que encaja perfectamente, como dos piezas de un rompecabezas. Hay una línea en el musical El hombre de la Mancha que dice que “a cada uno, su Dulcinea”. Si bien yo no creo que haya una sola persona que encaje con uno, esa línea expresa temáticamente una de las cosas que se plantean en la película.

Respecto a si el vivir en el extranjero desnuda los prejuicios, la respuesta es sí y no. Por un lado, es de Perogrullo decir que son más las cosas que tenemos en común que las que nos diferencian, pero en realidad es así. Aunque muy obvia, esa frase no deja de ser verdad. Pero también es cierto que hay diferencias culturales importantes que se traducen en malentendidos y que son innegables. Y está bueno poder apreciar las diferencias, que son las que hacen que la vida sea mucho más rica.

La película trabaja la comedia romántica, un género al que muchas veces los cortometrajistas le escapan ya que muchas veces los festivales lo dejan afuera de la selección y el palmarés porque prefieren mayor riesgo. ¿Por qué elegiste este género?
Para mí el género es casi siempre un subproducto de la historia que uno quiere contar. Y la historia que quería contar tenía que ser tratada como "dramedia" o comedia dramática, uno de mi géneros preferidos. Creo que el género tiene elementos que le son únicos y que le permite establecer una relación maravillosa con el espectador, principalmente porque es el género que más se siente como la vida misma. Salvo en casos extremos, nuestras vidas no suelen ser cien por ciento comedia ni cien por ciento tragedia, sino una mezcla de ambas cosas, por lo cual un género que refleje esto tiene mucho potencial de identificación.

Lamentablemente, y tal como decís, la comedia y la dramedia son géneros increíblemente subestimados. Y digo increíblemente, porque son de los géneros más difíciles de escribir, mucho más aún que el drama. En un drama la expectativa es que la historia tenga una estructura narrativa sólida, personajes creíbles y tridimensionales, conflictos que mantengan la atención permanente del espectador, diálogos ricos, etc. Con las comedias uno tiene que hacer todo eso... ¡y además hace reír! Por eso es que es un género tan difícil de escribir. De hecho, una de las razones por las cuales se lo subestima es que la gran mayoría de las comedias dramáticas hoy en día carecen de muchos de estos elementos (para no decir que son mediocres), y todas las pelis del género terminan cayendo en la volteada. Esto sucede incluso en países que son grandes creadores de dramedias, como Francia e Inglaterra o incluso Estados Unidos (donde es uno de los géneros predilectos), y en donde este tipo de películas quedan fuera de selección en festivales u olvidadas a la hora de premios.

Esto era algo que sabíamos a la hora de plantearnos el corto. Cuando uno ha pasado mucho tiempo en festivales, etc., sabe qué tipo de géneros funcionan para jurados y comités de selección, y las comedias no suelen ser uno de ellos. Pero si uno se vuelve tan cínico como para decidir qué tipo de película hacer en función de generar reconocimiento, probablemente el resultado termine siendo a lo sumo mediocre. Nosotros sabíamos que el corto podría ser complicado a la hora de ser programado en festivales por el tema del género y por su duración (21 minutos), pero esta era la historia que quería contar y este era el tono en que la historia tenía que ser contada. Y, al final, con sus desafíos y todo, el corto nos sorprendió por la recorrida increíble que está haciendo por festivales (ya ha sido seleccionado para 19 festivales internacionales, incluyendo 6 que califican para los premios Oscar, los 2 festivales más grande de Latinoamérica -Guadalajara y BAFICI-, los 2 festivales latinos más grandes de los Estados Unidos, el festival más grande de la región del Báltico, etc.), y lleva ganado 7 premios y 3 nominaciones. Y recién vamos por la mitad del recorrido, ¡así que estamos realmente felices!

Hay un nivel de producción en tu corto que rara vez se ve. ¿Cómo hiciste para conseguir desde grandes actores, un nivel técnico de primera y hasta un drone?
El corto fue absolutamente auto-gestionado y autofinanciado. O sea: hicimos la locura de invertir nuestros ahorros para poder hacerlo (¡algo que no aconsejo para nada y que siempre dije que jamás haría!). Y no fue un corto barato, dado que se hizo como se hacen los cortos en Europa o en EEUU (filmados casi como largometrajes, con equipos y elencos profesionales, pagándole a todo el mundo, etc). Fue una apuesta muy grande, como cualquier otra a la hora de poner tu propia plata. Hay gente que pone un kiosco, compra un taxi, o abre un restaurant. Nuestro kiosco es este corto. Desde ya que la apuesta fue fuerte y riesgosa, pero creíamos en la historia y, personalmente, sabía que, después de haber trabajado tantos años exclusivamente como guionista, necesitaba tener una tarjeta de presentación como director.

Respecto a cómo conseguimos este elenco y equipo increíbles, la forma en que nosotros les explicamos lo que queríamos hacer fue diciéndoles que el objetivo era "hacer un largometraje… de 21 minutos". Al principio varios nos miraban con algo de incredulidad, pero tuvimos la enorme fortuna de encontrarnos con gente que se copó con el proyecto, que creyó en lo que queríamos hacer y que, en algunos casos con un poquito de trabajo de persuasión de nuestro lado, se tiró a la pileta con nosotros.

Igual no fue nada fácil: el proyecto, que tardó dos años y medio en poder hacerse, tuvo muchísimos desafíos y no habría existido de no ser por la confianza de gente increíble, como Pola Zito, que nos dio una mano gigante y quien, como suele suceder en estos casos, puso en juego su nombre para apoyar el proyecto. Siempre todo comienza con una persona. Pola salvó el corto en un momento en que parecía que no iba a poder ser realizado y generó una estructura que lo hiciera posible. Federico Posternak (co-productor y Jefe de Producción) tuvo la difícil tarea de llevar esa estructura a la práctica, aplicando toda su creatividad y energía para que el proyecto pudiera ser realizado. Y el apoyo de Alex Zito y su compañía, sin quien nada de esto habría sido posible, fue fundamental. Como siempre sucede en el cine, la producción de una peli es un trabajo 100% de equipo.

Respecto al casting (con Javier Braier, Iair Said, y Katia Szechtman a la cabeza), también todo comenzó con el primer sí, en este caso del genio de Martín Piroyansky. Desde el primer momento en que escribí el guión yo sabía que Piro era el actor que quería para el personaje de Franco. Martín (uno de los grandes talentos en Argentina y una de las pocas personas que además de ser maravilloso como actor, también lo es como escritor y director) había dirigido cortometrajes, cosa que creo que ayudó a que entendiera lo que estábamos tratando de hacer. Martín fue muy generoso y accedió a participar en forma bastante rápida, a pesar de que es alguien que no para de trabajar ni un minuto. Eso fue una gran pegada, la verdad, no sólo porque él era el actor ideal para ese personaje, si no también porque el rol requería de alguien que pudiera actuar con total naturalidad en inglés (este es el primer personaje que Martín hace completamente en otro idioma, y está tan espectacular como siempre).

Además de Martín, los otros actores que yo sabía de movida que quería para el corto eran Javier Drolas y Alan Sabbagh, cuyo trabajo, que conocía muy bien, me encantaba. Pero para el resto del elenco hicimos casting, que terminó llevando casi un año! Para el personaje de Mariela vimos en casting o charlamos del rol con más de 60 actrices. Terminamos viendo a casi todas las actrices bilingües de la edad del personaje en Argentina (el personaje tiene una de las escenas más importantes de la peli en inglés). Varias de las actrices que hicieron casting fueron absolutamente increíbles (y no veo la hora de trabajar con ellas), pero lamentablemente no resultaban una buena combinación con el actor, que ya estaba seleccionado. El proceso fue algo estresante, porque los meses iban pasando y no encontrábamos a la persona justa. Pero este es uno de esos casos donde el que pestañea pierde y hay que tener la suficiente sangre fría como para seguir buscando y no desesperarse. Valeria Blanc vino literalmente en el que iba a ser el último casting. ¡Y tuvo que hacerlo con una cámara que se rompió a los pocos segundos de comenzar su audición! Cuando me llegó el vídeo (oscuro por el problema de cámara y algo fuera de foco por lo mismo) inmediatamente vimos que había algo muy especial en ella e hicimos un call back. A partir de ahí no quedó duda alguna de que era la persona perfecta para el rol.

Los demás personajes surgieron de una combinación de castings y actores elegidos a partir de conocer sus trabajos. Tuvimos mucha, mucha suerte, porque el elenco que se armó fue espectacular, y es una de las razones por las que el corto ha funcionado tan bien en tantos festivales. Los actores nos regalaron actuaciones maravillosas, ya sea como co-protagonistas, o estando en una sola escena de la peli. Eso que decía Stanislavski de que “no hay papeles pequeños, sólo actores pequeños” es algo en lo que creo 100% y claramente es algo en lo que cree todo el elenco del corto!

¿Y lo técnico?
Con respecto al nivel técnico, para mí era muy importante tener un equipo de primera. Sol Lopatín (una Directora de Fotografía a quien admiro mucho) era alguien con quien yo tenía muchas ganas de trabajar en el corto y, por suerte, se entusiasmó con el proyecto al toque y pegamos muchísima onda. Como decía antes, lo importante es que la primera persona diga que sí; el resto es casi un efecto dominó. Los demás miembros del equipo se fueron sumando a partir de allí: Sol recomendó a Marina di Paola para el Diseño de Arte, Marina recomendó a Roberta Pesci para diseñar el vestuario, etc. Tuvimos una suerte grande como una casa de que todos los miembros del equipo que soñábamos de tener en cada área dijeran que sí, incluyendo a la gran animadora belga Monica Gallab (que en ese momento vivía en Buenos Aires) y los capos compositores Nicolás Barry y Tomas Jacobi (argentinos que viven en Los Angeles). La suerte continuó con un equipo de post espectacular. ¡La verdad es que tuvimos mucha suerte en ese sentido!

Entre los actores contás con Jeremy Glazer ¿cómo llegaste a él?
El personaje de Oliver también nos llevo muchos meses. La búsqueda, tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, estuvo a cargo de una Directora de Casting muy conocida en Estados Unidos, quien se copó con la historia y nos hizo el favor de hacer este casting por dos mangos. Vimos un montón de actores en muchas audiciones, pero ninguno me convencía (incluyendo algunas caras bastante conocidas, tanto en televisión como en cine de EEUU). Encontrar el actor ideal para Oliver fue un desafío tan grande como el de encontrar a Mariela, y la forma en la que llegamos a él fue medio insólita y muy típica de Hollywood: un día, con el cuello a la miseria de tantas horas en la compu, terminé en una sesión de fisioterapia con un fisioterapeuta que (como es de esperar en Los Angeles), también es actor. Y charlando medio casualmente le comenté lo difícil que nos había sido encontrar al actor justo para Oliver. Cuando describí el perfil de quien estaba buscando, el me dijo que había trabajado hacía muchos años con un actor que en su momento estaba comenzando su carrera y que era muy bueno, y quien podía ser ideal para lo que buscábamos. Así que me fui al toque al video club y saqué varias de las películas en las que participó (como Cartas de Iwo Jima de Clint Eastwood), y me pareció que podía andar muy bien para el personaje. Al día siguiente mi directora de casting se comunicó con su agente y lo invitó a hacer un casting. Si bien hay muchos actores que a ese nivel no estarían dispuestos a hacer casting, Jeremy leyó el guión y le gustó mucho, por lo cual accedió a hacerlo. Y, como nos sucedió con Valeria, apenas lo vimos en el casting supimos que habíamos encontrado a Oliver.

¿Cuál es la carrera que seguirá haciendo En las nubes?
¡Ojalá que mucha! Por ahora está haciendo el circuito de festivales. Para un cortometraje esto es de lo más importante por dos razones: por un lado porque, más allá de ser una tarjeta de presentación, una peli se hace para que lo vea la mayor gente posible. Por otro lado, porque el circuito de festivales (particularmente ciertos festivales que son prestigiosos en el mundo del corto internacional) es fundamental a la hora de conseguir buena distribución.

De todo lo que ha venido sucediendo con el corto, para mí lo más lindo es ser parte del BAFICI, no sólo por ser el festival de cine más importante de Latinoamérica, sino también porque este es nuestro estreno en Argentina, algo con lo que vengo soñando desde el día en que escribí En las nubes. Estoy muy feliz de que finalmente podamos compartirlo con el equipo y el elenco, los amigos, nuestras familias, y el público nuestro. No hay nada que se compare a eso (algo que, por ahí, le resulta más fácil de entender a alguien que ha vivido muchos años afuera).

Una vez que termine el recorrido de festivales, el corto será distribuido en todo el mundo (casualmente estamos cerrando un contrato con un distribuidor en Europa en este momento). Obviamente que uno prácticamente no ve un mango cuando distribuye un cortometraje. A lo sumo se pueden cubrir los gastos mismos que genera la distribución y la recorrida por festivales y quizás recuperar un poco (realmente casi nada) de lo invertido. Pero distribuir el cortometraje es lo más importante que uno puede hacer. Los planes del distribuidor son distribuirlo en los medios habituales: televisión (en Europa, algunos países de Asia, y ahora en Estados Unidos, los cortos se muestran habitualmente en televisión y, de hecho, hay incluso canales exclusivos de cortometrajes), VOD, iTunes, Netflix, cines en países como Japón, aviones, etc. Respecto a lo de los aviones, apenas tuvimos nuestra premiere en el Palm Springs International ShortFest (uno de los dos festivales más grandes del mundo para cortos, y el mas grande de EEUU) nos contactaron dos compañías de aviación internacionales muy grandes para tener En las nubes en sus canales de cortometrajes, lo cual está buenísimo. Si bien en términos de dinero lo que se gana es poco, la cantidad de público que los ve es enorme (¡y es la audiencia más cautiva que uno puede llegar a tener!). Además, con el nombre del corto, no hay lugar más ideal para que se lo vea que en aviones!

¿Y vos como realizador por qué vas apostar ahora?
Yo sigo trabajando como guionista en Los Ángeles (es de lo que vivo desde hace 9 años), pero mi próximo paso es dirigir un largometraje en Argentina. En este caso será completamente en español… y no es una comedia. Es un drama/thriller que me tiene muy, muy entusiasmado. El guión es realmente excelente y el proyecto tiene el potencial que tienen los dramas de explorar la historia más visualmente, algo en lo que uno está más limitado cuando hace una comedia romántica. En una comedia el trabajo más importante del director es salirse del medio y no interferir con las actuaciones y los diálogos; el trabajo de cámara debe acompañar de la manera menos obstructiva posible. En un drama uno puede volar mucho más visualmente y explorar de esa manera muchos de los temas de la película. ¡Y probablemente entrar a más festivales!


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